domingo, 9 de noviembre de 2008

El final de Goldberg

Goldberg
Los suscriptores de la revista Goldberg recibimos el pasado viernes via e-mail el siguiente comunicado:

Estimado amigo y suscriptor:

Resulta para todos nosotros muy triste tener que comunicaros la suspensión temporal de la edición de la revista Goldberg, motivada por las dificultades económicas que venimos atravesando en los últimos meses y que se han agravado considerablemente por la crisis económica general que estamos viviendo, que ha repercutido de forma especial en un incremento de los impagados que nos impide seguir haciendo frente a nuestros compromisos.

Han sido diez años de trabajo apasionantes pero difíciles, en los que hemos recibido de nuestros suscriptores todo el apoyo y la confianza. Nos hemos sentido orgullosos de los ánimos y felicitaciones que constantemente nos habéis hecho llegar y creemos que hemos conseguido, durante este tiempo, ser un referente en el campo de la música antigua.

Pero la revista se ve en la imperiosa necesidad de suspender temporalmente su actividad aun a sabiendas de que nuestros suscriptores ven defraudadas sus expectativas.

Esperamos poder recuperar la actividad de la revista en cuanto las circunstancias económicas nos lo permitan.

Confiamos en que entiendan esta difícil situación. Muchas gracias por su comprensión.

Un afectuoso saludo,

Goldberg Ediciones SL

Más allá de las formas (ese tuteo, que al final transmuta en el, sin duda más adecuado, tratamiento de respeto), diríamos que es un final anunciado. Y es que desde que Javier Rozas se hizo con la revista los cambios fueron en ella muy evidentes: cierto que hubo un significativo incremento de la información y, sobre todo, de los artículos de fondo, pero a su vez se tomaron una serie de decisiones que, en mi opinión, comprometían extraordinariamente su viabilidad. Por ejemplo: la eliminación de los puntos de venta tradicionales, con el argumento del coste de la distribución (error); el aumento innecesario de las ediciones: de cuatro números al año a seis (error); la reducción considerable de la sección dedicada a los discos, ofreciendo reseñas sólo de aquellos que se consideraban los mejores (error); la conversión de Variaciones, la revista gratuita de actualidad musical asociada, en una especie de portavocía de Aegive, lo que ha provocado el natural rechazo de los no asociados y ha llegado incluso a contaminar de cierto aldeanismo a la misma Goldberg (error). A todo ello se une desde luego la radical reducción de publicidad que están sufriendo todos los medios (si ha notado que su periódico habitual es más delgado que de costumbre no se extrañe: menos publicidad = menos periódico). Pero además pienso que hay algo más profundo aún, algo que afecta gravemente a la difusión de la llamada música clásica en todos los medios. Es una ola imparable que llega desde los departamentos económicos y que, resumiendo, consiste en liquidar sumariamente a los exquisitos... Volveré sobre el asunto.

3 comentarios:

ANA DE LA ROBLA dijo...

Llegome el correo, también, y entristeciome la noticia. Al margen de los errores internos que comentas, propios de la publicación, es cierto que parece existir una tácita consigna de acabar con todo lo que huela a refinamiento musical. Y para colmo, imagínate, música antigua... puaff.

Ramiro Albino dijo...

Estimado Pablo

A veces entro a su mail, desde Buenos Aires, Argentina. Me ha entristecido muchísimo la desaparición de Goldberg, que, si bien ya había desaparecido de mi magro bolsillo sudamericano, era para mí un permanente referente como publicación de temas de música antigua. Gracias por la generosidad de avisar esto a la blogósfera.

Pablo J. Vayón dijo...

Goldberg vino a llenar un hueco importante, sobre todo para los hispanoparlantes, en relación a la música antigua. En inglés había ya revistas de interés sobre el tema, pero parecían más pensadas para musicólogos y músicos, mientras que Goldberg fue desde el principio una revista de eso que se llama "alta divulgación". El cuidado de la edición, con ilustraciones de grandísima calidad y un formato muy atractivo la convirtieron en objeto casi de culto para los buenos aficionados. Por eso, Ramiro, la noticia de su desaparición es triste para todos los que amamos la música antigua y le hemos sido fieles desde el primer número. Aunque, ya que los libros de autoayuda dicen que siempre hay que mirar el lado positivo de las cosas, quizá mis estanterías, que empiezan a verse gravemente afectadas por esa ley natural de la impenetrabilidad de la materia, lo agradecerán... Un cordial saludo desde este lado del charco.