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lunes, 10 de mayo de 2010

La séptima puerta

Béla Bartók
Hija a la vez de Strauss y de Debussy, El castillo de Barba Azul, la única ópera de Bartók, se programa hoy rara vez. Escrita en 1911 y revisada hasta tres veces (1912, 1918 y 1921), la obra se apoya en un libreto de Béla Balázs compuesto a partir de uno de los cuentos de hadas menos infantiles de los editados por Charles Perrault, Barba Azul, supuesta versión de la historia real de uno de los psicópatas más famosos de la historia, el noble bretón del siglo XV Gilles de Rais. Balázs pasa el cuento por el filtro del simbolismo y Bartók construye su obra mezclando el estatismo debussysta de Pelléas con una suntuosidad orquestal y una concentración expresiva que sirve a la perfección la pintura de atmósferas que requiere cada una de las siete secciones en que se divide la pieza, una por cada puerta del sangriento castillo.

Aunque en manos de un buen dramaturgo, la riqueza de las imágenes simbólicas y sus alusiones a las oscuridades del subconsciente tan de moda en la época podrían acabar derivando en un impactante espectáculo teatral, puede resultar comprensible que la obra se haga poco en escena, pero no hay excusa para que no pueda ofrecerse más a menudo en versión de concierto, pues por duración (en torno a la hora) y por atractivo musical se adapta bien a cualquier tipo de público y de conjunto con un mínimo de pretensiones de salirse de los caminos trillados. La Sinfónica de Londres incluyó la obra en su temporada 2008-09, y en este CD pueden seguirse los resultados. La batuta de Gergiev se muestra aquí notablemente contenida para lo que suele ser habitual en sus interpretaciones de los grandes clásicos rusos, aunque podría haberse esperado un color más tornasolado, un tratamiento un punto más sutil y fantasioso de los matices de dinámicas. Sir Willard White hace una auténtica recreación, tenebrosa y aristocrática al tiempo, del personaje principal y la mezzo rusa Elena Zhidkova le da réplica con una voz de hermosas veladuras y una densidad y un color plenamente eslavos. El (breve) Prólogo hablado se ofrece en traducción inglesa.

El castillo de Barba Azul de Béla Bartók por Valeri Gergiev en LSO Live
BARTÓK - BLUEBEARD'S CASTLE

Elena Zhidkova, mezzosoprano (Judit)
Willard White, bajo-barítono (Barba Azul)
Orquesta Sinfónica de Londres
Director: Valery Gergiev

Béla Bartók (1881-1945): A kékszakállú herceg vára (El castillo de Barba Azul)
ópera en un acto con libreto de Béla Balázs

1. Prólogo e Introducción
2. Primera puerta: La cámara de torturas de Barba Azul
3. Segunda puerta: El arsenal
4. Tercera puerta: El tesoro
5. Cuarta puerta: El jardín
6. Quinta puerta: El vasto y bello reino de Barba Azul
7. Sexta puerta: El lago de lágrimas
8. Séptima puerta: Las esposas de Barba Azul
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LSO LIVE LSO0685 (Harmonia Mundi) [58'53'']
Grabación: Enero de 2009



Bartók: "Las esposas de Barba Azul (Séptima puerta)" de El castillo de Barba Azul. [8'29''] Willard White. Elena Zhidkova. Orquesta Sinfónica de Londres. Valery Gergiev

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miércoles, 3 de febrero de 2010

Las dos caras de un violín

Conciertos para violín de Beethoven y Britten por Janine JAnsen y Paavo Järvi en Decca
BEETHOVEN - BRITTEN - VIOLIN CONCERTOS

Janine Jansen, violín
Die Deutsche Kammerphilharmonie Bremen (en Beethoven)
Orquesta Sinfónica de Londres (en Britten)
Director: Paavo Järvi

1. Ludwig van Beethoven (1770-1827): Concierto para violín y orquesta en re mayor Op.61
2. Benjamin Britten (1913-1976): Concierto para violín y orquesta Op.15
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DECCA 478 1530 (Universal) [73'21'']
Grbación: Julio y Agosto de 2009


Espléndido programa doble el que presenta Janine Jansen, excelente violinista, como vuelve a demostrar en un ágil Beethoven que Paavo Järvi y la soberbia Deutsche Kammerphilharmonie de Bremen tocan con acentos rotundos, fraseo afilado y articulaciones muy marcadas, en una visión que mira más al pasado clásico que al futuro romántico. En el Concierto de Britten, con la London Symphony de acompañante, admira tanto el vuelo lírico de la solista como la intensidad y el tornasolado ropaje tímbrico que le presta la batuta.

