Mostrando entradas con la etiqueta saint-saëns. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta saint-saëns. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de marzo de 2010

Las letras y las notas (6): Proust


MARCEL PROUST (1871-1922)
Prólogo de Antonio Muñoz Molina
Ensayo de Blas Matamoro

CD

Reynaldo Hahn (1875-1947):
1. L’enamourée [Théodore de Banville]
2. Le rossignol des lilas [Léopold Dauphin]
Hélène Guilmette, soprano; Delphine Bardin, piano. [Naïve. 2004]

Richard Wagner (1813-1883):
3. Preludio del Acto I de Die Meistersinger von Nürnberg
4. Danza de los aprendices y entrada de los maestros cantores del Acto III de Die Meistersinger von Nürnberg [Richard Wagner]
Gerhard Unger, tenor. Orquesta Filarmónica de Berlín. Director: Rudolf Kempe. [Testament. 1956]

5. Claude Debussy (1862-1918): La plus que lente
Noriko Ogawa, piano. [BIS. 2002]
6. César Franck (1822-1890): Poco lento - Allegro del Cuarteto en re mayor
Cuarteto Spiegel (Elisa Kawaguti, violín I; Stefan Willema, violín II; Leo De Neve, viola; Jan Sciffer, cello). [MDG. 2005]
7. Maurice Ravel (1875-1937): Pavane pour une Infante défunte
Orquesta Sinfónica de Londres. Director: Arpád Jóo. [Arts. 1983]
8. Ludwig van Beethoven (1770-1827): Adagio ma non troppo e molto cantabile del Cuarteto nº 12 en mi bemol mayor, op. 127.
Cuarteto Smetana (Jirí Novák, violín I; Lubomir Kostecky, violín II; Milan Skampa, viola; Antonín Kohout, cello). [Supraphon. 1961]

9. Gabriel Fauré (1845-1924): Le papillon et la fleur [Victor Hugo]
10. Reynaldo Hahn: Si mes vers avaient des ailes [Victor Hugo]
Marie Devellereau, soprano; Philippe Cassard, piano. [Naïve. 2002]

11. Camille Saint-Saëns (1835-1921): Adagio de la Sonata para violín y piano nº 1 en re menor, op. 75.
Ulf Wallin, violín; Roland Pöntinen, piano. [CPO. 2002]
----------
EDICIONES SINGULARES ES 1001 (Diverdi) [93 páginas; 74'23'']
Edición: Diciembre de 2008

Allí donde cualquier músico presumiría de que pinta a un escudero o a un caballero y les hace cantar la misma música, Wagner introduce una realidad diferente y cada vez que aparece su escudero es una figura particular, a la vez compleja y sencilla, la cual, merced a un trenzado de líneas alegre y feudal, se adentra en la inmensidad sonora. De allí, la plenitud de una música llena de otras tantas músicas, cada una de ellas con su propio ser. Un ser o la impresión que produce una aparición momentánea de la naturaleza. Hasta lo que en ella menos tiene que ver con el sentimiento que nos hace experimentar, conserva su realidad exterior, enteramente definida; el canto de un pájaro, el sonido del cuerno de un cazador, la canción que toca un pastor en su caramillo, recortan sobre el horizonte su silueta sonora. Ciertamente, Wagner se le ha acercado, apoderado de ella, introducido en la orquesta, sometido a las más elevadas ideas musicales, pero siempre respetando su originalidad, como un tallista hace con las fibras que son la esencia peculiar de la madera que esculpe.
[Marcel Proust, À la recherche du temps perdu; III]

Más que un acercamiento al entorno musical que conoció Proust y a la presencia de la música en su obra, que también, este ensayo de Blas Matamoro resulta ser, pese a su brevedad, un magnífico estudio sobre la situación cultural y social de la Francia (y con ella de Europa) del penúltimo cambio de siglo. Entre el wagnerismo de Proust, sus relaciones con Reynaldo Hahn, los ballets de Diaghilev o los salones aristocráticos de París, lo que se filtran son todas las tensiones nacionalistas de la época, los conflictos y las grandes discusiones intelectuales de un tiempo decisivo para las trascendentales transformaciones estéticas de las que Proust participó de forma muy particular. Matamoro hace una muy breve referencia al encuentro que Proust tuvo con Joyce, un tema sobre el que me ocupé hace algún tiempo. Yo he sido desde hace mucho un lector casi compulsivo del irlandés, pero dejé macerar al francés hasta hace unos pocos meses. Espero saldar mi deuda en breve, aunque por lo que llevo leído creo muy posible que los lazos se establezcan entre los dos en el ámbito que define a la perfección Muñoz Molina en su prólogo, es decir que me instalaré en Proust, porque, como ya me pasó con Joyce, Borges, Cortázar o Kafka, una lectura no es suficiente.


Hahn: L'enamourée. [3'00''] Hélène Guilmette, Delphine Bardin

Ils se disent, ma colombe,
Que tu rêves, morte encore,
Sous la pierre d'une tombe:
Mais pour l'âme qui t'adore
Tu t'éveilles ranimée,
Ô pensive bien-aimée !

