jueves, 17 de julio de 2008

Scelsi antes, Scelsi después

Giacnto Scelsi Collection Vol.2
Giacinto Scelsi (1905-1988): COLLECTION VOL.2

1. Pranam II, para conjunto (1973)
[Livia Mazzanti, órgano. Ensemble 2e2m]
2. To the master, para violonchelo y piano (1974)
[Carlo Teodoro, violonchelo. Aldo Orvieto, piano]
3. Wo Ma, para voz de bajo (1960)
[Nicholas Isherwood, bajo]
4. Rotativa, para dos pianos y conjunto de percusión (1930)
[Cristina BIagini y Marco Marzocchi, pianos. Ars Ludi Ensemble. Director: Marco Angius]
5. Trio, para vibráfono, marimba y percusión (c.1950)
[Musicateatroensemble]
6. Preghiera per un'ombra, para clarinete en Sib (1954)
[Véronique Fèvre, clarinete en Sib]
7. Chukrum, para orquesta de cuerdas (1963)
[Orchestra di Rome e del Lazio. Director: Luca Pfaff]
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STRADIVARIUS STR 33802 (Diverdi) [75'54'']
Grabaciones: Noviembre y Diciembre de 2005, Febrero de 2006 y Agosto de 2007


Veinte años justos después de su fallecimiento, la figura de Giacinto Scelsi sigue viva, como demuestran las diferentes colecciones que diversos sellos mantienen con su música. El volumen II de Stradivarius resulta de extraordinaria variedad, pues además de ofrecer un par de piezas anteriores a la famosa crisis personal que cambiaría el estilo del compositor, se incluyen, junto a las más frecuentas Pranam II, Chukrum o Preghiera per un’ombra, un par de piezas poco conocidas, To the master y la singularísima Wo Ma, para voz de bajo solo.

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 12 de julio de 2008]


Scelsi: Pranam II. [7'09''] Livia Mazzanti, órgano. Ensemble 2e2m

P. S. Hace unos años, escribí sobre Scelsi:

Scelsi merece sin duda pasar a la historia como uno de los creadores verdaderamente revolucionarios de la música del siglo XX. Más allá de esa orla de extravagancia y exclusivismo con que supo ataviarse, aristócrata retirado en su mansión romana, que no se dejaba entrevistar ni fotografiar, más allá de ese personaje inexpugnable, concienzuda y altivamente construido, tan a propósito para un reportaje de dominical a todo color de los que supuestamente aborrecía, queda el minucioso forjador de una obra sin precedentes ni consecuentes conocidos, que se plasma en una búsqueda dramática que llenó casi toda su vida, la de la esfericidad del sonido: "El sonido es esférico, pero escuchándolo, nos parece que posea sólo dos dimensiones: altura y duración. La tercera dimensión, la profundidad, sabemos que existe, pero en un cierto sentido se nos escapa. Los armónicos superiores e inferiores, que son los que menos se oyen, nos dan a veces la impresión de conformar un sonido más vasto, complejo que el de la duración o la altura, aunque nos es difícil percibir su auténtica complejidad. En pintura se cuenta con la perspectiva que da la impresión de profundidad, pero en música, hasta el presente, a pesar de todas las experiencias estereofónicas, no se ha conseguido escapar a las dos dimensiones, duración y altura, ni ofrecer la impresión de la real dimensión esférica del sonido".