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 30 de enero de 2010]



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lunes, 1 de febrero de 2010

Sinfonías en sombra

Jean Sibelius
El 24 de marzo de 1924, Jean Sibelius dirigía en Estocolmo el estreno de su 7ª Sinfonía. Le quedaban aún treinta y tres años y medio de vida, pero su obra estaba ya prácticamente cerrada. Sólo el poema sinfónico Tapiola y algunas piezas breves salieron de su pluma en todo ese tiempo, mientras la idea de una octava sinfonía que sirviera de síntesis a todo su universo orquestal daba vueltas y más vueltas, boceto va y boceto viene, hasta llegar incluso a las manos de un copista, sin que jamás se atreviera a ponerle fin o presentarla al público.

Su carrera como sinfonista había empezado en 1899, con una primera obra que hablaba todavía el lenguaje heroico del Romanticismo, teñido por colores oscuros y brumas norteñas. La 2ª, de 1902, parecía fortalecer además la exaltación nacionalista (Sinfonía de la liberación fue llamada por sus compatriotas), un sentimiento que puede rastrearse ya en sus poemas sinfónicos de los años 90 y en Kullervo (1892), una especie de híbrido entre éstos y el oratorio, por la presencia de dos solistas vocales y un coro. El compositor estaba en cualquier caso más preocupado por los principios formales que por los contenidos extramusicales de su obra, y ello se nota en su 3ª Sinfonía (1907), escrita en tres movimientos, que gira bruscamente hacia la concisión y la claridad, acogiéndose a presupuestos clásicos y rechazando la elefantíasis sinfónica postromántica entonces de moda.

Sir Colin Davis
Con todo, es con la enigmática, introspectiva, sombría 4ª (1911) con la que el finlandés se asegura un puesto entre los músicos más audaces de su tiempo. Obra circular, que emplea sin ambages la atonalidad y la politonalidad, fue acogida con frialdad e incomprensión. Aunque con pasajes por completo luminosos y resplandecientes, las sombras acechan también sobre la 5ª (1915), que muchos han entendido como un canto a la naturaleza, y ello a pesar de su tonalidad de mi bemol mayor (¡como la Heroica de Beethoven!). En la 6ª (1923) se retoma la senda clasicista de la 3ª, pero ahora abandonándose a una melancolía a la vez sobria y exquisita. Con la 7ª, el compositor pareció querer liberarse de un plumazo de toda la tradición del género, componiendo un fresco orquestal en el que el material fluye y refluye en un permanente contraste entre modo mayor y menor, expansión y colapso, luz y sombra. Después, a Sibelius sólo le quedaba el silencio.

Sir Colin Davis ha venido registrando en los últimos años con la Sinfónica de Londres y en vivo su tercera integral de las sinfonías del compositor, que ahora el sello de la orquesta londinense publica en cuatro discos (que incluyen Kullervo) para dejar constancia del extraordinario binomio que forma el director británico con el compositor finlandés, siguiendo así la tradición marcada además de por sus anteriores trabajos por los de otros compatriotas, como Beecham, Barbirolli o Rattle, todos ellos extraordinarios intérpretes de uno de los mayores sinfonistas del siglo XX.

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 30 de enero de 2010]

Sinfonías de Sibelius por Colin Davis en LSO Live
SIBELIUS - SYMPHONIES NOS. 1-7 - KULLERVO

Peter Mattei, barítono (en CD 4)
Monica Groop, mezzosoprano (en CD 4)
London Symphony Chorus (en CD 4)
London Symphony Orchestra
Director: Colin Davis

Jean Sibelius (1865-1957)

CD 1

1. Sinfonía nº1 en mi menor Op.39
2. Sinfonía nº4 en la menor Op.63

CD 2

1. Sinfonía nº2 en re mayor Op.43
2. Sinfonía nº3 en do mayor Op.52

CD 3

1. Sinfonía nº5 en mi bemol mayor Op.82
2. Sinfonía nº6 en re menor Op.104
3. Sinfonía nº7 en do mayor Op.105

CD 4

Kullervo, poema sinfónico para solistas, coro y orquesta Op.7
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4 CD LSO LIVE LSO0191 (Harmonia Mundi) [78'20'' - 75'34'' - 79'13'' - 72'12'']
Grabaciones: De Septiembre de 2002 a Julio de 2008



