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sábado, 27 de junio de 2009

Maestranza 2009/10

En un par de semanas, La bruja de Chapí cerrará, en producción del Teatro de la Zarzuela y con un doble reparto, la para mí mejor temporada lírica de la historia del Teatro de la Maestranza (Expo'92 obviamente aparte). El martes pasado se presentó la 2009/10, que, a priori, me parece bastante menos interesante. Actuando con prudencia por causa de la crisis económica, los responsables del teatro han frenado la prevista expansión de títulos en escena y han renunciado a presentar nuevas producciones propias (en espera quedan La forza del destino y Carmen). La apuesta tiene desde luego suficientes puntos de interés para un aficionado medio, y habrá que esperar a los resultados para juzgar sobre su impacto, pero el equilibrio, la novedad y el interés histórico objetivo de las propuestas del año pasado quedan desde mi punto de vista demasiado lejanos en este.

El grueso de la programación operística sigue asentándose en cinco títulos escenificados. Abre La mujer silenciosa de Strauss, que mantiene la línea diseñada por Pedro Halffter de ofrecer estrenos españoles de obras tardorrománticas salidas del repertorio centroeuropeo (antes fueron El Sonido lejano de Schrecker, El enano y Una tragedia florentina de Zemlinsky y Doktor Faust de Busoni). La obra no tiene el peso histórico de las anteriores, sobre todo de la de Busoni, pero es un apunte de interés (una comedia con libreto de Zweig en una producción de las óperas de Dresde y Viena) y dentro de una programación más enjundiosa sería un complemento extraordinario.

Una imagen de La mujer silenciosa de Strauss que se verá en octubre en el Maestranza
Sigue un título para mí por completo prescindible, Cyrano de Bergerac de Alfano, que parece una apuesta hecha por el deseo de contar con alguna figura mediática, en este caso, Roberto Alagna, que viene con toda la familia, porque la producción escénica es de su hermano y la soprano protagonista es su cuñada. La obra es de los años 30 del siglo pasado y me sigue resultando incomprensible que se programe por encima de tantos títulos grandes del siglo XX que aún no se han visto en Sevilla: empezando por Pelléas et Mélisande (sólo se ha escuchado en versión de concierto), siguiendo por Wozzeck, por las grandes obras de Janáček (sólo se ha visto La zorrita astuta), de Britten (sólo La violación de Lucrecia), Shostakovich (cero), Stravinski (cero) o Prokofiev (cero), y eso por no hablar de títulos de la segunda mitad del siglo XX, más vanguardistas pero absolutamente imprescindibles para entender la historia de la ópera hasta el presente (pienso en San Francisco de Asís de Messiaen, Die soldaten de Zimmermann o El gran macabro de Ligeti, por ejemplo; además de obras de Henze, Berio, Rihm, Penderecki..., por no hablar de los jóvenes talentos de hoy mismo). Por las imágenes y este vídeo, la producción parece realista, de esas que gustan a una parte del público en absoluto menor, pero para halagar al aficionado más conservador, ya estaban los Donizetti, Verdi y Puccini del resto de la temporada, ¿no?

El Cyrano de Bergerac de david Alagna que se verá en noviembre en el Maestranza
Porque en diciembre se sigue con La favorita de Donizetti, título menor entre los del compositor, que además ya se vio en la Expo, y cuyo máximo aliciente radica en las voces (Ganasi, Bros, Colombara) y en otra propuesta escénica de esas realistas, historicistas y aparentemente grandiosas que suele hacer Hugo de Ana (ésta viene del Festival de Santander). Para mí, escasísimo interés, la verdad. No es el caso de la Turandot de Puccini (ya en marzo), obra grande sin duda, que se presenta además con un doble reparto muy fuerte (Guleghina, Dessi, Armiliato; Baird, Arteta, Berti), por más que todos son cantantes que hemos escuchado varias veces en los últimos años, y a un teatro que ofrece sólo cinco títulos al año le conviene renovar también los elencos, porque voces para este repertorio no faltan. El principal problema es que la producción que se ofrece es la misma que pudo verse ya en 1998, y que el Maestranza la tiene como propia, ya que la compró a La Fenice. Se nos dice que se ha renovado, aunque la imagen no será demasiado diferente. En cualquier caso, este Turandot es una apuesta de última hora, para cubrir el hueco que se había dejado a una producción nueva del teatro (se hablaba de La forza del destino), suspendida sine die hasta que aclare el panorama económico.

