domingo, 2 de mayo de 2010

La sagrada música (9)

Lamentaciones y Tinieblas en el volumen 8 de Sacred Music
LAMENTATIONS & TENEBRAE

Tiburtio Masaino (c.1550-c.1609)
Musica super Threnos Ieremiae prophete in maiori hebdomada decantadas à 5
Feria V. In coena Domini
1. Lectio Prima
2. Lectio Secunda
3. Lectio Tertia

Orlando de Lasso (1532-1594)
Lamentationes Hieremiae
Feria sexta in Parasceve à 5
4. Lamentatio Prima
5. Lamentatio Secunda
6. Lamentatio Tertia
[Huelgas Ensemble. Director: Paul Van Nevel]

7. Marc-Antoine Charpentier (1643-1704): Leçons de Ténèbres du Mercredy Sainct. Seconde Leçon : VAU - Et egressus est a filia Sion

8. François Couperin (1668-1733): Leçons de Ténèbres. Troisième Leçon
[Concerto Vocale. Director: René Jacobs]

9. Ernst Krenek (1900-1991): Hieremie prophetae Lamentationes. Lectio secunda
[RIAS Kammerchor. Director: Marcus Creed]
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HARMONIA MUNDI HMX 2908311 [CD 8] [77'31'']
Grabaciones: Mayo de 1982 (7), Octubre de 1983 (8), 1992 (9) y Abril de 1997 (1-6)

Las Lamentaciones de Jeremías fueron escritas tras la caída el reino de Judá y de Jerusalén en manos de Nabucodonosor II en el 587 a. C. Aunque atribuidas al profeta, hoy parece fuera de toda duda que, por estilo, ideología e intención, Jeremías no participó en su escritura. Las Lamentaciones se dividen en cinco cantos, con estructuras idénticas en I, II y IV: cada uno de ellos se compone de 22 versículos (con tres frases en cada versículo de I y II y sólo dos en IV), lo que corresponde al número de letras del alfabeto hebreo. Esta vinculación ha sido preservada en la edición bíblica de la Vulgata al mantener las letras hebraicas como principio de cada versículo (Aleph, Beth, Gimell, etc.). La Lamentación III se compone de 66 versículos, cada uno de una frase, agrupados de tres en tres, de modo que dentro de cada grupo los versículos van precedidos de la misma letra. La Lamentación V es más breve: sus 22 versículos no van precedidos de las letras hebraicas y cada uno se compone de una sola frase con dos secciones.

Con su retórica cargada de imágenes de la destrucción y la desesperación, las Lamentaciones de Jeremías se consideraron muy apropiadas para el tiempo pentitencial, por lo que desde la Edad Media se hizo costumbre recitar algunos de sus pasajes en los maitines de Semana Santa. Los maitines se dividían en tres nocturnos, cada uno de los cuales estaba compuesto de tres salmos y tres lecciones sucesivos. Tres Lamentaciones pasaron a formar parte de cada uno de los primeros nocturnos de maitines de Jueves, Viernes y Sábado Santo. Cada Lamentación terminaba con un versículo que no procede de la Biblia: "Jerusalem, Jerusalem, convertere ad Dominum Deum tuum".

Sin duda, las Lamentaciones musicales más conocidas son las que escribieron los compositores franceses del Barroco, cuando las iglesias y los monasterios competían por captar a los mejores maestros y los más distinguidos cantantes para un momento tan especial, el del Oficio de Tinieblas, que fue trasladados a la tarde y se desarrollaba en medio de un ritual por completo absorbente, para el que los músicos desarrollaron un estilo muy original, que mezclaba penitencia y exuberancia, logrando una música de una extraordinaria morbidez. Charpentier es posiblemente el máximo representante de esta forma, aunque en este disco se presenta también una de las tres únicas lecciones de tinieblas de Couperin que han sobrevivio (se sabe que compuso un juego completo de nueve). Las versiones provienen de antiguas grabaciones de René Jacobs, que se conservan aceptablemente bien, aunque hoy día hay ya opciones preferibles.

Sin embargo, antes y después del Barroco, las Lamentaciones han conocido también puestas en escena musicales de considerable valor, como dejó claro Paul van Nevel con su disco dedicado al género durante el Renacimiento, que incluye obras de un casi desconocido Tiburtio Massaino, muy agudas en materia pictórica por sus disonancias y gestos retóricos, y las de un Orlando de Lasso, escritas en sus años finales, esos que estuvieron cargados de arrepentimiento y penitencia (las impactantes Lágrimas de San Pedro, nacidas en la misma época, lo reafirman). Las luces de la Ilustración no resultaron buenas compañeras para los Oficios de Tinieblas, pero durante el Romanticismo y, sobre todo, con el neorreligioso siglo XX la música sacra conoció un impulso que abarcó también la recuperación de escribir Lamentaciones, como muestra la obra de un Ernst Krenek, que las escribió en años de dura tribulación (1941).


Massaino: Lección III [6'53''] Huelgas Ensemble. Paul Van Nevel

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