Sibelius: Andantino con moto, quasi allegretto de la Sinfonía nº3. [11'07''] Orquesta Sinfónica de Londres. Colin Davis

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lunes, 16 de noviembre de 2009

Y la luz se hizo

Salieri dirige La Creación enun homenaje a Haydn en Viena el 27 de marzo de 1808 (acuarela de Balthasar Wigand)
Fue en una de sus estancias en Londres cuando propusieron a Joseph Haydn la escritura de un oratorio sobre el tema de la creación a partir de una adaptación de textos bíblicos y de unos pasajes de El paraíso perdido de John Milton. A su regreso a Viena, el barón van Swieten, amigo del músico y figura clave en la difusión de la música de Bach y Haendel entre los grandes maestros del Clasicismo, se interesó por el asunto, reescribió (más que tradujo) el libreto en alemán y se lo ofreció al compositor, que trabajó en Die Schöpfung entre el otoño de 1796 y principios de 1798 como si fuera la auténtica culminación de su carrera artística.

Por entonces, Haydn era con mucho el compositor más popular y admirado de Europa y ello se notó en el estreno oficial de la obra, una audición privada en el Palacio Schwarzenberg el 30 de abril de 1798 que, a pesar de su carácter restringido, exigió la intervención de la policía vienesa para canalizar a la multitud que no quería perderse el acontecimiento. El éxito fue atronador, lo que obligó a repetir la función el 7 y el 10 de mayo. El estreno público no se produjo hasta el 19 de marzo de 1799 en el Burgtheater, y el triunfo fue igualmente incontestable. En 1800 se editó la partitura y aquel año la obra se representó ya en media Europa.

La anterior experiencia de Haydn con el género (Il ritorno di Tobia, 1775) respondía a un modelo de oratorio italiano ya anticuado, de forma que detrás de La Creación los que laten son los grandes oratorios de Haendel, que impresionaron al compositor durante el Festival de Westminster de 1791. No obstante, la acción dramática brilla aquí por su ausencia: las dos primeras partes versan sobre la descripción del mundo natural con un indudable tono panteísta, mientras que en la tercera la aparición de los personajes de Adán y Eva le transmiten una dimensión ética que, para Robbins Landon, tiene mucho que ver con el mensaje masónico e ilustrado de La flauta mágica.

René Jacobs
René Jacobs deslumbró en 2004 con su grabación del otro gran oratorio tardío de Haydn, Las estaciones, y ahora vuelve a renovar la escucha iluminando con su perfecta simbiosis entre pasión dramática y transparencia expositiva una obra que tiene una extensa tradición discográfica, tradición en la que se cuenta Sir Colin Davis, cuya interpretación de la obra realizada en octubre de 2007 con los conjuntos de la Sinfónica de Londres es publicada también en CD por el sello de la orquesta británica (LSO Live). Davis cuenta con un estupendo trío vocal (Sally Matthews, Ian Bostridge y Dietrich Henschel) y luce singularmente en las partes más oscuras y densas, que clarifica de forma admirable, pero la belleza y variedad del color, la fuerza emotiva de los contrastes y el detallismo de cada frase obtenidos por Jacobs tienen algo de revelación, de cosa nunca dicha sobre esta obra crucial en la historia de la música occidental.

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 14 de noviembre de 2009]


La Creación de Haydn por René Jacobs en HM
Franz Joseph Haydn (1732-1809): DIE SCHÖPFUNG (LA CREACIÓN)
oratorio en tres partes con libreto de Gottfried van Swieten a partir de El paraíso perdido de Milton y el Antiguo Testamento

Julia Kleiter, soprano (Gabriel y Eva)
Maximilian Schmitt, tenor (Uriel)
Johannes Weiser, bajo (Rafael y Adán)

RIAS-Kamerchor
(director: Hans-Christoph Rademann)
Freiburger Barockorchester
Director: René Jacobs

CD 1: Partes I y II
CD 2: Parte III

DVD: Creating the Creation (making-of de la grabación), una película de Nayo Titzin
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2 CD + 1 DVD HARMONIA MUNDI HMC 992039.40 [72'59'' - 28'05'' - 23'00'']
Grabación: Enero de 2009