El Turandot del Maestranza
La temporada se cierra con La traviata, que se verá por tercera vez en el teatro en una propuesta escénicamente convencional de la Ópera de San Francisco y un doble reparto que tiene el aliciente de escuchar juntos a la pareja Cantarero-Jordi por un lado y a Cedolins por el otro. Me encanta La traviata, una de las obras del repertorio lírico que tiene el poder de conmoverme, pero ¿no hay otras obras, también populares, que se hayan hecho menos en la ciudad?, y puestos a escoger traviatas, ¿no hay propuestas teatrales algo más audaces?

La programación de ópera en la sala principal se completa con la Partenope de Vinci que Tambascio y Florio hicieron para el fantasma ese del CAEHMIS (Centro de las Artes Escénicas y de las Músicas Históricas) de León, una producción al parecer fastuosa en vestuario y escena, pero que se hace un único día, lo cual a mí personalmente me parece un desperdicio, porque el producto no parece barato (aunque supongo que al teatro no le habrá costado mucho). Se anuncian las voces de Sonia Prina, Maria Grazia Schiavo y Maria Ercolano (y no Mario, como ha difundido el teatro y todos los altavoces mediáticos, revistas de internet y blogs con él), lo que está bien. En cualquier caso, antes de proponer obras tan remotas (desde el punto de vista de la trascendencia histórica, me refiero) del repertorio barroco y dieciochesco, ¿qué tal si se hace algún Orfeo (los de Monteverdi y Gluck, objetivamente dos de las obras más influyentes y trascendentes de la historia, siguen inéditos en el teatro), se mira hacia una figura tan importante como la de Cavalli, se insiste en Haendel, que estrenó cuarenta óperas, de las cuales sólo hemos visto una, o se plantea alguna recuperación de repertorio verdaderamente español? Y que nadie piense que no valoro el Vinci, que para mí es una oferta muy estimulante, pero cuando pienso en los vacíos de repertorio que el Teatro mantiene a pesar de que se abrió hace 18 años, me da por creer que las prioridades deberían de ser otras. No me olvido de la zarzuela, que este año pasa al mes de enero (mejor que en julio, desde luego) y es una nueva producción del madrileño Teatro de la Zarzuela, en este caso la divertida Los sobrinos del capitán Grant de Fernández Caballero.

Partenope de Leo Vinci dirigida escénicamente por Gustavo Tambascio
En la sala principal se incluyen además dos sesiones de ópera en concierto de notable interés musical, aunque no soy muy amigo del género (la ópera es ópera, esto es, teatro, y para el concierto hay infinidad de obras de repertorio pensadas para eso, para el concierto): la Turandot de Busoni completa la mirada sobre el personaje y cuenta además con un reparto de voces que ha triunfado en los últimos años en el mismo Maestranza en un repertorio muy exigente (Astrid Weber, Robert Künzli, Ildiko Komlosi); la estrecha relación que anunciaba Halffter en la rueda de prensa entre Die Schauspieldirektor de Mozart e Il prigioniero de Dallapiccola no termino de verla por ningún lado, pero ese es el programa doble que presentará la Orquesta de Córdoba. Musicalmente, como digo, propuestas novedosas e interesantes, aunque a mí me quede la insatisfacción de no verlas representadas, que para eso se escribieron. Sí serán representadas otras dos producciones, aunque en la sala pequeña del teatro, la Manuel García: L'isola desabitata del compositor sevillano que da nombre a la sala, una obra concebida originalmente con acompañamiento pianístico, y que se adapta por ello bien a los espacios reducidos; y el Diario de un desaparecido de Leos Janáček, en una propuesta que proviene del Teatro Real de Madrid, si bien cabe decir que no se trata en realidad de una ópera, sino de un ciclo de canciones (que puede representarse lógicamente, como se ha representado el Viaje de Invierno de Schubert o cantatas de Bach, sin que por ello dejen de ser lieder y cantatas), y el teatro debería haberlo anunciado así, pues la institución tiene un papel didáctico que cumplir, y dentro de él se incluye la formación del público adulto. Al público menudo van destinados otros dos títulos, El retablo de Maese Pedro, en una interesante producción para marionetas, pensada para estudiantes de secundaria, y La cenicienta de Rossini, aligerada para los niños de primaria por Joan Font.

