miércoles, 25 de marzo de 2009

Catálogo de microtexturas

Miembros del Ensemble Modern tocan el trío de cuerdas Op.45 de Schönberg en la Sala Joaquín Turina del Centro Cultural Cajasol de Sevilla el 24 de marzo de 2009 (© Belén Vargas / Diario de Sevilla)
ENSEMBLE MODERN

Ciclo de Música de Cámara de la Fundación Cajasol. Componentes: Nina Janssen, clarinete; Jürgen Ruck, guitarra; Jagdish Mistry, violín; Patrick Jüdt, viola; Michael M. Kasper, violonchelo. Director: José María Sánchez Verdú. Programa: Lo que nunca dijo nadie de Elena Mendoza; Trío de cuerdas Op.45 de Arnold Schönberg; Inscriptio (Deploratio IV. Wolfgang Stryi in memoriam) y Lux ex tenebris (Goya-Zyklus) de José María Sánchez Verdú. Lugar: Sala Joaquín Turina del Centro Cultural Cajasol. Fecha: Martes 24 de marzo. Aforo: Un tercio de entrada.

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CATÁLOGO DE MICROTEXTURAS

El algecireño José María Sánchez Verdú se une a la (breve) nómina de compositores que han recibido encargos del ciclo camerístico de Cajasol, en el que ayer estrenó Lux ex tenebris (Goya-Zyklus), obra en ocho números inspirada en grabados goyescos, de los cuales la mitad habían sido ya interpretados: los tres Caprichos para guitarra sola y el dúo para guitarra y cello, escrito a partir de una pieza de Los desastres de la guerra. En los cuatro números restantes, que eran los que en puridad se estrenaban (tres basados en la Tauromaquia y uno en los Disparates), se añade un trío formado por violín, viola y clarinete.

La obra responde a la perfección a la personalidad artística del músico andaluz: una atmósfera común, en la que dominan el carácter elegíaco y las dinámicas cercanas al silencio, de donde parecen salir y en donde terminan todos los sonidos, otorga coherencia y unidad al proyecto, que luego se desarrolla a través de un juego de superposiciones tímbricas, armónicas o de tempi, con un trabajo depuradísimo sobre las texturas, que se presentan en infinidad de formas diferentes, merced al aprovechamiento de todas las posibilidades sonoras (ortodoxas y heterodoxas) de los instrumentos. Notable importancia adquiere también el ritmo, con secuencias en los que prácticamente no puede apreciarse otro parámetro, mientras que el contenido melódico queda diluido en minúsculos motivos fragmentarios. La guitarra, que tocó de forma virtuosa e intensa Jürgen Ruck, se configura en el centro de la obra: es punteada, rasgada, frotada, golpeada, rascada, hasta zarandeada, para obtener de ella polifonías insólitas, matices insospechados y extremos.

Música de límites, que otorga al oyente un papel considerable, tuvo una muy buena acogida entre el escaso público presente. Con coherencia se había programado en la primera parte Inscriptio, para clarinete solo, de carácter similar al ciclo goyesco. Más impersonal la obra de Elena Mendoza, escrita para violín y guitarra, una de las menos interesantes de las que se han incluido en el disco monográfico que el sello Kairos ha dedicado recientemente a la compositora sevillana. El extraordinario Trío de Schönberg sonó en una versión clara y equilibrada, pero roma, poco punzante y ácida.

[Publicado en Diario de Sevilla el miércoles 25 de marzo de 2009]