jueves, 6 de mayo de 2010

Clásicos modernos

Un fotograma de Le ballet mécanique de Dudley Murphy y Fernand Léger
ZAHIR ENSEMBLE

Ciclo de Música Contemporánea. Solistas: Marie-Annick Béliveau, mezzosoprano; Javier Trigos, clarinete. Director: Juan García Rodríguez. Programa: Le marteau sans maître de Pierre Boulez; Inscriptio de José María Sánchez Verdú; Ballet mécanique de George Antheil. Lugar: Teatro Central. Fecha: Miércoles 5 de mayo. Aforo: Casi lleno.

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CLÁSICOS MODERNOS

Jornada histórica en el Teatro Central con la interpretación por primera vez en Sevilla de dos grandes clásicos del siglo XX. Poco importa que hayan pasado 83 años desde la concepción original de El ballet mecánico y 53 desde que Boulez concluyera su ciclo El martillo sin dueño; la sensación en la sala (por una vez en este ciclo casi llena) era de que la modernidad nos alcanzaba.

La sesión tenía el valor añadido de que la obra de George Antheil se ofreciera conjuntamente con la proyección de la película para la que fue originalmente concebida, obra dirigida por Dudley Murphy y Fernand Léger con fotografía de Man Ray. Interpretación musical muy singular, con dos pianos y ocho percusionistas, además de una cinta pregrabada donde se incluían las sirenas y las hélices previstas en el original junto a diferentes secuencias instrumentales. No deja de resultar sorprendente el impacto que llegan a causar aún hoy las imágenes futuristas de Murphy y Léger revestidas por el sentido de ritual mecanicista que sostiene la música de Antheil, verdadero enfant terrible del París de los años 20.

No menos extraordinaria resultó la primera audición sevillana de una de las obras fundamentales de la vanguardia de los 50. Pasado medio siglo, El martillo sin dueño sigue apreciándose como un faro de nuestro tiempo en el que acaso haya envejecido la insistencia en la recreación del gamelán balinés (recurso al vibráfono), pero la levedad y ligereza que transmite el conjunto gracias a la ausencia absoluta de énfasis expresivo, la variedad y refinamiento del trabajo textural y tímbrico y ese puntillismo tan bouleziano siguen provocando la sensación del descubrimiento. Béliveau hizo un impecable trabajo con su voz, estupendamente secundada por un conjunto que desafió con éxito al tiempo y a la rutina. Como broche, Javier Trigos puso Inscriptio de Sánchez Verdú como un gozne espectacular entre las dos partes de un concierto inolvidable.

[Publicado en Diario de Sevilla el jueves 6 de mayo de 2010]

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