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La Creación de Haydn por Sir Colin Davis en LSO
Franz Joseph Haydn (1732-1809): DIE SCHÖPFUNG (LA CREACIÓN)
oratorio en tres partes con libreto de Gottfried van Swieten a partir de El paraíso perdido de Milton y el Antiguo Testamento

Sally Matthews, soprano (Gabriel y Eva)
Ian Bostridge, tenor (Uriel)
Dietrich Henschel, barítono (Rafael y Adán)

Coro Sinfónico de Londres
Orquesta Sinfónica de Londres
Director: Colin Davis

CD 1: Parte I
CD 2: Partes II y III
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2 SACD LSO0628 (Harmonia Mundi) [37'42'' - 65'07'']
Grabación: Octubre de 2007




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sábado, 21 de marzo de 2009

Del Real a Granada

El Palacio de Carlos V de Granada hacia 1885 (© José García Ayola - Museo Casa de los Tiros)
El pasado lunes se presentó la Temporada 2009-10 del Teatro Real de Madrid con amplio eco tanto en la prensa nacional como en los blogs musicales españoles. Justo una semana antes (el lunes 9) se había presentado la edición número 58 del Festival Internacional de Música y Danza de Granada sin que la cobertura mediática rebasara apenas el ámbito de lo local, pues ni los grandes medios nacionales con ediciones andaluzas (El País, El Mundo) se molestaron en informar a sus lectores. Entiendo el interés generado por la programación de uno de los tres grandes contenedores de ópera de España, pero me causa estupor y sonrojo el tratamiento concedido al que, en mi opinión, es el más importante festival español de nuestros días, el de más amplia trayectoria (junto al de Santander) y el de mayor proyección internacional, y ello a pesar de que su presupuesto dista mucho de estar entre los primeros del país.

Más allá de la incomprensible inquina visceral que algunos muestran hacia su todavía director musical, el buen maestro zamorano Jesús López Cobos, la programación del Real ha sido mayoritariamente alabada, y no seré yo quien le niegue elogios a un repertorio que me parece bastante equilibrado, por más que me sobren las versiones de concierto y que me falte un título del siglo XXI, pues, en mi opinión, un teatro como el Real no puede pasar un solo año sin presentar al menos una obra creada en la última década, y en la temporada 2009-10 lo más nuevo será Lulu, que, por mucho que Antonio Moral se esfuerce en hacer referencia a la presentación de la versión completada en 1979 para acercarla a nuestros días, tiene ya más de setenta años.

Con respecto a Granada, reconozco que no soy demasiado imparcial, pues me encanta la ciudad y he disfrutado mucho en el Festival. Por más que discrepe con algunas de sus decisiones (la organización de los matinales de fin de semana me parece francamente mejorable), creo que la dirección de Enrique Gámez ha fortalecido el certamen al apostar (en una línea ya trazada por Alfredo Aracil) por las ideas frente a la acumulación de conciertos y de, más o menos grandes, figuras (o figurones) de la música. Un Festival tiene una función social y didáctica que cumplir, no puede ser una mera agrupación de recitales para la autocomplacencia de los melómanos locales o (peor aún) para el autorreconocimiento social de determinadas elites urbanas. Gámez y su equipo exprimen el magro presupuesto (en la práctica congelado desde hace mucho) al máximo en un intento por conciliar una articulación interna coherente, en torno a unos ejes temáticos vertebradores que den sentido a la muestra, con la presencia de importantes nombres de la música internacional. Pero milagros no se pueden hacer y si no me equivoco este año habrá menos conciertos que en pasadas ediciones.

