sábado, 17 de abril de 2010

La sagrada música (8)

Motetes franceses en el volumen 7 de Sacred Music
PETITS ET GRANDS MOTETS BAROQUES

Grand motet
1. Henry Dumont (1610-1684): Memorare
2. Jean-Baptiste Lully (1632-1687): Dies irae
[Solistas.La Chapelle Royale. Director: Philippe Herreweghe]

3. Michel-Richard Delalande (1657-1726): Super flumina Babilonis
4. Marc-Antoine Charpentier (1643-1704): Te Deum H.146
[Les Arts Florissants. Director: William Christie]

Peti motet
5. Jean-Baptiste Lully: Ave Coeli
6. Michel-Richard Delalande: Miserator et misericors
[Les Arts Florissants. Director: William Christie]
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HARMONIA MUNDI HMX 2908310 [CD 7] [79'22'']
Grabaciones: Julio de 1981 (1), Noviembre de 1984 (2), Octubre de 1987 (5), Octubre de 1988 (4), Septiembre de 1990 (3) y Febrero de 1992 (6)


Como maestros de la capilla real de Luis XIV, Henry Dumont y Jean-Baptiste Lully pueden ser considerados los más directos responsables del surgimiento de estas formas esenciales de la música sacra del Barroco francés, el pequeño y el gran motete. El pequeño motete aparece por primera vez en los Cantica Sacra de Dumont (1652) y se caracteriza por ser una pieza breve para un grupo de solistas vocales e instrumentales apoyados en el bajo continuo, a veces con el bajo continuo como único acompañamiento para la voz. La forma estaba pensada en origen para acompañar a la Elevación y solía ofrecerse entre un gran motete y el Domine salvum fac regem que cerraba siempre la misa. El gran motete es en cambio una pieza de amplio desarrollo, en la que alternaban un coro de solistas y un coro grande con el acompañamiento de un conjunto de cuerdas en las cinco partes características de la música francesa de la época y vientos que las doblaban por arriba y por abajo. Con el tiempo, estos grandes motetes se hicieron cada vez más grandes y exuberantes y con Delalande dejaron de escribirse en una sola y gran secuencia para estructurarse en una serie de números cerrados, al estilo de las cantatas de Bach.

De todas estas formas musicales se ofrecen ejemplos en este disco soberbio, en el que Harmonia Mundi lo ha tenido relativamente fácil, pues su catálogo desborda de interpretaciones punteras en el género. Para los pequeños motetes se recurre a sendos trabajos de William Christie y Les Arts Florissants, uno dedicado a Delalande y otro a Lully, mientras que para los grandes, además de Christie, presente con dos de sus trabajos más ensalzados en torno a esta música, el dedicado al celebérrimo Te Deum de Charpentier, cuyo Preludio ha sido ampliamente difundido por Eurovisión desde hace medio siglo, y el consagrado a Delalande, figura también La Chapelle Royale de Philippe Herreweghe, con su estilo un punto más severo, pero igualmente hondo y expresivo, en sendos acercamientos a Dumont y Lully. Grabaciones con más de 20 años a sus espaldas, pero aún en plena vigencia. Los solistas son los más importantes de esta etapa gloriosa en el redescubrimiento del repertorio del Barroco francés: Hervé Lamy, Guillemette Laurens, Henri Ledroit, Peter Kooy, Gérard Lesne, Jean-Paul Fouchécourt, Howard Crook..., y la reconstrucción del estilo era ya muy seria y no ha cambiado gran cosa desde entonces. La general exuberancia y majestuosidad tan relacionadas con el Versalles del Rey Sol, la combinación entre la típica y expresiva declamación francesa y las contaminaciones virtuosísticas de la vocalidad italiana, el contraste entre las grandes explosiones sonoras y la intimidad de los pequeños dúos o los más severos recitados brillan aquí con una pátina que engrandece estas grabaciones ya históricas y clásicas pese a pertenecer todavía a un pasado reciente.


Lully: Dies Irae. [18'44''] La Chapelle Royale. Philippe Herreweghe

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