Antes de eso están por supuesto sus viajes a la India, su matrimonio con una joven miembro de la realeza británica, su separación y su célebre crisis de personalidad, a la que sólo sobrevivieron dos obras, entre ellas el poderoso, descomunal Cuarteto nº1, escrito aún en el lenguaje de la más reconocible tradición. Después de pasarse cinco años tocando diariamente durante horas una única nota en el piano, como nos cuentan sus exégetas más proclives al sensacionalismo y a la meditación oriental, el conde d'Ayala Valva superó su depresión convertido en un hombre (en un músico) nuevo. Desde ese momento (1952) y hasta su muerte, treinta y seis años después, dedicó su existencia a una búsqueda artística incesante, que le permitió crear una música pretendidamente mística y trascendente ("No soy un compositor, porque ser compositor significa unir una cosa con otra. [...] Yo proyecto imágenes en la materia sonora"), estática y extática. Uno puede escuchar pasajes completos de Khoom, de Pranam II, de Aion, de las Quattro pezzi o del Trío de cuerdas sin que pase absolutamente nada, hasta que de pronto hay algo que te atrapa, como en un raga hindú (y la comparación no es ociosa), que gira en torno a ti una y otra vez sin dejarte escapar, clavado ante ese despliegue de glissandi, de microtonos, de fluctuaciones minúsculas que causan sensación de plenitud, de tiempo estancado, en el que uno se sumerge para olvidarse de todo. Es la liberación, la catarsis, que pregona el último movimiento, hipnótico, omnicomprensivo, del mágico Cuarteto de cuerdas nº3.

Con esta música, inconfundible y absolutamente única, Scelsi consiguió la liberación que buscaba, sobreponiéndose incluso a la leyenda que creó en torno a su persona y que a veces amenaza con convertirlo en un esperpéntico personaje del más barato y despreciable orientalismo novelesco. Y es que fue embebido por el espíritu del budismo tántrico como pasó sus últimos años este excéntrico encantador de serpientes, que llegó incluso a predecir la fecha de su muerte: "Cuando los ocho coincidan en el calendario, dejaré este mundo". La Parca, desdeñosa, lo desmintió por unas pocas horas: falleció en la madrugada del 9 de agosto de 1988.

3 comentarios:

Raúl C.Calvet dijo...

Del presente Cd la obra que a priori parece más interesante es la Rotativa. Siendo una obra para dos pianos y percusión ¿Suena acaso como el Bartok de la Sonata o el Markevicht de L'envol d'Icare?

Ojala se publiquen y graben esas obras que según la página web oficial del compositor existen y estrenaron grandes de la batuta además. He visto allí que hay una Sinfonietta, un Concertino para piano, un Oratorio La Nascita du verbo (título inexacto - ?). No apasionandome en exceso el Scelsi posterior si me gustaría comprobar como suena este más "tradicional"

Pablo J. Vayón dijo...

Rotativa es una obrita de poco más de 6 minutos de la que, al parecer, existen varias versiones (piano, dos pianos, tres pianos y orquesta; esta última desaparecida) y no recuerda para nada a Bartók (no conozco la obra de Markevitch que citas). Es un intento de Scelsi por acercarse a los futuristas italianos y su carácter musical tiene más que ver con Stravinski y con Honegger (quizá también con Scriabin) que con el húngaro. Me parece un trabajo demasiado académico, que si no fuera producto de un compositor famoso no se habría rescatado, aunque debo reconocer mis prejuicios a la hora de escuchar una obra escrita por Scelsi en 1930, pues a mí el que me interesa de verdad es el Scelsi posterior a 1952 (en realidad, no creo haber escuchado muchas obras del músico anteriores a esa fecha, desde luego ninguna de las que citas, aunque sí el Cuarteto nº1, que es absolutamente extraordinario)

Raúl_C_C dijo...

Bueno, un año despues, y habiéndola escuchado hace escasos minutos. Sí, que obrita, no soy nadie en cuestiones musicales, pero bajo mi impresión solo puedo decir que aunque la sigo atentamente la obra me fatiga un poco a pesar de no durar casi nada (lo cual es poco elogio).

La obra de Markevicht que cito la escuche por primera vez en Radio Clásica hace cosa de 7 años y desde entonces es una de mis favoritas, una auténtica maravilla que no dudo en recomendar, hasta el punto de que (espero que me perdonen por decir esto) me gusta más que la Sonata de Bartok para idéntica formación. Proclamar que es mejor sería una temeridad así que me amparo unicamente en mi modesta subjetividad para decirlo.

Si no me falla la memoria esta obra fue primero un ballet llamado Icare en el cual Markevicht tuvo la audacia de incluir cuartos de tono que desaparecieron en una posterior revisión y, creo, en la reducción. Luego hizo un arreglo para dos pianos y percusión que yo prefiero a la obra original y que tiene un lugar asegurado en mi memoria musical.