sábado, 1 de mayo de 2010

Superficialidad y embeleso

Akiko Suwanai
ROSS

14º Programa de abono de la Temporada 2009-10. Solista: Akiko Suwanai, violín. Director: Pedro Halffter. Programa: Passacaglia y fuga en do menor BWV 582 de J. S. Bach en transcripción de Leopold Stokowski; Concierto para violín nº1 en sol menor Op.26 de Max Bruch; Finlandia Op.26 y Sinfonía nº7 en do mayor Op.105 de Jean Sibelius. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves 29 de abril. Aforo: Media entrada

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ENTRE LO SUPERFICIAL Y EL EMBELESO SONORO

El trabajo de Stokowski sobre Bach es un ejercicio de suntuosidad orquestal que Halffter leyó de modo más bien superficial, sin pasar del nivel de la brillantez sonora, sin penetrar en el sustrato de ese fastuoso colorido, que sostiene una de las más grandes obras organísticas jamás escritas.

El ardor resultó en cambio muy atractivo en el acompañamiento a la japonesa Akiko Suwanai (1972), que puso su espectacular Stradivarius al servicio de un Concierto de Bruch de encendido romanticismo, que la violinista, muy elegante en gestos y musicalidad, supo equilibrar con un sonido más afilado que carnoso y un depurado lirismo en el tiempo lento.

Para la segunda parte, Halftter se dejó principio y fin de la obra orquestal de Sibelius: todo un mundo separa la épica nacionalista de Finlandia de la concentración esencialista de la 7ª Sinfonía. Pero aquí el maestro madrileño se mueve de manera excepcional. En Finlandia calibró de forma extraordinaria intensidades y volúmenes, logrando el tono heroico que exige la pieza, merced a una respuesta de exquisita precisión del conjunto.

Su lectura de la se volcó del lado de cierto hedonismo de corte decadentista. Fue una visión filtrada por el tardorromanticismo alemán, sin esos perfiles agrestes y cortantes, más modernos, que también contiene la obra, pero lo cierto es que Halffter logró un sonido de una belleza por completo extasiadora: el equilibrio entre secciones, el peso exacto de la cuerda, la claridad de las maderas, la forma de empastar los metales, la resonancia cuasi religiosa de los trombones en el final causaron auténtico embeleso.

[Publicado en Diario de Sevilla el viernes 30 de abril de 2010]

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