miércoles, 7 de enero de 2009

El Bach cotidiano

BAch de Hélène Grimaud en DG
JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750)
Hélène Grimaud, piano
Die Deustche Kammerphilharmonie Bremen (concertino: Florian Donderer) (en BWV 1052)

1. Preludio y fuga nº2 en do menor BWV 847 [Das Wohltemperierte Klavier I]
2. Preludio y fuga nº4 en do sostenido menor BWV 849 [Das Wohltemperierte Klavier I]
3. Concierto para clave en re menor BWV 1052
4. Preludio y fuga nº6 en re menor BWV 875 [Das Wohltemperierte Klavier II]
5. Johann Sebastian Bach / Ferruccio Busoni (1866-1924): Chacona en re menor [de la Partita para violín nº2 BWV 1004]
6. Preludio y fuga nº20 en la menor BWV 899 [Das Wohltemperierte Klavier II]
7. Johann Sebastian Bach / Franz Liszt (1811-1886): Preludio y fuga en la menor BWV 543
8. Preludio y fuga nº9 en mi mayor BWV 878 [Das Wohltemperierte Klavier II]
9. Johann Sebastian Bach / Sergei Rachmaninov (1873-1943): Preludio en mi mayor [de la Partita para violín nº3 BWV 1006]
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DEUTSCHE GRAMMOPHON 477 7978 (Universal) [76'04'']
Grabación: Mayo (BWV 1052) y Agosto de 2008


"Muy pronto, mi profesor me dio algunos consejos maravillosos, que he seguido: Bach debería ser como mi pan cotidiano. La única manera de rendirle homenaje a su música es confrontarse con ella. Mantenerla alejada por la veneración que provoca sería ir contra todo lo que animaba al músico, en tanto compositor, innovador, místico o instrumentista mismo. Sería traicionar su propio ideario." Así de simple y primariamente liquida Hélène Grimaud la cuestión de la interpretación de Bach al piano. En realidad no hay ninguna necesidad de justificar nada. Toda la música es música viva en el momento en que se la interpreta o no es nada. El estilo interpretativo de una determinada obra depende de un complejo conjunto de parámetros, entre los que el gusto del receptor y la tradición juegan un papel importantísimo, lo cual significa que los estilos van cambiando y adaptándose a paradigmas nuevos, que hay que tener en cuenta a la hora de hacer juicios de valor sobre las interpretaciones, pero admitiendo siempre que en música no hay un solo camino verdadero, y que las cosas pueden hacerse bien (y mal) de muchas formas diferentes. En mi opinión, el piano moderno es un instrumento perfectamente valido para tocar la música que Bach pensó para el clave (o el clavicordio, instrumento que adoraba), y lo es en gran medida porque esta opción interpretativa está sostenida por una larguísima tradición de extraordinarios maestros que han dicho muchas cosas acerca de Bach a través de las posibilidades de un piano, pero además me parece que el idioma bachiano no se siente especialmente violentado con el empleo de un Yamaha o un Steinway, algo más, en cualquier caso, los conciertos, que tienen para mí un sentido más vinculado a la tímbrica original, cuestión en la que creo que también tiene peso decisivo la tradición: las versiones pianísticas de los conciertos, obras de divertimento por naturaleza, no han seguido históricamente ni una línea estética reconocible ni han ofrecido perfiles que nos digan algo nuevo o diferente del compositor.

Aparte de presentarnos su visión de la visión que Busoni, Liszt o Rachmaninov dejaron de Bach, Hélène Grimaud se sumerge en algunos preludios y fugas del maestro y toca un muy ligero y sinuoso Concierto en re menor con el estupendo conjunto de Bremen, que acompaña con una liviandad y una transparencia superlativas. Los movimientos extremos son muy divertidos y el central se convierte en una especie de gran meditación entre mística y afectuosa que sin duda rozará más de una sensibilidad. Cercanos los 40 años, Hélène Grimaud, la pianista que ama a los lobos, deja en este disco un Bach interiorizado y de notable personalidad, tocado por un lirismo íntimo y muy romántico en los preludios lentos (casi extático el BWV 849) y una clara e impecable limpidez geométrica en las fugas.