De la programación estrictamente musical (no comento la danza ni el flamenco, porque se salen de la temática de este blog y porque son disciplinas artísticas de las que entiendo más bien poco) llama la atención esa Carmen de concierto que John Eliot Gardiner dirigirá por duplicado a su Orquesta Revolucionaria y Romántica y al Coro Monteverdi con Anna Caterina Antonacci en el papel de la gitana. Se ha programado a las 10 de la noche, media hora antes de lo habitual, en el Palacio de Carlos V. [Abro paréntesis, patrocinado (eso quisiera yo) por Turismo de Andalucía: para los conciertos que se celebran en el entorno de la Alhambra (Palacio de Carlos V, Patio de los Arrayanes, Teatro del Generalife), que por supuesto es el centro neurálgico del Festival, yo recomiendo subir a pie tranquilamente por la Cuesta Gomérez (cuidado con los autobuses, que bajan como si participaran en un rally), con tiempo suficiente, acceder a los alrededores del Palacio por la Puerta de la Justicia, tomarse una limonada antes de pasar el control de acceso al concierto (la cerveza suele estar más fresquita en el intermdio o al final), traspasar la Puerta del Vino y desde la Plaza de los Aljibes disfrutar de las vistas sobre el Albaicín.]

La programación sinfónica incluye una nueva visita de la London Symphony (estuvo hace un par de años o tres con Colin Davis), esta vez dirigida por Michael Tilson Thomas, que debuta en Granada con un doble programa del siglo XX (Debussy, Ravel, Villa-Lobos; Ives, Prokofiev, Stravinski) y la joven pianista Yuja Wang, de la que nada sé. Como es habitual en el último lustro, el Festival lo cerrará Daniel Barenboim con su Staatskapelle de Berlín, que dará tres conciertos recortados a causa de la crisis, pues se han caído del cartel los inicialmente previstos Waltraud Meier (Canción de la Tierra) y Pierre-Laurent Aimard (un Concierto de Bartók). En su lugar, Barenboim volverá a sentarse al piano para ofrecer otra vez el 3º de Beethoven en un primer día que completa con Mendelssohn y Mahler (Adagio de la 10ª). El segundo día llega por fin el homenaje a Elliott Carter en principio previsto para 2008, el año en que el compositor americano cumplía los 100 años (Symphonia: Sum Fluxae Pretium Spei): el concierto se completa con Wagner. El último día Barenboim vuelve sobre Bruckner (el año pasado ofreció la trilogía sinfónica final) interpretando la 4ª en un concierto que supongo tendrá algo más. La oferta sinfónica en el Palacio de Carlos V la completa la orquesta local, que acompañará a Mariola Cantarero en un programa belcantista. Arriesgada me parece la apertura, pues se trata de un recital de lied de Edita Gruberova que se ofrecerá en el Carlos V: para mí es una incógnita cómo puede funcionar allí la canción de cámara, que tan bien suena en el Patio del Hospital Real.

Las matinales de sábados y domingos (que siguen siendo gratuitas, algo que no comprendo, sobre todo desde la existencia del FEX) están este año dedicadas al tercer centenario de la expulsión de los moriscos, y su nivel me parece notablemente inferior al de ediciones anteriores. Hay un recital del magnífico organista jerezano Andrés Cea y se incluye un concierto de Stile Antico, uno de los conjuntos ingleses de polifonía más prometedores de nuestros días, pero ni La Folía de Pedro Bonet ni el Lachrimae Consort de Philippe Foulon me parecen conjuntos destacables en el actual panorama europeo y la Capella de Ministrers es un grupo demasiado irregular y tampoco de los punteros, si bien la segunda de sus actuaciones la comparte con el Ensemble Akrami en un interesante proyecto sobre la música andalusí de la Valencia de los siglo XII y XIII.

Poco más queda de música en el programa central del festival, aunque lo que queda es muy atractivo, pues seductora es la perspectiva de escuchar la Suite Iberia en los Arrayanes, interpretada además por Luis Fernando Pérez, quien recientemente grabó una estupenda y sorprendente versión de la obra para el sello Verso. El homenaje a Albéniz en el año del centenario de su muerte se completa con el café-concierto en el teatrillo del Alhambra Palace (que recomiendo sin reservas, pues el ambiente es muy agradable y sus vistas al atardecer son impresionantes), este año sólo un programa (tres días seguidos), que ofrece la joven pianista donostiarra Judith Jáuregui. Otro de los platos fuertes del Festival será el estreno del Libro de las estancias, del siempre fascinante Sánchez Verdú, una obra que es encargo del propio festival granadino en coproducción con el Instituto Valenciano de la Música, y que en su presentación contará con las voces de Carlos Mena y Marcel Pérès.