Salto por encima de la danza y el flamenco, comento mínimamente el ciclo de Grandes Intérpretes, que trae a Branford Marsalis, Cassandra Wilson y Mísia (no está mal, pero el año anterior estuvieron Herbie Hancock y Uri Caine) y me paso a los otros dos grandes ciclos musicales, en los que hay luces y sombras. Luces en el de Recitales Líricos, que abre Edita Gruberova, la soprano eslovaca que justo anoche inauguraba el Festival de Granada y que ya cantó en el Maestranza hace unos años: vuelve en la curva descendente de su carrera. Del máximo interés es en cambio el segundo recital programado, el del bajo alemán René Pape, que ofrecerá en Sevilla su primer recital en España y que es uno de los grandísimos intérpretes de su cuerda en la actualidad. Cierra el ciclo Jennifer Larmore, una mezzo que a mí personalmente me encanta, aunque ya sé que entre la grey operera provoca división de opiniones. En cualquier caso, tres citas muy apetecibles. Rutinaria resulta en cambio la apuesta del Ciclo de Pianistas por Rudolf Buchbinder (¡otra vez!, estuvo hace poco en este mismo ciclo y ha tocado también recientemente con la ROSS) y por las sobrevaloradas Hermanas Labèque. Otra cosa es Ivo Pogorelich, que hace tiempo que no venía por Sevilla y es un músico genialoide e imprevisible y por tanto siempre interesante de oír. Este ciclo ha permitido escuchar en Sevilla a muchos de los grandes pianistas del mundo, pero quedan aún nombres significativos por visitarnos (y ya no voy a citar a Pollini, que después de tantos años parece que está fuera del alcance del Teatro): Elisso Virsaladze, Martha Argerich, Leif Ove Andsnes (estuvo en la Expo con orquesta cuando era muy jovencito, y hoy es sin duda uno de los grandes), Paul Lewis, Alexandre Tharaud, Gabriela Montero, Andreas Staier, por citar los primeros que se me vienen a la mente, aunque Staier, es cierto, sí actúa con frecuencia en otros escenarios de la ciudad. En la Sala Manuel García se mantiene el ciclo de jóvenes intérpretes, se incluye uno dedicado a Chopin (en 2010 se cumple el segundo centenario de su nacimiento), que hará Ludmil Angelov en seis sesiones, y otro de sinfonías reducidas para dos pianos o piano a cuatro manos.

René Pape
A todo ello, hay que sumar por supuesto la temporada de la ROSS (repertorio muy clásico, con solistas destacados) y un concierto extraordinario de la OJA dirigida por Halffter ( de Bruckner). Como dije al principio, a la oferta global no le faltan, ni mucho menos, puntos de interés, y el presupuesto para programación que maneja el teatro (poco más de 5 millones de euros) está estirado y razonablemente bien aprovechado, pero el nivel que se ha alcanzado en la temporada que ahora termina lo creo sinceramente difícil de repetir con esta propuesta, que me parece sensiblemente más conservadora y de menor enjundia.

