viernes, 8 de agosto de 2008

Intimismo frente a grandilocuencia

Stabat Mater de Dvorák por Laurence Equilbey
Antonin Dvorák (1841-1904): STABAT MATER
versión original de 1876 para solistas, coro y piano, según el manuscrito del compositor reconstruido por Miroslav Srnka y publicado por Bärenreiter en Praga

Alexandra Coku, soprano
Renata Pokupic, alto
Pavol Breslik, tenor
Markus Butter, bajo

Brigitte Engerer, piano

Accentus
Directora: Laurence Equilbey

1. "Stabat mater dolorosa"
[Cuarteto y coro]
2. "Quis est homo, qui non fleret"
[Cuarteto]
3. "Eja, Mater, fons amoris"
[Coro]
4. "Fac, ut ardeat cor meum"
[Bajo y coro]
5. "Fac, ut portem Christi mortem"
[Soprano y tenor]
6. "Inflammatus et accensus"
[Alto]
7. "Quando corpus morietur"
[Cuarteto y coro]
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NAÏVE V 5091 (Diverdi) [59'49'']
Grabación: Julio de 2007


Durante siglos, las diferentes iglesias cristianas fueron casi los únicos clientes que tuvieron los artistas europeos, incluidos los músicos. Ello supuso no sólo la gran floración del arte religioso que hoy admiramos en todas sus formas, sino también que las artes se desarrollaran y evolucionaran vinculadas preferentemente a los motivos religiosos. Con la progresiva secularización de las sociedades, que se acelera en la segunda mitad del siglo XVIII, el arte religioso deja de ser el campo predilecto de experimentación de los artistas, lo cual es fácil de apreciar en la música, en la que las formas de creación religiosa y profana se aproximan cada vez más hasta confundirse (¿que es un oratorio de Haendel sino una ópera de tema sacro?). En el Clasicismo aún pueden encontrarse obras religiosas que aspiraban a un contacto diferente, imbuido aún de misterio, con lo sagrado, pero esa relación se debilita de forma definitiva con el Romanticismo para renacer, de forma diferente ya, en el siglo XX. Desde la gran Missa Solemnis de Beethoven, la música religiosa parece remitirse de forma definitiva a un ámbito diferente de aquel para el cual escribieron sus obras los grandes polifonistas del Renacimiento o los maestros, luteranos y católicos, del Barroco. Los intereses de los compositores románticos son bien otros. Es por eso que, salvo contadas excepciones, la música religiosa del siglo XIX apenas se toca ni se programa hoy. Sólo las misas de Requiem y algunas secuencias, como la del Stabat Mater, el Te Deum o el Miserere, mantienen actualmente cierta vigencia porque algunos grandes compositores le dedicaron atención. Es el caso de Antonin Dvorák, de cuyo repertorio de obras religiosas suelen interpretarse justo el Requiem y el Stabat Mater, si bien éste en su versión orquestal. Pero existe una anterior, con piano junto a los solistas y el coro, que es la que ha reconstruido Miroslav Srnka y trae a este disco Laurence Equilbey.

La historia del Stabat Mater de Dvorak está teñida de tragedia, pues el músico empezó a escribirlo a principios de 1876, como reacción a la muerte de su hija Josefa. Lo orquestó en el otoño de 1877, justo después de la muerte de sus otros dos hijos (Ruzena, en agosto, y Otokar el 8 de septiembre, ¡justo el día en que el compositor cumplía 36 años!). Al parecer, Dvorák compuso en efecto la cantata en siete movimientos entre febrero y mayo de 1876 para cuarteto solista, coro y piano y así debía de tener previsto interpretarla, porque la partitura está bastante detallada, aunque faltan las indicaciones de tempo y las de dinámica resultan caóticas. Ocurrió que 1876-77 fueron justamente los años de despegue de la carrera del compositor. Cada vez más solicitado, Dvorák decidió añadir tres movimientos al Stabat Mater ya escrito, modificar algo el carácter de los movimientos terminados y orquestarlo. Así se estrenó en Praga en 1880, sin que haya quedado constancia de que en su primer formato la obra se interpretase en vida del compositor. El resultado de la reconstrucción es una pieza mucho más íntima, sin la grandilocuencia de los estallidos sinfónico-corales, con un mayor equilibrio entre solistas y coro, que en la versión orquestal se rompe de forma evidente en favor de este último, y que remite a la música religiosa del pasado, hasta el punto de que por momentos se escucha casi como una cantata barroca. A ello contribuye desde luego la delicadeza en los matices que consigue Laurence Equilbey de su extraordinario coro, con unas voces solistas que saben contener sus acentos operísticos y una pianista excepcional.


Dvorák: "Quando corpus morietur" del Stabat Mater (versión original, reconstruida por Miroslav Srnka). [6'35''] Alexandra Coku. Renata Pokupic. Pavol Breslik. Markus Butter. Brigitte Engerer. Accentus. Laurence Equilbey