miércoles, 22 de abril de 2009

Un cuarteto con problemas de empaste

Cuarteto Fine Arts
CUARTETO FINE ARTS

Ciclo de Música de Cámara de la Fundación Cajasol. Componentes: Ralph Evans, violín I; Efin Boico, violín II; Chauncey Patterson, viola; Wolfgang Laufer, cello. Programa: Cuarteto nº1 de Arriaga, Cuarteto nº1 de Shostakovich, Cuarteto nº12 Americano de Dvorák. Lugar: Sala Joaquín Turina del Centro Cultural Cajasol. Fecha: Martes 21 de abril. Aforo: Dos tercios de entrada.

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UN CUARTETO CON PROBLEMAS DE EMPASTE

Fundado en 1946 en Chicago y actualmente residente en Wisconsin, el Cuarteto Fine Arts no es demasiado conocido en Europa, pero en su visita a Sevilla demostró un nivel competitivo, por más que presentara alguna debilidad en una cuestión tan importante para un conjunto de sus características como el del empaste. Los dos violinistas y el violonchelista figuran en el grupo desde los años 70, pero el violista se ha integrado recientemente, y, al menos de momento, el conjunto está pagando un precio por ello.

Un cuarteto es una sociedad muy sensible a cualquier irregularidad entre sus miembros. El equilibrio entre la necesaria transparencia de los planos y la redondez y homogeneidad del sonido es una de las claves del éxito de un conjunto de estas características, y en este sentido, sea por el color, el tipo de vibrato o la intensidad de su sonido, Chauncey Patterson no ha conseguido todavía encontrarse y respirar de forma continua en la misma onda que sus compañeros, lo cual se notó especialmente en el Cuarteto de Arriaga y en momentos muy significativos del de Dvorák, hasta el punto de que hubo momentos en que parecíamos asistir a la actuación de un violista con acompañamiento de trío. No se trata, quiero dejar claro, de problemas de técnica o sensibilidad, pues en los pasajes solistas de Shostakovich, Patterson mostró una incuestionable calidad, sino de desencuentros que sólo puede solucionar el trabajo conjunto y continuado.

Por lo demás, el Fine Arts mostró un trabajo concienzudo sobre el estilo, con un Arriaga sobrio, pero bien articulado, un Shostakovich algo blando al principio y jovial y luminoso al final y un espléndido Dvorák, por color y pujanza rítmica.

[Publicado en Diario de Sevilla el miércoles 22 de abril de 2009]