Finalmente, no deben olvidarse los dos conciertos que (lunes y martes posteriores al cierre oficial del certamen) ofrecerán los profesores de los Cursos Manuel de Falla, una nómina compuesta por importantes maestros del historicismo (este año, entre ellos, Maggie Cole, Jaap ter Linden, Carles Riera, Josep Borràs, Ab Koster o Erich Hoeprich) que tocarán obras de Haydn, Mozart y Brahms (Quinteto con clarinete), ni el FEX, el Festival Extensión, que lleva la música a todos los rincones de la ciudad durante los días que dura la muestra. Visitar Granada es siempre un placer. Hacerlo entre el 25 de junio y el 14 de julio próximos supone además una ocasión extraordinaria para conocer la ciudad inmersa en la materia de la que están hechas las grandes emociones artísticas, la música.

jueves, 29 de enero de 2009

Primavera húngara en Londres

Sinfonías de Schumann y Brahms por István Kertész en BBC Legends
KERTÉSZ
Orquesta Sinfónica de Londres
Director: István Kertész

1. Matthew Locke (c.1622-1677): Music for His Majesty's Sackbutts & Cornetts
2. Robert Schumann (1810-1856): Sinfonía nº1 en si bemol mayor Op.38 Primavera
3. Johannes Brahms (1833-1897): Sinfonía nº2 en re mayor Op.73
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BBC LEGENDS BBCL 4229-2 (Diverdi) [79'31'']
Grabaciones: Noviembre de 1965 (Schumann) y Febrero de 1966

István Kertész (1929-1973) forma parte de esa formidable nómina de directores húngaros que desarrollaron su carrera en el siglo XX y en la que están igualmente algunas de las batutas por las que mayor admiración siento, como Fritz Reiner, Georg Szell o Ferenc Fricsay (también Solti y Ormandy, claro). Si el nombre de Kertész es menos conocido que el de los anteriores, ello se debe sin duda a que murió en plena juventud artística (y de forma algo estúpida, pues pereció ahogado en una playa de Israel) y a que su legado discográfico, aun habiendo trabajado para una gran multinacional (Decca) y teniendo algunos hitos fundamentales (integral Dvorák), no puede compararse ni en cantidad ni en profundidad con el de la mayoría de los otros maestros. Así que este disco que presenta la BBC en su serie Leyendas es importante, pues ofrece la Sinfonía Primavera de Schumann, obra que Kertész no registró en estudio y que ofrece al frente de una Sinfónica de Londres que muestra una forma excepcional. La interpretación hace bueno el subtítulo de la obra, pues se trata de una visión vitalista, transparente y ligera, con unos movimientos extremos enérgicos y muy articulados, un Larghetto levemente ensoñador y un Scherzo de extrema elegancia. Una versión estupenda la que pudo escuchar aquel 30 de noviembre de 1965 el público del Royal Festival Hall. De unas semanas después (en concreto del 15 de febrero de 1966) es la toma, en el mismo auditorio, de la 2ª de Brahms (Kertész dejó una integral sinfónica del hamburgués en Decca), que suena en una interpretación también formidable, muy moderna por la incisividad de los acentos y la minuciosa articulación, lo que unido a un soberbio equilibrio entre secciones deriva en una extrema claridad de los planos sonoros. Un Brahms muy detallado y bastante alejado de la concepción marmórea y pretendidamente trascendente de la escuela centroeuropea. De aquel mismo día es la grabación de esa especie de suite a partir de música de Matthew Locke, una pavada que hoy nadie entendería y que en su momento debió de servir para mostrar el virtuosismo y el brillo de la sección de metales de la orquesta londinense.


Schumann: Allegro animato e grazioso (cuarto movimiento) de la Sinfonía Primavera. [7'20''] Orquesta Sinfónica de Londres. István Kertész.

viernes, 9 de enero de 2009

Por el violín hacia Dios

Bach y Gubaidulina por Mutter en DG
IN TEMPUS PRAESENS
Anne-Sophie Mutter, violín
Trondheim Soloists (Bach)
Orquesta Sinfónica de Londres
Director: Valery Gergiev

Johann Sebastian Bach (1685-1750):
1. Concierto para violín, cuerdas y continuo en la menor BWV 1041
2. Concierto para violín, cuerdas y continuo en mi mayor BWV 1042

3. Sofia Gubaidulina (1931): In tempus praesens - Concierto para violín y orquesta (2006/07)
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DEUTSCHE GRAMMOPHON 477 7450 (Universal) [62'38'']
Grabaciones: Febrero de 2007 (Bach); Febrero de 2008


