sábado, 14 de junio de 2008

Nueva temporada del Maestranza

La fanciulla del West en la producción de Piero Faggioni (© Catherine Ashmore)
El pasado miércoles 11 se presentó el avance de programación del Teatro de la Maestranza y la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla para la Temporada 2008-09. La ampliación y mejora de la maquinaria del teatro llevada a cabo en los tres últimos años y el incremento (aún modesto) del presupuesto permiten una mayor actividad, de modo que el teatro ofrecerá más de 100 espectáculos (en la rueda de prensa, Pedro Halffter dijo que eran 119, pero a mí me salen algunos menos, salvo que se consideren espectáculos las charlas previas a los conciertos de la ROSS) y abrirá en torno a los 130 días, lo cual no está mal, sobre todo si se tiene en cuenta que en el verano el cierre es casi completo (la tradicional zarzuela se ha trasladado a principios de julio, de ahí el "casi").

Lo más llamativo de esta programación es el incremento significativo del número de óperas que podrán escucharse. Las representadas dentro del programa estrella pasan de cuatro a cinco, pero además hay cuatro títulos en versión de concierto (cinco si se considera La vida breve de Falla con la que la ROSS inicia su temporada y que se incluye igualmente dentro del programa de la Bienal de Flamenco), una llamada Ópera para jóvenes (Lo speziale de Haydn en la producción reducida que ya presentó el teatro y que ahora habrá que adaptar al escenario grande), la habitual Ópera para escolares y familias (Allegro Vivace, el espectáculo de Joan Font para el Liceo de Barcelona que hace un recorrido por la historia del género) y otra en la Sala Manuel García (el Segismundo de Tomás Marco del que ya hablé por aquí).

Doktor Faust en la producción de Peter Mussbach (© Ruth Walz / Monika Rittershaus)
De los cinco títulos principales resulta especialmente destacable el Doktor Faust de Busoni, que es estreno en España, con lo cual el Maestranza mantiene la línea iniciada hace dos años con El sonido lejano de Schrecker y continuada con el doble programa Zemlinsky (Una tragedia florentina, El enano) visto hace apenas un mes, lo mejor de una temporada 2007-08 que hasta ese momento había naufragado por completo. El nombre de Peter Mussbach parece además garantía de buen espectáculo. El segundo título digno de mención es Giulio Cesare in Egitto de Haendel, ya que es la primera vez que una ópera de la primera mitad del siglo XVIII se representa en el Maestranza (¡ya iba siendo hora!), aunque lamentablemente el elenco vocal no parece para tirar cohetes (está Lawrence Zazzo, vale, y Elena de la Merced debuta como Cleopatra; Tuva Semmingsen hizo de Sesto con Jacobs en el Julio César de Francisco Negrín para Copenhague; Frontal y Rodríguez Cusí me parecen fuera de sitio y no conozco a David Hansen, que supongo hará de Nireno; el elenco está por completar), y es que no se puede programar con tanta premura, menos un título como este, que requiere de grandes especialistas y que pertenece a un sector del repertorio que no se ha hecho nunca en el teatro y que necesita presentarse en las mejores condiciones posibles. En cualquier caso, la Orquesta Barroca de Sevilla estará en el foso y dirigirá Andreas Spering, cuya trayectoria como operista haendeliano sinceramente desconozco.

Tristán e Isolda en la producción de Pier Luigi Pier'Alli para la Ópera de Roma con una Evelyn Herlitzius a la que no conozco y que ha despertado división de opiniones entre los que me dicen sí haberla escuchado; el Tancredi de Rossini de Yannis Kokkos que se vio en el Real, con Daniella Barcellona; y la espectacular Fanciulla del West de Piero Faggioni para el Covent Garden con doble reparto (en uno de ellos, con la pareja Dessi-Armiliato) completan la lista. Sorprende la ausencia de un título de gran tirón popular, pues ni el rossini ni el puccini lo son. Tal vez la dirección del teatro debería haber dejado Tristán para el año próximo y completar con algún verdi bien conocido, aunque a mí la apuesta me gusta como está. La Bruja de Chapí en la producción del Teatro de la Zarzuela y con Nancy Fabiola Herrera de protagonista será sin duda una excelente muestra de lo mejor que puede ofrecer el género lírico español.

De los títulos en concierto, destaca un nuevo Haendel (Orlando, otra vez con Lawrence Zazzo y dirigido por Eduardo López Banzo, que ya lo hizo este año en Valencia), un programa doble con Erwartung de Schoenberg y El viaje a Simorgh de Sánchez Verdú (que al aparecer ha arreglado su obra original para la ocasión) y Los pescadores de perlas de Bizet cuyo mayor aliciente es la presencia de una megaestrella como Roberto Alagna, que hará pareja con una habitual de sus recitales, Nathalie Manfrino. En este vídeo los dos cantan un dúo de la obra de Bizet hace ya unos añitos.



