domingo, 15 de junio de 2008

Imperial Haendel

Giulio Cesare en la producción de Herbert Wernicke para el Liceo de Barcelona (© Bofill)
Con Giulio Cesare in Egitto de Haendel por fin llega al Teatro de la Maestranza una producción escénica de una obra concebida en la primera mitad del siglo XVIII, sector del repertorio que lleva muchos años bien asentado en la oferta de los teatros y festivales más prestigiosos del mundo y que había sido por completo marginado en Sevilla. Julio César es además la obra más famosa de Haendel y la que más veces ha sido representada y producida desde su estreno en el King’s Theatre de Haymarket (Londres) el 20 de febrero de 1724. Para entonces, el compositor llevaba ya una década instalado en Inglaterra y vivía los mejores tiempos de su carrera operística. Desde su nombramiento como Director de la Real Academia de Música en 1719, el músico había presentado cuatro óperas (una en dos versiones diferentes) y un acto completo de otra, y después del Julio César aún seguirían ocho más hasta la disolución de la institución en 1728.

Para Giulio Cesare, Haendel contó con un libreto del veneciano Nicola Haym y con un elenco absolutamente excepcional, que incluía a las dos grandes divas de la época (Margarita Durastanti y Francesa Cuzzoni) y a los castrati más reputados (Senesino y Berenstadt). El éxito fue extraordinario desde la primera noche. La obra se representó 13 veces y luego se repuso en 1725, 1730 y 1732. Hamburgo, París y Brunswick ofrecieron también la ópera en vida del músico. Luego casi dos siglos de olvido hasta su rescate en 1922, muy retocada, y con las tesituras vocales cambiadas, como fue práctica común hasta hace poco menos de 30 años.

Aunque responda de forma indiscutible al modelo de ópera barroca italiana que el compositor había logrado imponer en Londres, con recitativos seccos que hacen avanzar la acción y arias que ahondan en el perfil psicológico de los personajes, en Julio César Haendel consiguió una fluidez teatral por entonces casi desconocida, gracias a una perfecta disposición dramática de los números musicales, que incluyen fragmentos instrumentales, recitativos acompañados, cavatinas, dúos y pequeños conjuntos. Todo ello crea una trama tan sutilmente articulada que su manipulación mediante mutilaciones y cambios arbitrarios, que es más habitual de lo razonable incluso hoy, altera el sentido último de una auténtica obra maestra, un impresionante fresco histórico (en el doble sentido del término, por su temática y por la importancia que tiene en el desarrollo del género lírico) opulentamente orquestado y que contiene algunas de las más memorables arias de la historia de la ópera.

[Publicado en Diario de Sevilla el jueves 12 de junio de 2008]



P.S. Me hubiera gustado ofrecer un fragmento del Giulio Cesare de Wernicke, pero lamentablemente el CD que me pasaron con vídeos de las producciones que se verán en el Maestranza el año próximo está defectuoso. He puesto en su lugar el "Va tacito" de la producción de Francisco Negrín para el Royal Danish Theater de Copenhague (marzo de 2005), con Andreas Scholl en el rol principal y el Concerto Copenhagen en el foso bajo la dirección musical de Lars Ulrik Mortensen (conjunto y director que estarán presentes en la temporada del teatro, acompañando a la mezzo Anne-Sophie von Otter). Tolomeo (el calvo madurito del que se burla César) lo interpreta Christopher Robson y Achilla (el calvo fortachón del final), Palle Knudsen. Una pena que esta producción no exista ya, pues a mí me gusta mucho, aunque al menos ha quedado testimonio visual de ella, pues Harmonia Mundi la publicó hace unos meses en un doble DVD, de donde se ha extraído esta preciosa aria.