Fallecido Messiaen en 1992, el peso de la relación entre la música occidental y la religión se volcó del lado de los compositores del este de Europa, fundamentalmente de los nuevos países salidos de la ruptura de la URSS y, por supuesto, de la propia Rusia: nombres como los de Pärt, Gubaidulina, Ustvolskaya o Tavener (inglés, pero vinculado a la iglesia ortodoxa) adquirieron de repente un inesperado protagonismo, que tuvo que ver también con el final abrupto de las vanguardias y la extensión del gusto por una música que hacía del estatismo una forma de éxtasis que pretendía conducir a una nueva espiritualidad, vinculada de forma muy evidente a las filosofías orientales, y no pretendo con ello meter en el mismo saco a los compositores nombrados, de estilos bien diferentes, incluso contrapuestos, si no es por su aspiración de crear lazos entre creación artística y trascendencia religiosa.

Sin ir más lejos, el estilo de Gubaidulina no tiene nada que ver con los de Pärt o Tavener. La rusa se ha convertido sin duda en una de las más conocidas compositoras de nuestros días, con una música que une aspiraciones místicas y expresionismo, de indudable raíz romántica. En este Concierto para violín, dedicado a Anne-Sophie Mutter, Gubaidulina ha querido dejar clara la simbología sonora: los sonidos agudos representan al cielo, los graves (con trombones, tuba o fagot), al infierno, de modo que los unísonos se convierten en símbolo de la unidad divina. La obra se divide en cinco episodios que suenan sin solución de continuidad y prescinde de violines en la orquesta, por lo que el diálogo entre el solista, que se mueve permanentemente en la esfera celeste, y el conjunto es una especie de lucha sin tregua entre luz y sombra. Algunos comentarios de Anne-Sophie Mutter sobre la obra:
El violín solo se hace escuchar constantemente y domina el diálogo con la orquesta. Al mismo tiempo, la orquesta sigue al violín como si fuera su sombra, principalmente porque los temas que toca el violín son repetidos en eco por los violonchelos y las violas. Esta estrecha malla es la que realza el dramatismo de la obra. Además, la imploración inicial del violín, parecida a la de un salmo, produce de entrada un efecto opresivo. La obra no deja en ningún momento de retomar su aliento. /.../ Hacia el final, el éxtasis reaparece de nuevo con las tubas wagnerianas, que evocan un inmenso sentimiento de revuelta, como si Brunilda apareciera de repente a caballo... una victoria conseguida sobre el destino. Maravillosamente plácido, el fin del concierto evoluciona en el extremo agudo, aunque las cuerdas graves nos recuerden una vez más las tinieblas y el combate que libran In tempus praesens la oscuridad y la luz. Escucho justo ahí el último coral de Bach, Vor deinen Thron tret ich hiermit. Bañada en una atmósfera de elevación espiritual, la obra se acaba sobre un fa sostenido agudo. /.../ Ha sido, sin exagerar, la más grande experiencia que yo haya vivido con una partitura contemporánea. Esta pieza es de una extrema densidad emocional.
Obra intensa, sí, que permite a la violinista alemana no sólo hacer demostración de extraordinaria técnica, sino también mostrar su capacidad para acentuar los contrastes expresivos de una estética que se decanta de forma decidida por un sentido dramático y trágico que compensan algunos afilados y siempre bien dispuestos pasajes líricos. Gergiev acompaña con una precisa y compacta Sinfónica de Londres. En esta atmósfera, la asociación con Bach surge de forma natural, pues la propia Gubaidulina lo reconoce como su gran inspirador, y por ello Mutter ha querido fundir el Concierto de la rusa con los dos conciertos violinísticos del Cantor, para lo que se ha reunido de nuevo con los Trondheim Soloists (con los que dejara ya su última grabación de las Cuatro estaciones de Vivaldi): sus interpretaciones son moderadas en todo, lejanas a los más expresivos y agresivos planteamientos barrocos, pero también a las antiguas romantizaciones, que tanto sufrió Mutter junto a su gran mentor Karajan. Se dejan oír, pero no justifican el disco. La obra de Gubaidulina, sí.





