jueves, 30 de julio de 2009

Planeta Barroco

Sara Rosique y Aníbal Soriano
ROSIQUE / SORIANO

Noches en los Jardines del Real Alcázar. Sara Rosique, soprano; Aníbal Soriano, guitarra barroca. Programa: Venus, Planeta y Diosa del Amor: tonos humanos y obras para guitarra del Barroco español. Lugar: Jardines del Alcázar. Fecha: Martes 28 de junio. Aforo: Casi lleno.

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PLANETA BARROCO

En los últimos años, los tonos humanos, canciones cortesanas de la España del siglo XVII, se han convertido en objetivo prioritario de infinidad de solistas y grupos dedicados a la música barroca. Mezcla de ritmos a menudo populares y textos y melodías cultas, casi siempre de temática amorosa, estas piezas se han convertido en las más poderosas representantes de la música española de la época. Su interpretación se ha ido poco a poco refinando, y hoy ya no se entenderían versiones que no tuvieran la claridad en la prosodia y la franqueza expresiva que mostró Sara Rosique con los tonos de Marín e Hidalgo incluidos en este recital.

Acaso hubiera podido esperarse una emisión algo más natural, ya que la voz de la joven soprano gaditana, muy bella, serena y sensual en el centro, tiende a crisparse en el ascenso al agudo, pero sus prestaciones fueron más que notables: la voz sonó siempre bien colocada, el color resultó homogéneo, la pronunciación, clara, y la expresión, verosímil, matizando siempre con buen gusto, marcando con intención los términos claves y distinguiendo el sentido de cada composición. El punto álgido de su actuación fue quizá la famosa Ojos, pues me desdeñáis, donde logró una atmósfera de concentrada y emotiva intimidad.

La acompañó atento a cada inflexión de su voz y al fluido de su respiración, Aníbal Soriano, quien además hizo un variado paseo por la guitarra española del tiempo, destacando siempre la pujanza y el sentido más popular del ritmo, incluso en las dos grandes obras de Francisco Guerau (Vilanos, Marionas, más precisas en la ejecución y elegantes en el fraseo, las segundas), a pesar de que en esta música domina ante todo el refinamiento contrapuntístico. En Marizápalos de Sanz, Soriano destacó sobre todo la melodía, mientras que las Tarantelas resultaron más fuertemente ritmadas y en el Fandango de Murcia se adornó sin complejos con unos bien traídos rasgueados de propina.

[Publicado en Diario de Sevilla el jueves 30 de julio de 2009]