domingo, 22 de febrero de 2009

Blando romanticismo

Lars Vogt (© Anthony Parmelee)
LARS VOGT

Ciclo de Pianistas. Programa: Sonata Op.1 de Alban Berg; Drei Klavierstücke D946 de Franz Schubert; Sonata en si menor de Franz Liszt. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Sábado 21 de febrero. Aforo: Dos tercios de entrada.

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BLANDO ROMANTICISMO DE UN BUEN PIANISTA

A Lars Vogt (Düren, 1970) se le había escuchado el año pasado en el Ciclo de Música de Cámara de Cajasol tocando un Concierto de Mozart con la Orquesta de Cámara de Baviera. Fue la suya una interpretación tan aséptica, tan aparentemente falta de compromiso, que había interés por oírlo en un contexto diferente, enfrentado en solitario al público del Maestranza y a un programa bastante bien concebido entre los dos polos del Romanticismo.

Del Schubert fundacional al Berg epigonal pasando por uno de los grandes pilares de la música romántica, el húngaro Liszt. Vogt empezó por el final, por esa Sonata Op.1 de Berg que mira claramente hacia atrás y no nos dice todavía demasiado de quien sería uno de los compositores más geniales del pasado siglo. La interpretación de Vogt, muy concentrada, pero sin apenas contraste, con un sonido pequeño, volcado especialmente en las dinámicas por debajo del mezzopiano, nos iba a poner en la pista de su visión del resto del programa, más íntima que arrebatada y desbordante, más forzada en mostrar sutilezas de fraseo que en la oposición de los temperamentos y en la exposición descarnada de las más desatadas pasiones.

Esto último fue apreciado de forma especial en la gran Sonata de Liszt, en la que mostró un mecanismo impecable, sin el cual es imposible ni siquiera plantearse un acercamiento a este monumento de la música, pero con un sonido que no terminó de despegar, por unas dinámicas en general estrechas y una expresividad algo afectada, que se movió entre el preciosismo de los pasajes más líricos y la exageración de algunos silencios, incluido el del final, alargado de manera un tanto artificial y extemporánea.

Hace no mucho, Javier Perianes había ofrecido en el teatro una interpretación soberbia de las Tres piezas D946 de Schubert, unas obras que parece haber hecho suyas, pues también las ha llevado al disco con extraordinario éxito. Nada de la trascendencia sublime que el pianista de Nerva consigue con esta música hubo en la interpretación de Vogt, falta de tensión y de un contraste más intenso. La primera de las tres piezas basa su fuerza, por ejemplo, en el contraste entre un estribillo apasionado y rítmicamente nervioso que se repite tres veces y dos secciones intermedias de cálido lirismo. Vogt la tocó con indudable elegancia y magnífico trazo, pero algo blanda, sin la pujanza ni el contrastado tratamiento de los caracteres que le da todo su sentido y su hondura poética.

[Publicado en Diario de Sevilla el domingo 22 de febrero de 2009]