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sábado, 21 de febrero de 2009

Adelantos HM - Marzo'09

En marzo, aparte de las cinco novedades (he tenido ocasión de escuchar ya los Conciertos de Brandemburgo de Richard Egarr, que suenan muy suaves, elegantes y refinados), Harmonia Mundi ofrece seis reediciones de la serie HM Gold, entre ellas la que es, en mi opinión, una de las grandes joyas de la compañía: las Muskalische Exequien de Schütz en la versión acongojante de Philippe Herreweghe. Si alguien no tiene esta grabación en alguno de los distintos formatos en los que el sello la ha ofrecido desde su primera publicación en 1987, ya puede ir reservándola donde sea. A su lado está también un disco extraordinario de William Christie con madrigales de Gesualdo. Las cantatas de Scarlatti con María Cristina Kiehr y el Concerto Soave gustarán a los fanáticos de la soprano argentina, que no está aquí en su mejor momento. No estoy seguro de haber escuchado el Haydn del trío Wanderer, que es un conjunto en cualquier caso competente, ni el Brahms de Marcus Creed, aunque en este caso tanto la calidad de la música como el extraordinario RIAS Kammerchor son garantía de algo bueno. No conozco el Elgar de Paul Goodwin, aunque tengo buenas referencias de él.

NOVEDADES

Brockes-Passion de Telemann por René Jacobs



Brandemburgo por Richard Egarr y la AAM



5ª de Bruckner por Herreweghe



Venezia 1625 por Mauirce Steger



Sonatas de Mozart por Petra Müllejans



REEDICIONES

Las Exequias musicales de Schütz por Herreweghe

Madrigales de Gesualdo por Christie

Cantatas de Scarlatti por Kiehr y Aymes

Haydn por el Trío Wanderer



Elgar por Paul Goodwin

sábado, 23 de agosto de 2008

Heinrich Schütz

Heinrich Schütz por Christoph Spetner
Heinrich Schütz, por Christoph Spetner, c. 1650-60
[Museo de instrumentos musicales, Universidad de Leipzig]

A menudo es una sola imagen la que cruza el tiempo y sus asechanzas para hablarnos de la vida de un hombre. Así, con Schütz. Aunque ha quedado otro grabado, anterior en el tiempo, es este retrato que le hizo Christoph Spetner el que ha acabado fijando nuestra relación con su figura, marcada por la tristeza entre angustiada y resignada de unos ojos que nos miran con dignidad y nobleza, pero atormentados por el peso de la edad y el dolor. Schütz andaba en torno a los 70 años y había sufrido tantas pérdidas y conocido tantas destrucciones que acaso esperara con alivio un final que pensaba cercano. Su esposa murió en plena juventud, sus dos hijas, en la pubertad y las catástrofes asociadas a la Guerra de los Treinta Años trastornaron tan profundamente su existencia que el miedo, la desesperanza y la angustia se le quedaron para siempre prendidos en la mirada. Adscrito casi toda su vida a la corte de Dresde, por la época en que se hizo este retrato, el compositor habría de conocer una nueva amargura: el desprecio que le mostró el príncipe heredero, que promocionó a su protegido, el castrato Bontempi, marginándolo inmisericorde a pesar de sus más de tres décadas de fieles y extraordinarios servicios a la casa. Se mantuvo leal sin embargo al príncipe Johann Georg, pero cuando este falleció en 1655 decidió que todo estaba ya consumado y se retiró a Weissenfels, sin sospechar que aún viviría 17 años más y algunas de sus mejores obras aún estaban por llegar. Hoy nos turba esa mirada de profunda pesadumbre, que parece cargar sobre sí todas las desdichas de un siglo desdichado, pero quién nos asegura que en medio de las privaciones y los sufrimientos, Heinrich Schütz no fue capaz de conservar joven su espíritu y fuerte su ánimo para disfrutar de un retiro apacible y, en el más recto sentido de la palabra, feliz, en paz consigo mismo y espantados todos sus demonios.

jueves, 3 de julio de 2008

Brillante regreso de Gardiner

Gardiner al frente del Coro Monteverdi en la Catedral de Sevilla (© Manuel Gómez / Diario de Sevilla)
CORO MONTEVERDI

33 Ciclo de Música Sacra en las Catedrales Españolas de la Fundación Cajamadrid. English Baroque Soloists. Coro Monteverdi. Director: John Eliot Gardiner. Programa: Sanctus a 12 de Giovanni Gabrieli; Duo Seraphim a 12 y Ave Virgo sanctissima a 5 de Francisco Guerrero; Versa est in luctum a 6 de Alonso Lobo; Musikalische Exequien Op.7 de Heinrich Schütz; Parce mihi Domine del Officium Defunctorum de Cristóbal de Morales. Lugar: Catedral de Sevilla. Fecha: Miércoles 2 de julio. Aforo: Lleno.