Del resto de la programación del teatro, se echa en falta una vez más el ciclo de orquestas del mundo que feneció hace ya unos años, pero los recitales líricos están bien (viene Inva Mula y von Otter lo hace acompañada por Concerto Copenhagen: me temo que las dimensiones del Maestranza pueden jugarle una mala pasada). En el Ciclo de Grandes Intérpretes hay dos citas ineludibles: el gran Herbie Hancock y Uri Caine, que ofrece el espectáculo inspirado en 1808 que estrena en unos días en el Festival de Granada. Poca danza y sólo tres pianistas, entre ellos Zacharias (¡bien!; pero ¿para cuándo Andsnes?).

La ROSS amplía su número de programas de abono (18, aunque cuatro de ellos correrán a cargo de otras orquestas: Sinfónica de Euskadi, Barroca de Sevilla, Real Filharmonia de Galicia, Ciudad de Granada) y ofrece una buena nómina de solistas (Isserlis, Mork, Lugansky, Perianes, Frost...) y un repertorio en el que hay más Clasicismo que de costumbre, en el que brilla con luz propia un gran programa Messiaen (De los cañones a las estrellas) y en el que Frühbeck repite con Beethoven y sus Albéniz (¡uf!). Incomprensible me resulta el mantenimiento de la política de los concertinos invitados que, desde mi punto de vista, limita el crecimiento del conjunto: si con convocatorias públicas no se puede cubrir con garantías ese puesto, habrá que poner una buena oferta encima de la mesa y fichar a alguien. ¿Que no hay dinero? ¿Qué tal empezar a juntar con ese medio milloncejo de euros que se invierte en una gira de tres conciertos por China cuyo beneficio sigo sin vislumbrar?

En la rueda de prensa del miércoles, la delegada de cultura del Ayuntamiento, Maribel Montaño, siguió considerando a la ROSS entre las ocho mejores orquestas del mundo por haber sido una de las ocho invitadas a ese Olympic Arts Festival, que compartirá con formaciones del fuste de la Sinfónica de Nueva Zelanda, la BBC de Escocia, la Orquesta de Cámara de Helsinki y los Cincinnati Pops, entre otras. (Cada cual es libre de hacer el ridículo como mejor le parezca, pero el carácter reincidente de esta mujer me parece ya excesivo.) La relevancia del evento queda a la luz si uno trata de buscarlo por Internet. Me ha sido imposible encontrar una web del sitio. Me dirigí incluso a la página oficial de los Juegos, donde un apartado llamado Cultural Festival me hizo albergar esperanzas, aunque luego resultó que se trataba de un festival que se organiza en China desde hace 5 años (supongo que desde la proclamación de la candidatura olímpica), y en el que obviamente no había ni rastro de las Ocho orquestas. Una agrupación sinfónica necesita sin duda sacudirse el polvo y la caspa de la rutina diaria haciendo giras por el extranjero, pero en su diseño hay que contemplar siempre la relación entre costo y beneficio. 460.000 euros de dinero público (130.000 el Ayuntamiento, 230.000 la Junta, 100.000 el Ministerio) en época de crisis que se adivina larga y aguda y cuando hay tantas instituciones musicales de nuestro entorno necesitadas de mayor atención (empezando por los Conservatorios y siguiendo, por ejemplo, por la Barroca de Sevilla, a la que acaba de negarse una subvención de 85.000 euros/año que le habría permitido hacer, entre otras cosas, una gira por Francia) me parece un costo demasiado elevado para tan magro beneficio. ¿Tocar el Concierto de Aranjuez o el Sombrero de Tres Picos para cuatro o cinco mil chinos en los ultramodernos auditorios de Pekín y Shanghai en un evento cultural de tercer orden es de verdad una plataforma publicitaria tan interesante como para justificar ese desembolso? En mi opinión, no, salvo que se trate de una maniobra publicitaria de índole política y para consumo interno, con lo cual estaríamos hablando de otra cosa y el asunto sería muchísimo más grave. Que no se olvide que esos 460.000 euros suponen más del 50% del presupuesto dedicado a programación por la ROSS para el curso 08-09, que asciende a 900.000. No nadamos precisamente en la abundancia. ¿Acaso nos perdemos a algún director o a algún solista de mayor calidad de los que vienen a cuenta de los conciertos de la China? Que reflexione quien tenga que hacerlo y que los aficionados lo tengan en cuenta.