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sábado, 21 de marzo de 2009

Del Real a Granada

El Palacio de Carlos V de Granada hacia 1885 (© José García Ayola - Museo Casa de los Tiros)
El pasado lunes se presentó la Temporada 2009-10 del Teatro Real de Madrid con amplio eco tanto en la prensa nacional como en los blogs musicales españoles. Justo una semana antes (el lunes 9) se había presentado la edición número 58 del Festival Internacional de Música y Danza de Granada sin que la cobertura mediática rebasara apenas el ámbito de lo local, pues ni los grandes medios nacionales con ediciones andaluzas (El País, El Mundo) se molestaron en informar a sus lectores. Entiendo el interés generado por la programación de uno de los tres grandes contenedores de ópera de España, pero me causa estupor y sonrojo el tratamiento concedido al que, en mi opinión, es el más importante festival español de nuestros días, el de más amplia trayectoria (junto al de Santander) y el de mayor proyección internacional, y ello a pesar de que su presupuesto dista mucho de estar entre los primeros del país.

Más allá de la incomprensible inquina visceral que algunos muestran hacia su todavía director musical, el buen maestro zamorano Jesús López Cobos, la programación del Real ha sido mayoritariamente alabada, y no seré yo quien le niegue elogios a un repertorio que me parece bastante equilibrado, por más que me sobren las versiones de concierto y que me falte un título del siglo XXI, pues, en mi opinión, un teatro como el Real no puede pasar un solo año sin presentar al menos una obra creada en la última década, y en la temporada 2009-10 lo más nuevo será Lulu, que, por mucho que Antonio Moral se esfuerce en hacer referencia a la presentación de la versión completada en 1979 para acercarla a nuestros días, tiene ya más de setenta años.

Con respecto a Granada, reconozco que no soy demasiado imparcial, pues me encanta la ciudad y he disfrutado mucho en el Festival. Por más que discrepe con algunas de sus decisiones (la organización de los matinales de fin de semana me parece francamente mejorable), creo que la dirección de Enrique Gámez ha fortalecido el certamen al apostar (en una línea ya trazada por Alfredo Aracil) por las ideas frente a la acumulación de conciertos y de, más o menos grandes, figuras (o figurones) de la música. Un Festival tiene una función social y didáctica que cumplir, no puede ser una mera agrupación de recitales para la autocomplacencia de los melómanos locales o (peor aún) para el autorreconocimiento social de determinadas elites urbanas. Gámez y su equipo exprimen el magro presupuesto (en la práctica congelado desde hace mucho) al máximo en un intento por conciliar una articulación interna coherente, en torno a unos ejes temáticos vertebradores que den sentido a la muestra, con la presencia de importantes nombres de la música internacional. Pero milagros no se pueden hacer y si no me equivoco este año habrá menos conciertos que en pasadas ediciones.

De la programación estrictamente musical (no comento la danza ni el flamenco, porque se salen de la temática de este blog y porque son disciplinas artísticas de las que entiendo más bien poco) llama la atención esa Carmen de concierto que John Eliot Gardiner dirigirá por duplicado a su Orquesta Revolucionaria y Romántica y al Coro Monteverdi con Anna Caterina Antonacci en el papel de la gitana. Se ha programado a las 10 de la noche, media hora antes de lo habitual, en el Palacio de Carlos V. [Abro paréntesis, patrocinado (eso quisiera yo) por Turismo de Andalucía: para los conciertos que se celebran en el entorno de la Alhambra (Palacio de Carlos V, Patio de los Arrayanes, Teatro del Generalife), que por supuesto es el centro neurálgico del Festival, yo recomiendo subir a pie tranquilamente por la Cuesta Gomérez (cuidado con los autobuses, que bajan como si participaran en un rally), con tiempo suficiente, acceder a los alrededores del Palacio por la Puerta de la Justicia, tomarse una limonada antes de pasar el control de acceso al concierto (la cerveza suele estar más fresquita en el intermdio o al final), traspasar la Puerta del Vino y desde la Plaza de los Aljibes disfrutar de las vistas sobre el Albaicín.]