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BRILLANTE REGRESO DE GARDINER


Con menos publicidad de la que hubiera sido necesaria, lo que ocasionó cierto malestar entre algunos melómanos, John Eliot Gardiner volvió a Sevilla, donde, si mi memoria y mis datos no fallan, no actuaba en concierto público desde el año 1992.

Grandísimo maestro en buena parte del repertorio barroco y clásico, Gardiner ha conseguido el milagro de mantener al Coro Monteverdi durante más de treinta años a la cabeza de los conjuntos europeos de sus características, sin que los inevitables relevos de miembros se hayan notado casi en ningún momento de su impecable trayectoria. El Monteverdi ha frecuentado menos la música renacentista, donde ha caído tradicionalmente prisionero del característico estilo británico, dominado por la brillantez antes que por la expresividad.

Bien que se notó esta circunstancia ayer, en especial en las obras de los compositores españoles, que sonaron menos hondas de lo que es hoy habitual en otros conjuntos continentales. Aprovechando las posibilidades espaciales del templo, Gardiner fue distribuyendo a los miembros de sus conjuntos (los English Baroque se reducían esta vez a un grupo de ministriles –cuatro sacabuches, una corneta– y un continuo a base de cello, contrabajo, órgano y archilaúd) en función de las diferentes obras. Los triples coros del Sanctus de Gabrieli y el Duo Seraphim de Guerrero sonaron ante el altar mayor, potentes, redondos, afinadísimos, solemnes, privilegiando siempre el brillo de las voces más agudas y destacando la verticalidad absoluta de la música, con grandes bloques de acordes que caían sobre los oyentes como losas. Desde el coro y a cappella, los miembros del Monteverdi hicieron una versión muy contenida del Versa est in luctum de Lobo y hallaron hermosos matices de elegante ternura en el Ave Virgo de Guerrero.

La obra central del programa, las Musikalische Exequien de Schütz, sonaron en una versión más plácida y luminosa que terrible y angustiosa, con algunas intervenciones solistas de relieve (Fuge, Daniels) en los pequeños conciertos espirituales y un intensísimo motete a doble coro.

[Publicado en Diario de Sevilla el jueves 3 de julio de 2008]

P.S. He expresado multitud de veces mis reticencias hacia el tradicional estilo de interpretación de la polifonía del Renacimiento de los conjuntos británicos, en el que puede por encima de todo la búsqueda de sonidos bonitos, brillantes, potentes y redondos, aunque para ello tengan que sacrificar la hondura expresiva y la transparencia de las texturas. Por supuesto que esas reticencias no alcanzan a la música barroca y clásica, donde el Coro Monteverdi es un prodigio de profundidad y calidez. Claro está que ese estilo interpretativo puede ejecutarse con mayor o menor acierto, y lo de anoche de Gardiner fue francamente bueno. Lo que en la reciente actuación de los Tallis Scholars en el mismo espacio (y con alguna obra idéntica, como el Ave Virgo de Guerrero) fue sopor y aburrimiento permanentes, por no hablar de las irregularidades en afinación y entradas, ayer resultó a la vez intenso y preciso, fogoso, radiante y explosivo. En los motetes de Gabrieli y Guerrero en triples coros Gardiner añadió además ministriles, poniéndose en la senda de las interpretaciones de un Michael Noone.

Yo hubiera preferido, en cualquier caso, una mayor gravedad, un tratamiento más equilibrado de las voces, claramente volcadas hacia la brillantez de las sopranos, una mayor claridad de las intermedias (inaudibles en el conjunto), pero reconozco que la interpretación fue algo más que una acumulación de acordes bellos, que hubo pasión y vigor, y en las piezas más intimistas (cantadas a cappella en el coro, que me pillaba algo lejos), matices muy bien dispuestos, sobre todo en el descenso a las dinámicas más leves. Buena versión también de las Exequias musicales, que en cualquier caso provocaron asombro y admiración (la fuerza del motete a doble coro restalló de forma impresionante en toda la Catedral), pero no la congoja y el estremecimiento que de ella obtuvo Herreweghe en su histórica grabación para Harmonia Mundi, a la que no he tenido más remedio que recurrir esta mañana.

Añadir que además de Katharine Fuge y Charles Daniels en el coro, otros ilustres formaron parte ayer de los efectivos empleados por Gardiner, como el cornetista Jeremy West y el laudista Jakob Lindberg. Incluyo otra foto de las tomadas ayer por Manuel Gómez, en que si uno se fija bien se puede apreciar la disposición de los tres coros en torno al altar mayor de la catedral para las dos obras que abrieron el concierto (de paso, pueden admirarse también las dimensiones colosales del templo: eso que se ve es solo el altar mayor y la mitad del crucero, qué bestias).

El Coro Monteverdi con Gardiner en la Catedral de Sevilla el 2 de julio de 2008 (© Manuel Gómez / Diario de Sevilla)