miércoles, 1 de abril de 2009

Pasión mediterránea

Ensemble Zefiro
ENSEMBLE ZEFIRO

XXVI Festival de Música Antigua - Femàs’09. Componentes: Alfredo Bernardini y Paolo Grazzi, oboes; Josep Borràs, fagot; Paolo Zuccheri, violone; Luca Guglielmi, clave. Director: Alfredo Bernardini. Programa: Sonatas barrocas europeas (obras de Haendel, Josep y Joan Plà, Fasch, Vivaldi, Philidor, Marcello/Bach, Zelenka). Lugar: Hospital de la Caridad. Fecha: Martes 31 de marzo. Aforo: Casi lleno.

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LOS VIENTOS DE EUROPA CON LA PASIÓN DEL MEDITERRÁNEO

El año de su vigésimo aniversario, el Ensemble Zefiro ha debutado (¡por fin!) en el Festival de Música Antigua de Sevilla. Fundado por el oboísta Alfredo Bernardini y los hermanos gemelos Paolo y Alberto Grazzi, oboísta y fagotista respectivamente, el conjunto se orientó preferentemente desde el principio a la interpretación de música para viento del Barroco tardío.

A Sevilla vinieron en formación de quinteto (con Josep Borràs en lugar de Alberto Grazzi y un violone y un clave para el bajo continuo) ofreciendo un recorrido por diferentes escuelas europeas de la primera mitad del siglo XVIII, con dominio de las sonatas italianas (en trío y a 4), no necesariamente de compositores italianos, pero también una Suite francesa y, como coherente complemento, el famoso Concierto para oboe de Alessandro Marcello en la versión para teclado de Bach, que Luca Guglielmi tocó con exquisita delicadeza en el fraseo.

Zefiro es uno de esos conjuntos italianos que, como Il Giardino Armonico, Europa Galante o los Sonatori de la Gioiosa Marca, revolucionaron a principios de los 90 la interpretación del Barroco merced a un estilo anguloso, contrastado, colorista, ágil y teatral. Hoy, la extremosidad y violencia de los contrastes se ha moderado, pero la luz y la pasión mediterráneas siguen filtrándose en cada compás, como mostraron con una actuación en la que el dramatismo de los acentos y los ataques urgentes se mezcló con las líneas más sinuosas y sensuales. Superando un inicio (Haendel) algo frío y con algún pequeño desajuste, el conjunto se instaló pronto en un nivel de excelencia que estalló en un Vivaldi luminoso, intenso, brillantísimo, y culminó en un Zelenka de un equilibrio, una elegancia y una profundidad que dejó en segundo plano la soberbia lección de virtuosismo del trío de vientos.

[Publicado en Diario de Sevilla el miércoles 1 de abril de 2009]