Par les blanches nuits d'étoiles,
Dans la brise qui murmure,
Je caresse tes longs voiles,
Ta mouvante chevelure,
Et tes ailes demi-closes
Qui voltigent sur les roses.

Ô délices ! je respire
Tes divines tresses blondes;
Ta voix pure, cette lyre,
Suit la vague sur les ondes,
Et, suave, les effleure,
Comme un cygne qui se pleure !

1 - 2 - 3 - 4 - 5

Wikio

viernes, 11 de septiembre de 2009

Cálido recogimiento

Tsuyhosi Tsutsumi y Benedicte Palko en la inauguración del Festival Turina (© Antonio Pizarro / Diario de Sevilla) [© Antonio Pizarro]

FESTIVAL TURINA

2º Festival Internacional de Música de Cámara Joaquín Turina. Programa e intérpretes: Sonata para violonchelo y piano en la mayor Op.69 de Beethoven (Tsuyoshi Tsutsumi, violonchelo; Benedicte Palko, piano); Escena Andaluza Op.7 de Turina (James Dunham, viola solista; Stephanie Gonley y Esther Hoppe, violines; William Coleman, viola; Israel Fausto Martínez, violonchelo; Daniel del Pino, piano); Sonata para fagot y piano en sol mayor Op.168 de Saint-Saëns (Javier Aragó, fagot; D. del Pino, piano); Sexteto con piano Op.110 de Mendelssohn (E. Hoppe, violín; J. Dunham y W. Coleman, violas; I. F. Martínez, violonchelo; Rubén Fornell, contrabajo; D. del Pino, piano). Lugar: Casa Salinas. Fecha: Jueves 10 de septiembre. Aforo: Casi lleno.

* * *

INAUGURACIÓN EN CÁLIDO RECOGIMIENTO

A pesar de que las condiciones ambientales no eran las idóneas (la temperatura superaba en varios grados lo deseable y un campanario demasiado cercano avisó machaconamente de los cuartos durante la primera parte del recital), el hermosísimo patio de la Casa Salinas se convirtió a la postre en un espacio muy adecuado para la inauguración de la segunda edición de un festival que hace dos años dejó una huella imborrable en los buenos aficionados. La más que notable acústica del lugar y la cercanía del público con los intérpretes fueron capaces de generar ese ambiente de calidez doméstica, de íntimo recogimiento que parece ser buscado específicamente por un modelo de certamen que apuesta por el trabajo de un grupo de músicos que se reúnen más por afinidades personales que por intereses profesionales.

Este tipo de festivales, que nace de la asociación de muchos solistas diferentes, permite, entre otras cosas, la programación de obras no demasiado frecuentes. Fue anoche el caso de la Escena Andaluza de Turina, que sonó en una versión menos pintoresca y más afilada de lo que pudiera esperarse, o del juvenil (pese al número de opus) Sexteto de Mendelssohn, obra de espíritu clásico interpretada con un equilibrio ideal entre la claridad formal y la intensidad expresiva propia de un adolescente, incluido ese oasis de bella serenidad del Adagio.

Algo más conocida la Sonata de Saint-Saëns, obra de plena madurez, que permitió al fagotista de la ROSS lucir con admirable ductilidad todos los recursos del instrumento, pero la pieza más popular del programa fue la que abrió el concierto, la Sonata Op.69 de Beethoven, que Tsutsumi y Palko tocaron con estupendo equilibrio tímbrico e impecable claridad polifónica, trazando en cualquier caso una versión en la que, por la fuerza vigorosa del sonido, dominó su perfil romántico .

[Publicado en Diario de Sevilla el viernes 11 de septiembre de 2009]

viernes, 31 de julio de 2009

El oboe romántico

Obras románticas para oboe y piano en Verso
DÚO CONCERTANTE: OBRAS DEL ROMANTICISMO PARA OBOE Y PIANO

Eduardo Martínez Caballer, oboe
Ricardo Cecchetti, piano

1. Amilcare Ponchielli (1834-1886): Capriccio
2. Antonio Pasculli (1842-1924): Gran Concerto sobre temas de la ópera I Vespri siciliani de Verdi

Robert Schumann (1810-1856):
3. Drei Romanzen Op.94
4. Adagio y allegro en la bemol mayor para trompa y piano Op.70 [versión para oboe y piano, prevista por el compositor]

5. Camille Saint-Saëns (1835-1921): Sonata para oboe y piano Op.166

6. Johannes Wenceslaus Kalliwoda (1801-1866): Morceau de Salon Op.228
----------
VERSO VRS 2061 (Diverdi) [69'29'']
Grabación: Junio de 2007