sábado, 21 de marzo de 2009

Del Real a Granada

El Palacio de Carlos V de Granada hacia 1885 (© José García Ayola - Museo Casa de los Tiros)
El pasado lunes se presentó la Temporada 2009-10 del Teatro Real de Madrid con amplio eco tanto en la prensa nacional como en los blogs musicales españoles. Justo una semana antes (el lunes 9) se había presentado la edición número 58 del Festival Internacional de Música y Danza de Granada sin que la cobertura mediática rebasara apenas el ámbito de lo local, pues ni los grandes medios nacionales con ediciones andaluzas (El País, El Mundo) se molestaron en informar a sus lectores. Entiendo el interés generado por la programación de uno de los tres grandes contenedores de ópera de España, pero me causa estupor y sonrojo el tratamiento concedido al que, en mi opinión, es el más importante festival español de nuestros días, el de más amplia trayectoria (junto al de Santander) y el de mayor proyección internacional, y ello a pesar de que su presupuesto dista mucho de estar entre los primeros del país.

Más allá de la incomprensible inquina visceral que algunos muestran hacia su todavía director musical, el buen maestro zamorano Jesús López Cobos, la programación del Real ha sido mayoritariamente alabada, y no seré yo quien le niegue elogios a un repertorio que me parece bastante equilibrado, por más que me sobren las versiones de concierto y que me falte un título del siglo XXI, pues, en mi opinión, un teatro como el Real no puede pasar un solo año sin presentar al menos una obra creada en la última década, y en la temporada 2009-10 lo más nuevo será Lulu, que, por mucho que Antonio Moral se esfuerce en hacer referencia a la presentación de la versión completada en 1979 para acercarla a nuestros días, tiene ya más de setenta años.

Con respecto a Granada, reconozco que no soy demasiado imparcial, pues me encanta la ciudad y he disfrutado mucho en el Festival. Por más que discrepe con algunas de sus decisiones (la organización de los matinales de fin de semana me parece francamente mejorable), creo que la dirección de Enrique Gámez ha fortalecido el certamen al apostar (en una línea ya trazada por Alfredo Aracil) por las ideas frente a la acumulación de conciertos y de, más o menos grandes, figuras (o figurones) de la música. Un Festival tiene una función social y didáctica que cumplir, no puede ser una mera agrupación de recitales para la autocomplacencia de los melómanos locales o (peor aún) para el autorreconocimiento social de determinadas elites urbanas. Gámez y su equipo exprimen el magro presupuesto (en la práctica congelado desde hace mucho) al máximo en un intento por conciliar una articulación interna coherente, en torno a unos ejes temáticos vertebradores que den sentido a la muestra, con la presencia de importantes nombres de la música internacional. Pero milagros no se pueden hacer y si no me equivoco este año habrá menos conciertos que en pasadas ediciones.

De la programación estrictamente musical (no comento la danza ni el flamenco, porque se salen de la temática de este blog y porque son disciplinas artísticas de las que entiendo más bien poco) llama la atención esa Carmen de concierto que John Eliot Gardiner dirigirá por duplicado a su Orquesta Revolucionaria y Romántica y al Coro Monteverdi con Anna Caterina Antonacci en el papel de la gitana. Se ha programado a las 10 de la noche, media hora antes de lo habitual, en el Palacio de Carlos V. [Abro paréntesis, patrocinado (eso quisiera yo) por Turismo de Andalucía: para los conciertos que se celebran en el entorno de la Alhambra (Palacio de Carlos V, Patio de los Arrayanes, Teatro del Generalife), que por supuesto es el centro neurálgico del Festival, yo recomiendo subir a pie tranquilamente por la Cuesta Gomérez (cuidado con los autobuses, que bajan como si participaran en un rally), con tiempo suficiente, acceder a los alrededores del Palacio por la Puerta de la Justicia, tomarse una limonada antes de pasar el control de acceso al concierto (la cerveza suele estar más fresquita en el intermdio o al final), traspasar la Puerta del Vino y desde la Plaza de los Aljibes disfrutar de las vistas sobre el Albaicín.]