lunes, 29 de septiembre de 2008

Días de dolor y furia

Sir Michael Tippett
En el décimo aniversario de su muerte , la figura de Sir Michael Tippet (Londres, 1905 - 1998) sigue siendo muy poco conocida en España (en realidad en casi toda Europa, Reino Unido al margen), pues sus óperas no parecen interesar a los teatros (recuerdo sin embargo un King Priam ofrecido en prime time por la TVE de Pilar Miró; eran desde luego otros tiempos) ni su obra sinfónica a las orquestas, a pesar de que unas y otras, obras escénicas y orquestales, tienen suficientes valores como para esperar que su programación provocara una buena recepción por parte tanto del público más conservador como del habituado a lenguajes más audaces, pues Tippett fue ante todo un creador ecléctico, un músico que partiendo de la tradición supo aprovechar todos aquellos recursos que la evolución del arte sonoro puso a su alcance, y lo hizo siempre con rigor, a partir de una personalidad bien definida y sin hacer jamás concesiones a lo fácil.

Nacido en un momento especialmente convulso de la historia de Europa, el oratorio A child of our time (Un niño de nuestro tiempo) continúa siendo posiblemente, y gracias al disco, su obra más difundida entre nosotros. Hombre de sólidas convicciones pacifistas, lo que lo haría pasar por prisión en 1943, y cercano al movimiento obrero británico, lo que lo llevó a militar durante unos meses en el Partido Comunista, que abandonó muy pronto, desencantado, Tippett quedó conmocionado cuando supo del estallido de violencia contra los judíos alemanes ocurrido en la noche del 9 de noviembre de 1938, conocido como La noche de los cristales rotos, y decidió responder al infame suceso de la única forma que él podía hacerlo, escribiendo una obra musical.

Sir Colin Davis
El compositor diseñó para ello un oratorio en tres partes, que se basaba en el modelo de los grandes oratorios barrocos, con recitativos, arias y coros, cada parte cerrada con un espiritual negro, a modo de coral luterano del siglo XX. Para escribir el libreto, el músico se dirigió al poeta T. S. Eliot, quien se mostró receptivo pero consideró que era preferible que fuera el propio autor de la música quien afrontara su escritura. Así lo hizo Tippett (y así seguiría haciéndolo en adelante para todas sus obras escénicas), que extrajo el título de su obra de la novela que un escritor antinazi, Odon von Horváth, había publicado aquel mismo año. El argumento no estaba en cualquier caso ligado estrechamente a los hechos específicos en que se inspiraba, sino que, en palabras del propio Tippett, "la Parte I trata del estado de opresión general de nuestra época; la Parte II presenta la historia particular de un joven que prueba a hacer justicia por medio de la violencia y las consecuencias catastróficas que eso trae consigo; y la Parte III examina las enseñanzas morales que se derivan de ello, si es que hay alguna".

Escrita entre 1939 y 1941 y estrenada tres años después, A child of our time es una obra que conserva intacto su atractivo musical, que se asienta en una sabia y depurada mezcla entre brillantez y emoción. Mientras alguna orquesta cercana se decide a programarla, bienvenido sea este disco del sello de la Sinfónica de Londres que recoge una grabación en vivo tomada en el Barbican Center en diciembre de 2007 con Sir Colin Davis en el podio, Indra Thomas, Mihoko Fujimura, Steve Davislim y Matthew Rose como solistas y por supuesto los conjuntos de la casa.

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 27 de septiembre de 2008]

A child of our time de Tippett por Colin Davis
Michael Tippett (1905-1998): A CHILD OF OUR TIME
oratorio en tres partes con libreto del compositor

Indra Thomas, soprano
Mihoko Fujimura, contralto
Steve Davislim, tenor
Matthew Rose, bajo
London Symphony Chorus
London Symphony Orchestra. Director: Sir Colin Davis
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LSO Live 0670 SACD (Harmonia Mundi) [63'59'']
Grabación: Diciembre de 2007



Tippett: "Deep River", número final de A child of our time. [3'42''] Indra Thomas, Mihoko Fujimura, Steve Davislim, Matthew Rose. Coro y Orquesta Sinfónicos de Londres.

Deep river, my home is over Jordan,
Deep river, Lord,
I want to cross over into camp-ground.

O chillun! O don't you want to go,
To that gospel feast,
That promised land,
That land where all is peace?
Walk into heaven, and take my seat,
And cast down my crown at Jesus' feet.
Deep river, my home is over Jordan,
I want to cross over into camp-ground, Lord!