La historia más tradicional de la lutería nos habla de una línea de hallazgos y progresos continuos (o al menos en espiral) que habría conducido a la creación de instrumentos cada vez más perfectos y precisos, los cuales, a la vez que facilitaban la tarea de los ejecutantes, veían ensanchadas sus posibilidades sonoras. Esto es cierto en parte, aunque no pueden dejarse de lado las presiones sociológicas (en ocasiones, incluso por encima de las artísticas) que propiciaron esos cambios y aunque haya casos en los que lo que los instrumentos ganaron en amplitud melódica, equilibrio, homogeneidad o afinación se perdió en encanto: para mi gusto es el caso del oboe, cuyo timbre actual me resulta mucho menos atractivo que el del instrumento del período barroco. Por supuesto, se trata de una opinión personalísima, que no afecta para nada a las ricas posibilidades que sin duda el instrumento tiene como solista, aunque es cierto que durante el Romanticismo su papel en este terreno se vio bastante limitado con respecto al amplísimo uso que hicieron de él los maestros del pasado. Las piezas de Schumann son una auténtica delicia (en mi opinión las tres romanzas de la Op.94 se cuentan entre lo mejor que escribió nunca el compositor) y la Sonata de Saint-Saëns es buena muestra del ingenio y la habilidad de su autor para obtener ese leve encantamiento de la música no memorable pero gozosa, con una escritura sencilla, despojada de artificio y elegante. Ponchielli parece escribir unas variaciones sobre un aria de ópera, que es lo que hace Pasculli sin ambages, mientras Kalliwoda ofrece una amplia demostración de las posibilidades del oboe en una pieza virtuosística pero con regusto melancólico. Tras su interesante experiencia mozartiana, Eduardo Martínez Caballer y Riccardo Cecchetti ofrecen un producto de impecable traza musical y técnica. Espero ya la continuación de la experiencia con repertorio del siglo XX, el paso natural en este trayecto.


Saint-Saëns: Sonata para oboe y piano Op.66: Andantino / Ad libitum / Molto Allegro. [10'56''] Eduardo Martínez Caballer. Riccardo Cecchetti

sábado, 2 de agosto de 2008

Las cuatro virtudes elementales

Cristina Montes
MONTES / REJANO

Noches en los Jardines del Real Alcázar. Intérpretes: Cristina Montes, arpa; David Rejano, trombón. Programa: ‘Los cuatro temperamentos de la naturaleza’ (obras de Saint-Saëns, Daetwyler, Falla, Debussy, Renié, Blake y Theile/Weiss). Lugar: Jardines del Real Alcázar. Fecha: Jueves 31 de julio. Aforo: Casi lleno.

* * *

LAS CUATRO VIRTUDES ELEMENTALES

Agrupación instrumental por completo inhabitual para un recital que se presentó con un título equívoco: si lo que se quería era, en conmemoración del segundo bicentenario de la muerte del naturalista gaditano José Celestino Mutis, evocar musicalmente el fuego, el aire, la tierra y el agua, el programa tendría que haberse titulado Los cuatro elementos de la naturaleza y no Los cuatro temperamentos, que, desde Hipócrates, son el sanguíneo, el flemático, el melancólico y el colérico, se refieren a la psiquis humana y no tienen nada que ver con los elementos básicos de la naturaleza según los describieron los clásicos griegos.

Una confusión que, en último término, no restó interés al contenido musical de un concierto que, más allá de lo exótico de la mezcla tímbrica entre arpa y trombón, nos permitió oír a una deslumbrante Cristina Montes en la prematura madurez de sus envidiables 24 años. Recuerdo el primer recital que escuché a esta soberbia artista sevillana (¿cómo es que ha terminado en la Orquesta de Valencia, nos sobran arpistas?), cuando era apenas una adolescente, y la gratísima impresión que me causó por su exquisita musicalidad y por la forma que tenía ya entonces de hacer fluir, respirar a la música con una personalidad que parecía nutrirse de estudio y espontaneidad a partes iguales. Han pasado casi diez años de aquello y ahora Cristina no sólo conserva esa gracia interior y ese control del tempo de las obras que recrea hasta hacerlas plenamente suyas, sino que es una intérprete obviamente más formada y precisa, tan capaz de hacer estallar en mil colores el acompañamiento a una danza de Falla como del más depurado virtuosismo en una de las piezas imprescindibles en el repertorio de todo arpista que se precie, la Leyenda de Los elfos, escrita por Henriette Renié a partir del poema de Leconte de Lisle.

El trombonista extremeño David Rejano, también joven, también con un currículo notable ya a sus espaldas, respondió de forma notable al reto de estar a la altura de un talento tan extraordinario. Infatigable, transitó por un programa duro (el Orfeo et Euridice del suizo Jean Daetwyler o los Sea Portraits del tejano Braxton Blake son piezas capaces de desafiar la resistencia y la técnica del más audaz de los virtuosos) con aparente facilidad, dejando algunos momentos memorables, como la Danza española de La vida breve, tocada en un estupendo arreglo de los intérpretes. Más problemáticas resultaron las transcripciones de la Farruca de El sombrero de tres picos o del Claro de luna de Debussy, aunque en la interpretación de todas ellas, como en el resto del programa, dominaron cuatro virtudes elementales: naturalidad, musicalidad, elegancia y virtuosismo.

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 2 de agosto de 2008]