sábado, 28 de noviembre de 2009

Subvención y difusión

La música sinfónica y la ópera sobreviven en Europa gracias a las subvenciones públicas. El mercado habría hecho desaparecer sin ninguna duda a orquestas y teatros tal y como los conocemos hoy. No es una realidad agradable para los que somos grandes aficionados a este tipo de espectáculos musicales, pero es la realidad. Por eso, agradezco mucho la claridad de Rosa Torres, Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, en la entrevista publicada en ABC de Sevilla el pasado domingo 22 de noviembre. Cansado de la edulcoración buenrollista y paternalista de lo real que el gobierno de España lleva practicando desde hace más de 5 años, que alguien de su mismo partido salga públicamente a decir lo que hay es cosa reseñable, aunque lo que diga no sea en realidad noticia nueva para ningún observador atento e interesado de nuestro entorno. Porque, en cualquier caso, no se trata sólo del aviso de que la cultura de la subvención tiene que terminar (una buena ley de mecenazgo ayudaría, señora Consejera), sino el mensaje que manda a la ROSS, y con ella supongo que al resto de orquestas andaluzas, de que su proyecto podría dejar de ser viable. Ya sé que el comentario está vinculado a las estrecheces presupuestarias de la otra pata institucional de la orquesta (el Ayuntamiento), pero es que hasta ahora jamás se había puesto en duda, nunca se había hecho caer la menor mancha de sombra sobre la viabilidad de futuro de las centurias sinfónicas andaluzas. Que la máxima autoridad cultural de la región lo haga ahora, presupone que en los núcleos del poder ha existido (y existe) debate. Me parece bien. Necesario. Siempre que el debate sea abierto y omnicomprensivo, es decir, que contemple toda la realidad cultural, porque sobre la Fundación Barenboim, la señora Consejera no parece albergar duda alguna: ya puede hundirse la Mezquita de Córdoba, seguiremos pagándola.

El único camino para garantizarle a las músicas que nos gustan un futuro al menos esperanzador es, estoy absolutamente convencido de ello, el de la difusión y la comunicación. Iniciativas como ésta hacen por ejemplo mucho más por la supervivencia de la ópera que los faraónicos edificios repletos de grandes divos del canto o del teatro, que no son sino pan para hoy y hambre para mañana.



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9 comentarios:

Anónimo dijo...

Si asumimos que la música es producto de unas determinadas condiciones históricas y sociales, ¿qué sentido tiene mantener artificialmente un repertorio que, por mucho que lo amemos,queda tan alejado de la actual sensibilidad? Gracias por el enlace a la entrevista. Saludos. Anónima.

Pablo J. Vayón dijo...

Buena pregunta (en realidad, creo que es LA PREGUNTA), para la que no tengo una respuesta clara. Son demasiadas cosas las que habría que considerar, empezando por que quizá no sea cierto que el gran repertorio clásico esté tan alejado de la sensibilidad actual (¿cuántas "actuales sensibilidades" hay, por cierto?). Y, en este sentido, contraataco con otra pregunta: ¿Se han vendido de los Beatles más discos que de Beethoven?

Anónimo dijo...

Un debate muuuy interesante, pero yo lo dirigiría a optimizar recursos y ser más selectivos (ay, lo de Barenboim, y ay lo de tener una sinfónica en cada ciudad), y no a una desaparición de la subvención: ni creo que sea razonable ni que vaya a ocurrir. Hay que preguntarse por la función real que cumple esta música, y tal vez sea la misma que hace 500 años. Por entonces ya estaba subvencionada, claro.

JRLara

Anónimo dijo...

Naturalmente, me refería a la "sensibilidad" mayoritaria, que es la que da dinero y puede mantener una determinada manifestación artística. No sé las cifras de ventas de discos de Beatles, Beethoven o del concierto de Aranjuez, pero para el caso que nos interesa, y perdón por el sacrilegio, se trata del mismo tipo de música, esto es, la quinta o la novena de Beethoven, pueden ser música pop desde una determinada perspectiva. No sé si viene al caso, pero Deryk Cooke dijo en una entrevista en 1968 que cuando todo el mundo se olvidara de los compositores "serios", y estos quedaran tan solo en la memoria de los historiadores de la música, la sociedad aún recordaría a los Beatles. Creo que eso ya está sucediendo. Anónima

Pablo J. Vayón dijo...

No estoy de acuerdo con el comentario de Cooke. Los Beatles se separaron hace menos de 40 años. Dos de sus componentes aún están vivos y en activo. En un siglo, "la sociedad" no se acordará de los Beatles.

ana de la robla dijo...