La programación sinfónica incluye una nueva visita de la London Symphony (estuvo hace un par de años o tres con Colin Davis), esta vez dirigida por Michael Tilson Thomas, que debuta en Granada con un doble programa del siglo XX (Debussy, Ravel, Villa-Lobos; Ives, Prokofiev, Stravinski) y la joven pianista Yuja Wang, de la que nada sé. Como es habitual en el último lustro, el Festival lo cerrará Daniel Barenboim con su Staatskapelle de Berlín, que dará tres conciertos recortados a causa de la crisis, pues se han caído del cartel los inicialmente previstos Waltraud Meier (Canción de la Tierra) y Pierre-Laurent Aimard (un Concierto de Bartók). En su lugar, Barenboim volverá a sentarse al piano para ofrecer otra vez el 3º de Beethoven en un primer día que completa con Mendelssohn y Mahler (Adagio de la 10ª). El segundo día llega por fin el homenaje a Elliott Carter en principio previsto para 2008, el año en que el compositor americano cumplía los 100 años (Symphonia: Sum Fluxae Pretium Spei): el concierto se completa con Wagner. El último día Barenboim vuelve sobre Bruckner (el año pasado ofreció la trilogía sinfónica final) interpretando la 4ª en un concierto que supongo tendrá algo más. La oferta sinfónica en el Palacio de Carlos V la completa la orquesta local, que acompañará a Mariola Cantarero en un programa belcantista. Arriesgada me parece la apertura, pues se trata de un recital de lied de Edita Gruberova que se ofrecerá en el Carlos V: para mí es una incógnita cómo puede funcionar allí la canción de cámara, que tan bien suena en el Patio del Hospital Real.

Las matinales de sábados y domingos (que siguen siendo gratuitas, algo que no comprendo, sobre todo desde la existencia del FEX) están este año dedicadas al tercer centenario de la expulsión de los moriscos, y su nivel me parece notablemente inferior al de ediciones anteriores. Hay un recital del magnífico organista jerezano Andrés Cea y se incluye un concierto de Stile Antico, uno de los conjuntos ingleses de polifonía más prometedores de nuestros días, pero ni La Folía de Pedro Bonet ni el Lachrimae Consort de Philippe Foulon me parecen conjuntos destacables en el actual panorama europeo y la Capella de Ministrers es un grupo demasiado irregular y tampoco de los punteros, si bien la segunda de sus actuaciones la comparte con el Ensemble Akrami en un interesante proyecto sobre la música andalusí de la Valencia de los siglo XII y XIII.

Poco más queda de música en el programa central del festival, aunque lo que queda es muy atractivo, pues seductora es la perspectiva de escuchar la Suite Iberia en los Arrayanes, interpretada además por Luis Fernando Pérez, quien recientemente grabó una estupenda y sorprendente versión de la obra para el sello Verso. El homenaje a Albéniz en el año del centenario de su muerte se completa con el café-concierto en el teatrillo del Alhambra Palace (que recomiendo sin reservas, pues el ambiente es muy agradable y sus vistas al atardecer son impresionantes), este año sólo un programa (tres días seguidos), que ofrece la joven pianista donostiarra Judith Jáuregui. Otro de los platos fuertes del Festival será el estreno del Libro de las estancias, del siempre fascinante Sánchez Verdú, una obra que es encargo del propio festival granadino en coproducción con el Instituto Valenciano de la Música, y que en su presentación contará con las voces de Carlos Mena y Marcel Pérès.

Finalmente, no deben olvidarse los dos conciertos que (lunes y martes posteriores al cierre oficial del certamen) ofrecerán los profesores de los Cursos Manuel de Falla, una nómina compuesta por importantes maestros del historicismo (este año, entre ellos, Maggie Cole, Jaap ter Linden, Carles Riera, Josep Borràs, Ab Koster o Erich Hoeprich) que tocarán obras de Haydn, Mozart y Brahms (Quinteto con clarinete), ni el FEX, el Festival Extensión, que lleva la música a todos los rincones de la ciudad durante los días que dura la muestra. Visitar Granada es siempre un placer. Hacerlo entre el 25 de junio y el 14 de julio próximos supone además una ocasión extraordinaria para conocer la ciudad inmersa en la materia de la que están hechas las grandes emociones artísticas, la música.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Carmen en su laberinto

Antonacci y Kaufmann en la Carmen de Zambello
Para su temporada 2006-07, el Covent Garden de Londres decidió presentar una nueva producción de Carmen que viniera a sustituir a la antigua de Nuria Espert (aquella que inaugurara la temporada lírica de la Expo’92 de Sevilla), para lo cual los responsables del teatro contaron con otra mujer, Francesca Zambello, y buscaron como protagonistas a dos emergentes estrellas del canto, la soprano italiana (con pasado de mezzo) Anna Caterina Antonacci y el tenor alemán Jonas Kaufmann, que debutaban en sus respectivos papeles.

