jueves, 31 de julio de 2008

El siglo del violín

Una foto promocional de Lina Tur Bonet
EN DULCE JÚBILO

Noches en los Jardines del Real Alcázar. Componentes: Lina Tur Bonet y David Quiggle, violines; Pablo Martín-Caminero, violone; Daniel Oyarzábal, clave. Programa: Biber entre italianos (obras de Castello, Marini, Scarlatti, Cima, Vivaldi y Biber). Lugar: Jardines del Alcázar. Fecha: Martes 29 de julio. Aforo: Lleno.

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EL SIGLO DEL VIOLÍN

Muestra de la pujanza de los jóvenes barrocos españoles, el concierto del martes en el Alcázar trajo de nuevo a la violinista balear Lina Tur Bonet (que había pasado por el ciclo la semana anterior), esta vez junto a un conjunto formado por un segundo violinista, el americano asentado desde hace mucho tiempo en España David Quiggle, habitualmente intérprete de viola, el contrabajista Pablo Martín-Caminero y el clavecinista Daniel Oyarzábal. Con el muy bachiano nombre de En Dulce Júbilo, el cuarteto ofreció un muy atractivo paseo por música violinística del siglo XVII, el siglo del violín, con un pequeño excurso por Vivaldi (Follia) y Scarlatti, una sonata para clave que Oyarzábal interpretó con robusto y virtuoso vigor.

Fue justamente la baza del vigor, del contraste, de las articulaciones muy marcadas y los ataques y la acentuación punzantes la que jugó el conjunto, lo cual fue apreciable ya en la Sonata de Castello que abrió el recital, con tiempos rápidos rozando lo frenético y lentos de muy apreciable lirismo. Violines ligeros y ágiles, con facilidad para las florituras ornamentales, acaso demasiado plano y ácido el de Quiggle. Sonaron de manera muy delicada en el Passacaglio de Marini y de forma agresiva en la Partita de Biber, tocada de forma vibrante, aunque con algunos desajustes y roces. Estupendo en todo momento el bajo continuo, muy flexible y elegante, por momentos casi improvisado (esos pizzicati del violone en la Follia de Vivaldi sonaron a puro jazz), lo que completó una mirada estilísticamente puesta al día de una música que así interpretada suena con una frescura y una vitalidad que nos hace incluso preguntarnos si en realidad el siglo del violín fue el XVII o es el nuestro.

[Publicado en Diario de Sevilla el jueves 31 de julio de 2008]