jueves, 3 de julio de 2008

Brillante regreso de Gardiner

Gardiner al frente del Coro Monteverdi en la Catedral de Sevilla (© Manuel Gómez / Diario de Sevilla)
CORO MONTEVERDI

33 Ciclo de Música Sacra en las Catedrales Españolas de la Fundación Cajamadrid. English Baroque Soloists. Coro Monteverdi. Director: John Eliot Gardiner. Programa: Sanctus a 12 de Giovanni Gabrieli; Duo Seraphim a 12 y Ave Virgo sanctissima a 5 de Francisco Guerrero; Versa est in luctum a 6 de Alonso Lobo; Musikalische Exequien Op.7 de Heinrich Schütz; Parce mihi Domine del Officium Defunctorum de Cristóbal de Morales. Lugar: Catedral de Sevilla. Fecha: Miércoles 2 de julio. Aforo: Lleno.

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BRILLANTE REGRESO DE GARDINER


Con menos publicidad de la que hubiera sido necesaria, lo que ocasionó cierto malestar entre algunos melómanos, John Eliot Gardiner volvió a Sevilla, donde, si mi memoria y mis datos no fallan, no actuaba en concierto público desde el año 1992.

Grandísimo maestro en buena parte del repertorio barroco y clásico, Gardiner ha conseguido el milagro de mantener al Coro Monteverdi durante más de treinta años a la cabeza de los conjuntos europeos de sus características, sin que los inevitables relevos de miembros se hayan notado casi en ningún momento de su impecable trayectoria. El Monteverdi ha frecuentado menos la música renacentista, donde ha caído tradicionalmente prisionero del característico estilo británico, dominado por la brillantez antes que por la expresividad.

Bien que se notó esta circunstancia ayer, en especial en las obras de los compositores españoles, que sonaron menos hondas de lo que es hoy habitual en otros conjuntos continentales. Aprovechando las posibilidades espaciales del templo, Gardiner fue distribuyendo a los miembros de sus conjuntos (los English Baroque se reducían esta vez a un grupo de ministriles –cuatro sacabuches, una corneta– y un continuo a base de cello, contrabajo, órgano y archilaúd) en función de las diferentes obras. Los triples coros del Sanctus de Gabrieli y el Duo Seraphim de Guerrero sonaron ante el altar mayor, potentes, redondos, afinadísimos, solemnes, privilegiando siempre el brillo de las voces más agudas y destacando la verticalidad absoluta de la música, con grandes bloques de acordes que caían sobre los oyentes como losas. Desde el coro y a cappella, los miembros del Monteverdi hicieron una versión muy contenida del Versa est in luctum de Lobo y hallaron hermosos matices de elegante ternura en el Ave Virgo de Guerrero.

La obra central del programa, las Musikalische Exequien de Schütz, sonaron en una versión más plácida y luminosa que terrible y angustiosa, con algunas intervenciones solistas de relieve (Fuge, Daniels) en los pequeños conciertos espirituales y un intensísimo motete a doble coro.

[Publicado en Diario de Sevilla el jueves 3 de julio de 2008]

P.S. He expresado multitud de veces mis reticencias hacia el tradicional estilo de interpretación de la polifonía del Renacimiento de los conjuntos británicos, en el que puede por encima de todo la búsqueda de sonidos bonitos, brillantes, potentes y redondos, aunque para ello tengan que sacrificar la hondura expresiva y la transparencia de las texturas. Por supuesto que esas reticencias no alcanzan a la música barroca y clásica, donde el Coro Monteverdi es un prodigio de profundidad y calidez. Claro está que ese estilo interpretativo puede ejecutarse con mayor o menor acierto, y lo de anoche de Gardiner fue francamente bueno. Lo que en la reciente actuación de los Tallis Scholars en el mismo espacio (y con alguna obra idéntica, como el Ave Virgo de Guerrero) fue sopor y aburrimiento permanentes, por no hablar de las irregularidades en afinación y entradas, ayer resultó a la vez intenso y preciso, fogoso, radiante y explosivo. En los motetes de Gabrieli y Guerrero en triples coros Gardiner añadió además ministriles, poniéndose en la senda de las interpretaciones de un Michael Noone.

Yo hubiera preferido, en cualquier caso, una mayor gravedad, un tratamiento más equilibrado de las voces, claramente volcadas hacia la brillantez de las sopranos, una mayor claridad de las intermedias (inaudibles en el conjunto), pero reconozco que la interpretación fue algo más que una acumulación de acordes bellos, que hubo pasión y vigor, y en las piezas más intimistas (cantadas a cappella en el coro, que me pillaba algo lejos), matices muy bien dispuestos, sobre todo en el descenso a las dinámicas más leves. Buena versión también de las Exequias musicales, que en cualquier caso provocaron asombro y admiración (la fuerza del motete a doble coro restalló de forma impresionante en toda la Catedral), pero no la congoja y el estremecimiento que de ella obtuvo Herreweghe en su histórica grabación para Harmonia Mundi, a la que no he tenido más remedio que recurrir esta mañana.

Añadir que además de Katharine Fuge y Charles Daniels en el coro, otros ilustres formaron parte ayer de los efectivos empleados por Gardiner, como el cornetista Jeremy West y el laudista Jakob Lindberg. Incluyo otra foto de las tomadas ayer por Manuel Gómez, en que si uno se fija bien se puede apreciar la disposición de los tres coros en torno al altar mayor de la catedral para las dos obras que abrieron el concierto (de paso, pueden admirarse también las dimensiones colosales del templo: eso que se ve es solo el altar mayor y la mitad del crucero, qué bestias).

El Coro Monteverdi con Gardiner en la Catedral de Sevilla el 2 de julio de 2008 (© Manuel Gómez / Diario de Sevilla)