No deja de chocarme esa gratuita afirmación de "mantener artificialmente" que he leído en el primer comentario. ¿Como que "artificialmente"? ¿Por qué "artificialmente"? Quizá hoy haya "sensibilidades" (tampoco sé muy bien qué es eso) que se sientan muy a gusto escuchando música barroca y no a Bisbal (o que incluso se sientan a gusto escuchando a Bach y a los Beatles). Por lo demás, entre la permanencia social de los Beatles o Beethoven, creo que está claro que antes desaparecería de la memoria histérica el primero que el segundo, y no precisamente porque Beethoven sea pop.

Pablo J. Vayón dijo...

A mí no me parece que sea una afirmación tan gratuita. La entiendo. De hecho creo que es una cuestión crucial a la que estamos lejos de encontrar una solución equilibrada. Los que nos movemos en ambientes cercanos a lo que se llama "alta cultura" (música clásica o jazz, literatura, exposiciones de arte, etc., etc.) tendemos a pensar con demasiada facilidad que nuestro mundo es el mundo (en realidad, creo que toda la gente tiene la tendencia a pensar así), pero lo cierto es que el interés que suscita la música que a muchos de nosotros nos apasiona es por completo minoritario. Hace unos días comentaba con unos colegas el número de aficionados a la música clásica que podía haber en una ciudad como Sevilla, que, con su área metropolitana, da servicio aproximadamente a 1 millón de personas. Nos pusimos de acuerdo en que no pasaríamos de 2000-2500. Esta es la realidad. Y la otra realidad es es que una grandísima parte de los presupuestos de los departamentos de Cultura de las instituciones que se supone dan servicios a todos los ciudadanos está dedicada a nuestra afición preferida. "Artificialmente" quiere decir lo mismo que yo decía en mi comentario: sin esas subvenciones, las orquestas sinfónicas y las temporadas de ópera de nuestras ciudades no existirían (y no estoy exactamente de acuerdo con el comentario de JR de que hace 500 años esta música ya estaba subvencionada: hay muchos matices que se escapan en esa idea un tanto genérica y difusa). Estos son los simples hechos.

Obviamente, esto no es así por capricho. Existe una tradición que no se cambia de hoy para mañana y hay motivos para pensar que el mantenimiento de determinadas manifestaciones culturales otorga unos beneficios que van más allá de los meros datos cuantitativos, y que la "afición preferida" de muchos de nosotros es algo más que eso: una forma de relación y de conocimiento que ancla a nuestra civilización a sus principios básicos, esos que nos han hecho ser como somos y garantizan nuestras forma de vida y nuestro entendimiento de la convivencia. Además el referirnos exclusivamente a los aficionados llamémosles "fuertes" a la música clásica (esos 2000-2500 de Sevilla) es adoptar una perspectiva demasiado reduccionista. Hay otra mucha gente que está encantada de que la inviten un día a una ópera o a un concierto, muchísima gente que está poco informada o poco estimulada para acercarse a la música, pero que podría entrar en ella con absoluta facilidad, y de ahí mi énfasis permanente en que queda mucho por hacer en el terreno de la comunicación y de la difusión. Finalmente, en el conflicto entre los Beatles y Beethoven, lo tengo clarísimo: cuando nadie se acuerde de John Lennon (algo que no tardará tanto en ocurrir: pregunte a cualquier joven entre 15 y 25 años por los Beatles), la 9ª de Beethoven seguirá sonando cotidianamente alrededor del mundo.

Anónimo dijo...

Pues claro que no era ninguna afirmación gratuita, sra. de la Robla, sé de lo que hablo. Gracias,Pablo. Y en cuanto a Beethoven, señor Vayón, pregúntele usted a cualquier joven entre 15 y 25 años si sabe de qué autor es el consabido soniquete de la 9ª.Anónima.

Pablo J. Vayón dijo...

La diferencia, querida Anónima, es que el nombre de Beethoven y el gusto por su música se ha ido transmitiendo de generación en generación desde hace 200 años (aunque sólo sea entre determinadas elites y dentro del mundo académico; habría mucho que hablar de eso, pero bueno); sin embargo, cortada la transmisión "popular" de la música de los Beatles (y eso que no es buen momento para hablar de esto, reciente aún la reedición supuestamente mejorada de todo su catálogo), de ellos no quedará nada, salvo alguna referencia a su trascendencia (más sociológica que musical) en los libros de texto del futuro.