viernes, 14 de mayo de 2010

Color y humor

Marc Soustrot
ROSS

16º Programa de abono. Solistas:
Henriette Bonde-Hansen, soprano; Piotr Szymyslik, clarinete. Programa: Concierto en fa de Philippe Gaubert; Valses nobles y sentimentales de Maurice Ravel; Primera rapsodia para clarinete y orquesta de Claude Debussy; Correspondances de Henri Dutilleux; Sinfonietta de Francis Poulenc. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves 13 de mayo. Aforo: Menos de media entrada.

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COLOR Y HUMOR

Marc Soustrot (Lyon, 1949) se ha convertido en un habitual de la ROSS, básicamente con programas dedicados a la música francesa (y con Wagner), como el de ayer, que recorría el último siglo de composición en el país vecino. Con su habitual gesto vehemente, pero claro, Soustrot fue presentando hasta cinco obras de cinco compositores diferentes, escritas entre 1911 y 2004, que venían a mostrar la peculiar vía a la modernidad que siguieron los maestros galos enfrentados a la crisis de la tonalidad, un camino bien diferente al de los vieneses.

La importancia del timbre, del color, del ritmo, la inclusión de la disonancia como una parte más del discurso musical, evitando el énfasis expresionista, son características todas ligadas a un modo de entender el arte de los sonidos del que Soustrot parece un eslabón más.

Supo así dotar a la orquesta raveliana de su tornasolada variedad de colores, de su riqueza rítmica y su sensualidad tímbrica en uno de los momentos más felices de la noche. Algo más desajustado pareció su acompañamiento al muy virtuoso Piotr Szymyslik, solista de la orquesta, en la bella Rapsodia de Debussy, que sonó más intensa que sutil. Sin embargo, con el sugerente ciclo de canciones Correspondances de Dutilleux, obra escrita en 2003, pero que conserva toda la esencia de la música francesa, la bellísima voz lírica de la soprano danesa Henriette Boden-Hansen se vio arropada con calidez y delicadeza.

Punto y aparte merece Poulenc, que al color y el lirismo característicos de sus compatriotas unió la claridad diatónica de los neoclásicos y un sentido del humor que Soustrot supo remarcar en los tiempos rápidos. El concierto lo abrió una obra más bien insustancial de Philippe Gaubert.

[Publicado en Diario de Sevilla el viernes 14 de mayo de 2010]


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