martes, 21 de octubre de 2008

Un pálido remedo de Haendel

La Orquesta de Cámara de la ROSS en un concierto de hace unos años en Los venerables. El concertino era entonces Sergei Teslia, hoy en la ONE (© Sergio Caro / Diario de Sevilla)
ORQUESTA DE CÁMARA DE LA SINFÓNICA DE SEVILLA

Ciclo Haendel. Director: Vladimir Dmitrienco. Programa: Concerti grossi Op.6 nº1 en sol mayor, nº 2 en fa mayor, nº3 en mi menor y nº4 en la menor de Georg Friedrich Haendel. Lugar: Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza. Fecha: Lunes 20 de octubre. Aforo: Tres cuartos de entrada.

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UN PÁLIDO REMEDO DE LA ORQUESTA DE HAENDEL

Hay homenajes que los carga el diablo. En 2009 se conmemora el 250 aniversario de la muerte de Haendel y el Maestranza ha decidido programar dos de sus óperas (una de ellas en versión de concierto) y ha querido implicar a la ROSS ofreciendo a su Orquesta de Cámara la posibilidad de hacer entre octubre y noviembre tres conciertos con la integral de la Op.6 del compositor alemán, una de las cumbres del género del concerto grosso barroco (el ciclo incluye otras dos sesiones en febrero y marzo del año próximo, sin programa confirmado).

No está muy ducha la Sinfónica sevillana en la interpretación de la música barroca, pero de los miembros de este conjunto podría haberse esperado al menos unas más entusiastas implicación y aplicación en materia de estilo. Dirigida por Vladimir Dmitrienco, que junto al también violinista Branislav Sisel y al violonchelista Dirk Vanhuyse, formaron el concertino del grupo, la Orquesta de Cámara de la ROSS ofreció el Haendel que podría haberse esperado de un conjunto de hace cuatro o cinco décadas. Y no se trata de una cuestión de color o de tímbrica, pues hoy existen conjuntos que tocan barroco con instrumentos modernos, pero, casi sin excepción, con criterios adaptados a lo que se conoce del estilo de la época, ineludible para cualquiera que quiera ofrecer una imagen mínimamente válida del compositor.

Haendel, justamente Haendel, maestro absoluto del teatro, de la pasión y del drama, sonó desangelado, chirriante, sin chispa, sin emoción, con un fraseo pesante hasta lo plomizo, casi sin articulaciones dignas de tal nombre, un sonido romo, plano, sin acentos, sin apenas contrastes dinámicos (sólo en el tercer movimiento del nº4, marcado expresamente Largo e piano se escuchó algo por debajo del mezzoforte), con un vibrato siempre excesivo y a tempi en general lentísimos. Descorazonador.

[Publicado en Diario de Sevilla el martes 21 de octubre de 2008]