sábado, 11 de abril de 2009

Celebrando a Haendel (12)

Famous arias en la Edición Haendel de Harmonia Mundi
DEUTSCHE ARIEN

Dorothea Röschmann, soprano
Akademie für Alte Musik Berlin

Bernhard Forck, violín
Sabine Fehlandt, viola d'amore
Kristin von der Goltz, violonchelo
Eckehard Hering, oboe
Burghard Hilse, flauta travesera
Christian Beuse, fagot
Björn Colell, laúd
Raphaël Alpermann, clave y órgano


Georg Friedrich Haendel (1685-1759)
1. Künft'ger Zeiten eitler Kummer HWV 202
2. Die ihr aus dunklen Grüften HWV 208
3. Das zitternde Glänzen der spielenden Wellen HWV 203
4. Süβe Stille, sanfte Quelle HWV 205
5. Singe, Seele, Gott zum Preise HWV 206

6. Georg Philipp Telemann (1681-1767): Cuarteto en mi menor para flauta, violín, violonchelo y bajo continuo [Tafelmusik, Producción III]

Georg Friedrich Haendel
7. Flammende Rose, Zierde der Erden HWV 210
8. In den angenehmen Büschen HWV 209
9. Meine Seele hört in Sehen HWV 207
10. Süβer Blumen Ambraflocken HWV 204

11. Georg Philipp Telemann: Cuarteto en sol mayor para flauta, oboe, violín y bajo continuo [Tafelmusik, Producción I]
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HARMONIA MUNDI HMX 2908288.91 (CD 2) [78'39'']
Grabaciones: Diciembre de 1998


Para el Festival de Música Antigua de Sevilla que acaba de finalizar escribía recientemente lo siguiente a cuenta de las Nueve arias alemanas de Haendel:
Es posible que Haendel conociera al poeta Bartold Heinrich Brockes, cinco años mayor que él, en la Universidad de Halle, donde Brockes, nacido en Hamburgo, estudió jurisprudencia, o que el encuentro entre los dos jóvenes se produjera en la misma Hamburgo, adonde Haendel, nacido en Halle, se desplazó con apenas 18 años para trabajar en el Teatro del Mercado de las Ocas, centro neurálgico de la producción operística en toda Alemania. Lo cierto es que el nombre del poeta iba a quedar unido al del compositor no sólo porque Haendel fuera uno de los muchos músicos (junto a Keiser, Telemann, Mattheson, Stölzel o Fasch) que se sintieran atraídos por Der für die Sünden der Welt gemarterte und sterbende Jesus, obra publicada en 1712 y que hoy es conocida como la Pasión de Brockes, a la que puso música en 1715 o 1716, sino porque en los años 20 Haendel volvió sobre el literato al poner música a una serie de poemas editados en el primer volumen de Irdsiches Vergnügen in Gott (El placer terrestre de Dios), una gran antología de textos de Brockes, publicada en nueve volúmenes entre 1721 y 1748.

Las que serían conocidas como Nueve arias alemanas no fueron en realidad concebidas como un ciclo ni con carácter unitario. Escritas entre 1724 y 1727, no dejan de llamar la atención unas obras que surgen por completo al margen de la principal ocupación del músico en aquellos años, que no era otra que la escritura de óperas italianas para la Royal Academy of Music de Londres. No se conoce el destino que tuvieron estas nueve arias, escritas sobre unos textos de carácter panteísta, meditativo y moralizante, aunque es posible que estuvieran destinadas al consumo doméstico de alguna familia alemana residente en la capital británica. En cualquier caso, las obras no serían editadas nunca en vida del músico, quien tampoco les dio el orden ni el título con el que serán publicadas en 1921 por Herman Roth, aunque todo parece indicar que las dos primeras y las HWV 206 y 207 fueron escritas por parejas.

Las arias están compuestas para voz de soprano (o tenor), un instrumento melódico y bajo continuo. La voz instrumental superior no se precisa, aunque las más comunes en la Inglaterra de la época serían sin duda las del violín, la flauta travesera y el oboe, por lo que el conjunto que las ofrece hoy se antoja ideal para presentarlas en toda su riqueza de matices. Musicalmente, las piezas responden al modelo del aria da capo operística –excepto la HWV 209, de forma libre–, aunque el tratamiento de la sección central no tiene el carácter intensamente contrastante característico del género escénico.
Curiosamente, la Akademie für Alte Musik de Berlín alterna en este CD los mismos instrumentos melódicos en el acompañamiento que el conjunto de Nicolau de Figueiredo en el Festival de Sevilla, aunque aquí oboe y flauta son claramente inferiores a Marcel Ponseele y Jan de Winne con Figueiredo. En cambio, Bernhard Forck está impresionante con el violín, del que obtiene un sonido de un lirismo y una sensualidad extraordinarios, que a mí me parece muy eficaz en una música que combina la brillantez de la escritura italiana y el panteísmo religioso de los textos. Dorothea Röschmann, con una voz algo más ligera que la que tiene actualmente es un prodigio en la expresión, y sus da capo resultan más variados que los que le escuchamos a Julia Kogan en el Alcázar. Los dos Cuartetos de la Tafelmusik de Telemann que completan el disco suenan algo alicaídos y no pueden competir con lo que en su día hicieran Reinhard Goebel y sus chicos. A la Akademie berlinesa le quedaba todavía un poquito...


Haendel: Künft'ger Zeiten eitler Kummer HWV 202 [7'06''] Dorothea Röschmann. Akademie für Alte Musik Berlin.

Künft’ger Zeiten eitler Kummer
Stört nicht unsern sanften Schlummer,
Ehrgeiz hat uns nie besiegt.
Mit dem unbesorgten Leben,
Das der schöpfer uns gegeben,
Sind wir ruhig und vergnügt.

[No perturban nuestro dulce reposo/ vanas aflicciones por los tiempos venideros,/ nunca nos ha vencido la ambición./ Con la vida despreocupada/ que el Creador nos ha regalado/ estamos tranquilos y alegres. Traducción: Alberto Marina Castillo]


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