No resulta fácil acertar con el tono escénico que requiere hoy la obra maestra de Bizet, que arrastra desde siempre una pesada carga de símbolos y tópicos. Si uno trata de eludirlos todos (y presenta por ejemplo a los protagonistas sobre relucientes motocicletas, como hiciera Bieito), puede caer con facilidad en la impertinencia o el ridículo; si opta por dejarse llevar por ellos, es posible que la obra derive hacia la postal turística o el vulgar kitsch.

Zambello ha querido tomarse cierta distancia con el empleo de una escenografía minimalista, pero luego la ha llenado de todos los tópicos de la iconografía sevillana que se le han puesto a mano: un pobre naranjo solitario aparece en el primer acto (aunque esto sí es muy de nuestro tiempo, a decir verdad), el inevitable cuadro flamenco abre el segundo, todas las cigarreras se abren de piernas con desarmante naturalidad, los dragones son guardias civiles, Escamillo irrumpe a lomos de un caballo (desde el que canta incluso la primera parte de su aria), un pollino figura en el equipo de los contrabandistas, las banderillas llevan los colores de la bandera de Andalucía (¡en el siglo XIX!, pues el muy vistoso vestuario es de época) y hasta un remedo de paso de palio surge por una esquina en una tarde de toros... Si a eso se une una dirección de actores que, salvo en la espléndida escena final, resulta más bien errática y corta de sutilezas, los resultados globales son poco estimulantes.

La Macarena en tarde de toros; los capillitas se nos mueren del susto
Sin embargo, musicalmente Pappano hace un trabajo extraordinario, con tempi siempre adecuados, fraseo elegante, suntuosidad tímbrica y gran cantidad de matices, puestos al servicio del canto. Antonacci da sin duda una sensual y seductora imagen de Carmen, pero su actuación se va diluyendo, y tras un primer acto más que notable (soberbia Habanera y más que brillantes Seguidillas) cae en una rutina de la que sólo la saca la imponente escena final. En ella se luce también un Jonas Kaufmann de voz ancha y caudal generoso, pero que sabe recoger con lirismo en su aria de la flor, en especial en un final fraseado con absoluta delectación y buen gusto. Rotundo aunque algo monolítico en lo expresivo el Escamillo de Ildebrando D’Arcangelo e irrelevante y manida la imagen cursi que de Micaela da Norah Amsellem. En cambio, los papeles menores están servidos maravillosamente por Elena Xanthoudakis, Viktoria Vizin, Jean-Sébastien Bou y Jean-Paul Fouchécourt. ¡Ay, Carmen!

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 20 de diciembre de 2008]

Carmen de Zambello y Pappano para Covent Garden en Decca
Georges Bizet (1838-1875): CARMEN
opéra comique en cuatro actos con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy a partir de la novela homónima de Prosper Merimée (edición de Fritz Oeser)

Anna Caterina Antonacci, soprano (Carmen)
Jonas Kaufmann, tenor (Don José)
Ildebrando D'Arcangelo, bajo (Escamillo)
Norah Amsellem, soprano (Micaëla)
Elena Xanthoudakis, soprano (Frasquita)
Viktoria Vizin, mezzosoprano (Mercédès)
Jean-Sébastien Bou, barítono (Dancaïre)
Jean-Paul Fouchécourt, tenor (Remendado)
Matthew Rose, barítono (Zúñiga)
Jacques Imbrailo, barítono (Moralès)
Caroline Lena Olsson (Lillas Pastia)
Anthony Debaeck (el Guía)
The Royal Opera Chorus
The Orchestra of the Royal Opera House
Director: Antonio Pappano

Dirección de escena: Francesca Zambello
Escenografía: Tanya McCallin
Iluminación: Paule Constable
Coreografía: Arthur Pita

Realización del vídeo: Jonathan Haswell
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DECCA DVD 074 3312 (Universal) [152']
Grabación: Diciembre de 2006