
CD 6
Bach et son temps
Johann Sebastian Bach (1685-1750):
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LE PETIT COMITÉ ENSEMBLE
Noches en los Jardines del Real Alcázar. Componentes: Leonardo Rodríguez Rossi y Bruno Axel, violines; Guillermo Martín, violonchelo; Alejandro Casal, clave. Programa: Obras de Haendel, Corelli, Telemann y Vivaldi. Fecha: Jueves, 3 de septiembre. Lugar: Jardines del Alcázar. Aforo: Casi lleno.
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TRÍOS PARA CUATRO
En torno a la figura de Haendel y a la sonata en trío, uno de los géneros por excelencia del universo barroco, se presentó un conjunto formado por tres bien conocidos intérpretes sevillanos de música antigua (habituales de la Orquesta Barroca de Sevilla) a los que se ha unido el granadino Bruno Axel, presente ya en el ciclo en un recital en trío con música de Haydn, Turina y Piazzolla.
Más tríos en este caso, pese al número de los solistas, pues conviene recordar que los géneros camerísticos se designan por el número de partes musicales y no por el de intérpretes. En este caso, fueron dos violines y bajo continuo (aquí, un clave y un cello, una de sus formaciones más recurrentes), que constituyeron una de las asociaciones instrumentales más empleadas por los compositores de la primera mitad del siglo XVIII. El éxito de esta textura musical se debió sin duda a que las dos voces superiores permitían el uso frecuente de la imitación, mientras que el sostén del continuo facilitaba el empleo de ostinatos sobre los que los solistas podían hacer variaciones y con frecuencia improvisaciones.
Formación de circunstancias, Le Petit Comité Ensemble se beneficia de la maestría de Leonardo Rodríguez Rossi, un violinista argentino asentado en Sevilla desde hace más de una década y que demuestra con el violín barroco un sonido finísimo, una musicalidad natural, un sentido interior del tempo y el ritmo musicales y un gusto en la ornamentación que deslumbran y prácticamente no tiene parangón en la ciudad. A su lado, Bruno Axel, de sonido más áspero, mostró que en el mundo del Barroco aún tiene un importante margen de mejora, sobre todo en los pasajes de mayor agilidad, en el empleo del vibrato como recurso meramente ornamental y, en general, en la realización de los adornos.
Si Corelli resultó algo apelmazado y poco suelto, el grupo hizo un Haendel magnífico, limpio, clarísimo y con una contrastada paleta de colores, dinámicas y tempi. Un desperdicio el Vivaldi final, donde hubo más problemas de coordinación y desajustes; si además hay que cortar la Follia en tres partes para pasar páginas y coger las partituras con pinzas, mejor habría sido obviarla.
[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 5 de septiembre de 2009]


Es posible que Haendel conociera al poeta Bartold Heinrich Brockes, cinco años mayor que él, en la Universidad de Halle, donde Brockes, nacido en Hamburgo, estudió jurisprudencia, o que el encuentro entre los dos jóvenes se produjera en la misma Hamburgo, adonde Haendel, nacido en Halle, se desplazó con apenas 18 años para trabajar en el Teatro del Mercado de las Ocas, centro neurálgico de la producción operística en toda Alemania. Lo cierto es que el nombre del poeta iba a quedar unido al del compositor no sólo porque Haendel fuera uno de los muchos músicos (junto a Keiser, Telemann, Mattheson, Stölzel o Fasch) que se sintieran atraídos por Der für die Sünden der Welt gemarterte und sterbende Jesus, obra publicada en 1712 y que hoy es conocida como la Pasión de Brockes, a la que puso música en 1715 o 1716, sino porque en los años 20 Haendel volvió sobre el literato al poner música a una serie de poemas editados en el primer volumen de Irdsiches Vergnügen in Gott (El placer terrestre de Dios), una gran antología de textos de Brockes, publicada en nueve volúmenes entre 1721 y 1748.Curiosamente, la Akademie für Alte Musik de Berlín alterna en este CD los mismos instrumentos melódicos en el acompañamiento que el conjunto de Nicolau de Figueiredo en el Festival de Sevilla, aunque aquí oboe y flauta son claramente inferiores a Marcel Ponseele y Jan de Winne con Figueiredo. En cambio, Bernhard Forck está impresionante con el violín, del que obtiene un sonido de un lirismo y una sensualidad extraordinarios, que a mí me parece muy eficaz en una música que combina la brillantez de la escritura italiana y el panteísmo religioso de los textos. Dorothea Röschmann, con una voz algo más ligera que la que tiene actualmente es un prodigio en la expresión, y sus da capo resultan más variados que los que le escuchamos a Julia Kogan en el Alcázar. Los dos Cuartetos de la Tafelmusik de Telemann que completan el disco suenan algo alicaídos y no pueden competir con lo que en su día hicieran Reinhard Goebel y sus chicos. A la Akademie berlinesa le quedaba todavía un poquito...
Las que serían conocidas como Nueve arias alemanas no fueron en realidad concebidas como un ciclo ni con carácter unitario. Escritas entre 1724 y 1727, no dejan de llamar la atención unas obras que surgen por completo al margen de la principal ocupación del músico en aquellos años, que no era otra que la escritura de óperas italianas para la Royal Academy of Music de Londres. No se conoce el destino que tuvieron estas nueve arias, escritas sobre unos textos de carácter panteísta, meditativo y moralizante, aunque es posible que estuvieran destinadas al consumo doméstico de alguna familia alemana residente en la capital británica. En cualquier caso, las obras no serían editadas nunca en vida del músico, quien tampoco les dio el orden ni el título con el que serán publicadas en 1921 por Herman Roth, aunque todo parece indicar que las dos primeras y las HWV 206 y 207 fueron escritas por parejas.
Las arias están compuestas para voz de soprano (o tenor), un instrumento melódico y bajo continuo. La voz instrumental superior no se precisa, aunque las más comunes en la Inglaterra de la época serían sin duda las del violín, la flauta travesera y el oboe, por lo que el conjunto que las ofrece hoy se antoja ideal para presentarlas en toda su riqueza de matices. Musicalmente, las piezas responden al modelo del aria da capo operística –excepto la HWV 209, de forma libre–, aunque el tratamiento de la sección central no tiene el carácter intensamente contrastante característico del género escénico.
















