sábado, 23 de agosto de 2008

Heinrich Schütz

Heinrich Schütz por Christoph Spetner
Heinrich Schütz, por Christoph Spetner, c. 1650-60
[Museo de instrumentos musicales, Universidad de Leipzig]

A menudo es una sola imagen la que cruza el tiempo y sus asechanzas para hablarnos de la vida de un hombre. Así, con Schütz. Aunque ha quedado otro grabado, anterior en el tiempo, es este retrato que le hizo Christoph Spetner el que ha acabado fijando nuestra relación con su figura, marcada por la tristeza entre angustiada y resignada de unos ojos que nos miran con dignidad y nobleza, pero atormentados por el peso de la edad y el dolor. Schütz andaba en torno a los 70 años y había sufrido tantas pérdidas y conocido tantas destrucciones que acaso esperara con alivio un final que pensaba cercano. Su esposa murió en plena juventud, sus dos hijas, en la pubertad y las catástrofes asociadas a la Guerra de los Treinta Años trastornaron tan profundamente su existencia que el miedo, la desesperanza y la angustia se le quedaron para siempre prendidos en la mirada. Adscrito casi toda su vida a la corte de Dresde, por la época en que se hizo este retrato, el compositor habría de conocer una nueva amargura: el desprecio que le mostró el príncipe heredero, que promocionó a su protegido, el castrato Bontempi, marginándolo inmisericorde a pesar de sus más de tres décadas de fieles y extraordinarios servicios a la casa. Se mantuvo leal sin embargo al príncipe Johann Georg, pero cuando este falleció en 1655 decidió que todo estaba ya consumado y se retiró a Weissenfels, sin sospechar que aún viviría 17 años más y algunas de sus mejores obras aún estaban por llegar. Hoy nos turba esa mirada de profunda pesadumbre, que parece cargar sobre sí todas las desdichas de un siglo desdichado, pero quién nos asegura que en medio de las privaciones y los sufrimientos, Heinrich Schütz no fue capaz de conservar joven su espíritu y fuerte su ánimo para disfrutar de un retiro apacible y, en el más recto sentido de la palabra, feliz, en paz consigo mismo y espantados todos sus demonios.

1 comentario:

Quinøff dijo...

Precioso comentario, ¡muchas gracias!