jueves, 10 de julio de 2008

Jardín de antiguas delicias

Garden of Early Delights por Torby & Lawrence-King
GARDEN OF EARLY DELIGHTS
Pamela Thorby, flauta dulce
Andrew Lawrence-King, arpa y salterio

1. Diego Ortiz (c.1510-1570): Recercada segunda de tenores [Trattado de glosas, 1553]
Jacob Van Eyck (1589/90-1657):
2. Wat zal men op den Avond doen
3. Derde, Doen Daphne d'over
4. Boffons
[Der Flutyen Lust-hof, 1644-c.1655]

5. Dario Castello (act. c.1620-1630): Sonata seconda a soprano solo [Sonate concertate in stil moderno, Libro secondo, 1629]

6. John Dowland (1563-1626): Sorrow, sorrow stay [Second Booke of Songes, 1600]
7. Johann Schop (1590-1664): Lacrime Pavaen (a partir de Dowland) [T'Uitnement Kabinet, 1646]
8. John Dowland: Weep you no more [Third Booke of Songes, 1603]

9. Giovanni Bassano (c.1558-1617): Susanne ung jour (a partir de Lasso) [Motette, madrigali et canzone francese, 1591]
10. Diego Ortiz: Recercada segunda de canto llano [Trattado de glosas, 1553]

11. Giovanni Battista Fontana (?-c.1630): Sonata sesta [Sonate a 1, 2, 3, per il violino, o cornetto, fagotto, chitarrone, violincino o simile altro istrumento, 1641]
12. Biagio Marini (1594-1663): Passacalio [Per ogni sorte di strumento, 1655]
13. Giovanni Battista Fontana: Sonata seconda [Sonate a 1, 2, 3, per il violino, o cornetto, fagotto, chitarrone, violincino o simile altro istrumento, 1641]

14. Jacob Van Eyck: Amarilli mia bella [Der Flutyen Lust-hof, 1644-c.1655]
15. Diego Ortiz: Recercada prima sopra doulce mémoire (a partir de Sandrin) [Trattado de glosas, 1553]
16. Giovanni Bassano: Frais et gaillard (a partir de Clemens non Papa) [Motette, madrigali et canzone francese, 1591]
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LINN CKD 291 (LR Music) [67'01'']
Grabación: Octubre y Noviembre de 2006


Desde sus años del Palladian Ensemble junto a Rachel Podger y William Carter, Pamela Thorby se ha ido consolidando como una de las mayores virtuosas europeas de la flauta dulce. Acompañada aquí por el gran Andrew Lawrence-King, Thorby ofrece un bello recital de música del siglo XVII, de Diego Ortiz a Giovanni Bassano, pasando por Dowland, Fontana, Castello y, por supuesto, Jacob Van Eyck, el más prolífico autor de música para el instrumento, en el que las más espectaculares disminuciones se combinan con las dulces melodías.

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 5 de julio de 2008]


Van Eyck: Amarilli mia bella. [4'42''] Pamela Thorby. Andrew Lawrence-King.

P. S. Sobre Van Eyck escribí en otro sitio y en otro tiempo:

Jacob van Eyck era un artesano como sólo sabían serlo los verdaderos artistas holandeses del siglo XVII. Nacido en Heusden, localidad cercana a Hertogenbossch, a finales de la década de los años 80 del siglo XVI y en el seno de una familia de la baja nobleza, era ciego, limitación física que encaminó su vida hacia el mundo de los sonidos. Carillonista célebre y concienzudo estudioso de los fenómenos acústicos, en 1625 se instaló en Utrecht como carillonista de la Domkerk y tres años después era ya director y supervisor de las campanas de todas las parroquias de la ciudad. Descubrió que la pureza del sonido de las campanas dependía de su forma y se convirtió en colaborador de los famosos constructores François y Peter Hemony, atrayendo sobre su figura la atención de intelectuales ilustres de su tiempo, como Isaac Beeckman, René Descartes o Constantijn Huygens.

Sin embargo, si el nombre de van Eyck ha sobrevivido hasta nuestros días ha sido gracias a la publicación de su Der Fluyten Lust-hof (El Jardín del Edén de la flauta), dos libros editados por Paulus Matthijsz en Amsterdam entre 1644 y 1655, un par de años antes del fallecimiento en Utrecht de su autor, que incluían unas 170 piezas para una y dos flautas dulces, instrumento del que van Eyck era un auténtico virtuoso. La colección, la más amplia dedicada jamás a un instrumento de viento a solo, es una sucesión de variaciones sobre piezas populares de diversas zonas de Europa o de compositores conocidos, como Dowland o Caccini. Aislado en los Países Bajos en una época en la que la guerra arrasaba el centro de Europa, imposibilitado para la lectura directa de partituras, Van Eyck escribe una música de un aire indudablemente arcaico, que no recoge las novedades del barroco de su tiempo, sino que se centra en los procedimientos de glosa típicos del Renacimiento. Aunque la variedad de la temática que incluye este auténtico Jardín de las delicias musical es amplísima, Van Eyck se recrea especialmente en el carácter arcádico, pastoril del instrumento, llegando a competir en virtuosismo con los mismísimos ruiseñores.