La programación sinfónica incluye una nueva visita de la London Symphony (estuvo hace un par de años o tres con Colin Davis), esta vez dirigida por Michael Tilson Thomas, que debuta en Granada con un doble programa del siglo XX (Debussy, Ravel, Villa-Lobos; Ives, Prokofiev, Stravinski) y la joven pianista Yuja Wang, de la que nada sé. Como es habitual en el último lustro, el Festival lo cerrará Daniel Barenboim con su Staatskapelle de Berlín, que dará tres conciertos recortados a causa de la crisis, pues se han caído del cartel los inicialmente previstos Waltraud Meier (Canción de la Tierra) y Pierre-Laurent Aimard (un Concierto de Bartók). En su lugar, Barenboim volverá a sentarse al piano para ofrecer otra vez el de Beethoven en un primer día que completa con Mendelssohn y Mahler (Adagio de la 10ª). El segundo día llega por fin el homenaje a Elliott Carter en principio previsto para 2008, el año en que el compositor americano cumplía los 100 años (Symphonia: Sum Fluxae Pretium Spei): el concierto se completa con Wagner. El último día Barenboim vuelve sobre Bruckner (el año pasado ofreció la trilogía sinfónica final) interpretando la en un concierto que supongo tendrá algo más. La oferta sinfónica en el Palacio de Carlos V la completa la orquesta local, que acompañará a Mariola Cantarero en un programa belcantista. Arriesgada me parece la apertura, pues se trata de un recital de lied de Edita Gruberova que se ofrecerá en el Carlos V: para mí es una incógnita cómo puede funcionar allí la canción de cámara, que tan bien suena en el Patio del Hospital Real.

Las matinales de sábados y domingos (que siguen siendo gratuitas, algo que no comprendo, sobre todo desde la existencia del FEX) están este año dedicadas al tercer centenario de la expulsión de los moriscos, y su nivel me parece notablemente inferior al de ediciones anteriores. Hay un recital del magnífico organista jerezano Andrés Cea y se incluye un concierto de Stile Antico, uno de los conjuntos ingleses de polifonía más prometedores de nuestros días, pero ni La Folía de Pedro Bonet ni el Lachrimae Consort de Philippe Foulon me parecen conjuntos destacables en el actual panorama europeo y la Capella de Ministrers es un grupo demasiado irregular y tampoco de los punteros, si bien la segunda de sus actuaciones la comparte con el Ensemble Akrami en un interesante proyecto sobre la música andalusí de la Valencia de los siglo XII y XIII.

Poco más queda de música en el programa central del festival, aunque lo que queda es muy atractivo, pues seductora es la perspectiva de escuchar la Suite Iberia en los Arrayanes, interpretada además por Luis Fernando Pérez, quien recientemente grabó una estupenda y sorprendente versión de la obra para el sello Verso. El homenaje a Albéniz en el año del centenario de su muerte se completa con el café-concierto en el teatrillo del Alhambra Palace (que recomiendo sin reservas, pues el ambiente es muy agradable y sus vistas al atardecer son impresionantes), este año sólo un programa (tres días seguidos), que ofrece la joven pianista donostiarra Judith Jáuregui. Otro de los platos fuertes del Festival será el estreno del Libro de las estancias, del siempre fascinante Sánchez Verdú, una obra que es encargo del propio festival granadino en coproducción con el Instituto Valenciano de la Música, y que en su presentación contará con las voces de Carlos Mena y Marcel Pérès.

Finalmente, no deben olvidarse los dos conciertos que (lunes y martes posteriores al cierre oficial del certamen) ofrecerán los profesores de los Cursos Manuel de Falla, una nómina compuesta por importantes maestros del historicismo (este año, entre ellos, Maggie Cole, Jaap ter Linden, Carles Riera, Josep Borràs, Ab Koster o Erich Hoeprich) que tocarán obras de Haydn, Mozart y Brahms (Quinteto con clarinete), ni el FEX, el Festival Extensión, que lleva la música a todos los rincones de la ciudad durante los días que dura la muestra. Visitar Granada es siempre un placer. Hacerlo entre el 25 de junio y el 14 de julio próximos supone además una ocasión extraordinaria para conocer la ciudad inmersa en la materia de la que están hechas las grandes emociones artísticas, la música.