miércoles, 4 de marzo de 2009

La música extremada

El Cuarteto Borodin en el año 2001, todavía con valentín Berlinsky como violonchelista (© Juan Carlos Ortiz / Diario de Sevilla)
CUARTETO BORODIN

Ciclo de Música de Cámara de la Fundación Cajasol. Componentes: Ruben Aharonian, violín I; Andrei Abramenkov, violín II; Igor Naidin, viola; Vladimir Balshin, violonchelo. Programa: Cuarteto nº2 en fa mayor de Sergei Prokofiev; Concertino de Igor Stravinski y Cuarteto nº1 en la mayor de Alexander Borodin. Lugar: Sala Joaquín Turina del Centro Cultural Cajasol. Fecha: Martes 3 de marzo. Aforo: Tres cuartos de entrada.

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MÚSICA EXTREMADA E INTENSIDAD EXPRESIVA

Su anterior comparecencia en este mismo ciclo (integral de Cuartetos de Shostakovich entre diciembre de 2001 y mayo de 2002 [de donde sale la foto que encabeza esta reseña]) dejó una de las huellas más hondas que los melómanos sevillanos recuerden y, a pesar de que el histórico Valentin Berlinsky dejó el grupo en el verano de 2007 (y falleció en diciembre pasado), el Borodin volvió a ofrecer una actuación antológica, con un repertorio en el que es difícil encontrar una agrupación en el mundo que se le iguale.

Con un empaste en verdad impresionante, sobre todo si se tiene en cuenta que han pasado sólo dieciocho meses desde la incorporación al grupo del violonchelista Vladimir Balshin, el conjunto mostró una homogeneidad sonora, una transparencia, una profundidad de foco y una comunión artística con el repertorio elegido soberbias.

Aunque el compositor es conocido básicamente por su música pianística, sinfónica y escénica (ballets y óperas), el poco programado Cuarteto nº2 de Prokofiev tiene importantes puntos de contacto con sus conocidas Sonatas de guerra, por la extremosidad de los contrastes, la rudeza de las armonías y la impactante agresividad de la tímbrica, que el Borodin presentó con una desnudez y un descarnamiento a la vez sobrios y detallistas, de rítmica muy marcada y articulación seca y rotunda.

A Stravinski el conjunto lo miró también desde el ángulo de la rítmica, con acentos agresivos y un fraseo de exquisita y noble austeridad, que pusieron al Concertino (de 1920) en contacto con su agresiva etapa rusa. Pero los arcos del Borodin no sólo están en condiciones de tocar con impecable frialdad quirúrgica, sino que tienen alma, como demostraron en una interpretación ardiente, llena de recovecos, claroscuros y matices del Cuarteto nº1 del compositor del que toman su nombre.

[Publicado en Diario de Sevilla el miércoles 4 de marzo de 2009]