La Tempesta Coro de la congregación [para el BWV 437; entonación: Michał Janczak] Director: Jakub Burzyński
Julita Miroslawska, soprano Jakub Burzyński, contratenor Mariusz Cyciura, tenor Artur Janda, bajo-barítono
Rafael Gabriel Przybyla y Magdalena Karolak, oboes Anna Śliwa y Juliusz Żurawski, violines Malgorzata Feldgebel, viola Tomasz Frycz, violonchelo Grzegor Zimak, contrabajo Barbara Świderska, órgano Miroslaw Feldgebel, clave
Johann Sebastian Bach (1685-1750):
KYRIE & GLORIA 1. Missa brevis en sol menor BWV 235
CONCERTO 2. Ich habe genug BWV 82 [versión de alto]
CREDO 3. Wir glauben alle an einen Gott BWV 437
SANCTUS & AGNUS DEI 4. Sanctus en sol mayor BWV 240 5. Agnus dei de la Misa en si menor BWV 232
COMMUNIO 6. "Bekenne will ich seinen Namen" de la cantata BWV 200 7. Mit Fried und Freud BWV 382 ---------- ARTS Authentic 47749-8 SACD (Diverdi) [58'17''] Grabación: Julio de 2007
Programa bachiano diseñado para el día de la Purificación como pudo celebrarse en Leipzig en torno a 1740. Incluye la Misa breve BWV 235, la cantata Ich habe genug (versión de alto), un par de corales, el Sanctus BWV 240, el Agnus de la Misa en si menor y un aria de la cantata BWV 200. El contratenor polaco Jakub Burzyński, que ha seleccionado el repertorio para su voz, y su conjunto La Tempesta ofrecen interpretaciones minimalistas un tanto irregulares: hay intensidad y vigor, pero falta refinamiento instrumental y un punto de hondura.
Georg Friedrich Haendel (1685-1750): ODE FOR ST.CECILIA'S DAY HWV 76 Julia Gooding, soprano Jeremy Ovenden, tenor Francesco Cera, órgano Coro de la Radio Suiza I Barocchisti Director: Diego Fasolis
1. Ode for St. Cecili'as Day HWV 76 2. Concierto para órgano nº13 en fa mayor HWV 295 3. Zadok the priest HWV 258 ---------- ARTS 47739-8 SACD (Diverdi) [61'35''] Grabaciones: Marzo de 2005 (Oda), Junio de 2005 (Zadok), Abril de 2008
Diego Fasolis ofrece una interpretación de la Oda a Santa Cecilia de Haendel muy equilibrada entre sus números más exuberantes y brillantes, que tan bien convienen a su estilo siempre punzante y brioso, y los más tiernos y expresivos. La soprano Julia Gooding y el tenor Jeremy Ovenden cumplen con nota, pero el principal peso recae sobre el excelente Coro de la Radio Suiza y los magníficos I Barocchisti. El famoso himno Zadok the priest y un Concierto de órgano con Francesco Cera de solista complementan la muy atractiva oferta.
Johann Sebastian Bach: CEMBALO CONCERTOS BWV 1052 - BWV 1053 - BWV 1056 - BWV 1054 Francesco Cera, clave I Barocchisti Director: Diego Fasolis
Duilio Galfetti, Marco Bianchi*, Svetlana Fomina*, Luca Giardini*, Monika Toth*, Daniela Beltraminelli#, Denise Gruber#, Carlo Lazzaroni#, Danilo Ortelli#, Fabio Ravasi#, Andrea Rognoni# y Alberto Stevanin#, violines Giovanni De Rosa* y Stefano Marcocchi#, violas Marco Testori, violonchelo Vanni Moretto (en BWV 1053, 1054, 1056) y Gianni Sabbioni (en BWV 1052), violones
[* BWV 1052, 1054 y 1056 # BWV 1053]
1. Concierto para clave en re menor BWV 1052 2. Concierto para clave en mi mayor BWV 1053 3. Concierto para clave en fa menor BWV 1056 4. Concierto para clave en re mayor BWV 1054 ---------- ARTS 47729-8 SACD (Diverdi) [68'15''] Grabación: Julio de 2005 y Enero de 2008 (BWV 1053)
Diego Fasolis muestra su conocida vehemencia en unas rumbosas versiones de cuatro Conciertos bachianos (BWV 1052, 1053, 1054, 1056). I Barocchisti se presenta en formación reducida (cinco violines, que son ocho en el BWV 1053, viola, cello, violone) y el clavecinista Francesco Cera responde con intensidad y manos rápidas al desafío, combinando exuberancia y pasión con un lirismo que se hace delicadísimo en el Largo de BWV 1056.
Bach: Concierto para clave BWV 1056. [9'43''] Francesco Cera. I Barocchisti. Diego Fasolis.
P. S. No es que I Barocchisti no sea un conjunto que no toque con precisión y refinamiento en el fraseo, pero obviamente Fasolis no es un director tan preocupado por la estilización del sonido como Dantone: le importa más la fuerza expresiva, el vigor... Opción diferente, pero también de alto valor.
La conmemoración en los últimos 15 años del 350 aniversario de su nacimiento (1994) y del tercer centenario de su muerte (2004) han revitalizado la presencia del compositor bohemio Heinrich Ignaz Franz von Biber (Wartenberg, cerca de Praga, 1644 - Salzburgo, 1704) en los programas de conciertos y de los sellos discográficos. Reconocido en su época como uno de los mayores talentos violinísticos de Europa ("sus solos son los más difíciles y llenos de gracia que puedan encontrarse en cualquier música que yo haya visto del mismo período", escribía a finales del siglo XVIII el historiador británico Charles Burney) su figura se apagó durante casi dos centurias para resurgir con fuerza al calor del historicismo en las décadas finales del siglo XX.
Biber se había instalado en Salzburgo en 1670, al servicio del príncipe-arzobispo Maximilien Gandolph von Khuenburg, cuando la ciudad contaba ya con una catedral de dimensiones colosales, en la que solían desarrollarse brillantes ceremoniales acompañados por una música exuberante y monumental, que aprovechaba la disposición arquitectónica para el empleo de espectaculares efectos antifonales, tan del gusto barroco. Aunque en un principio la gran música ritual estaba fuera de su alcance, Biber tuvo la suerte de que al arzobispo le gustase la música de cámara. Así que el compositor escribía colecciones de música violinística que indefectiblemente dedicaba a su superior. Son hasta cuatro entre 1676 y 1684, entre ellas las Sonatas del Rosario, nunca editadas en vida del músico, aunque seguramente escritas hacia 1676, y el Fidicinium Sacro Profanum, que vio la luz en Núremberg en el año 1683.
En 1679, Biber había sido nombrado ya maestro de capilla, lo que le permitiría combinar desde entonces el exquisito refinamiento de la música camerística con la majestuosidad de las grandes piezas policorales religiosas. El juego dialéctico entre lo sagrado y lo profano iba a dar para mucho a los compositores austriacos de la época, como muestra el título de la colección de 1683 y algunos otros, tanto de Biber como de su maestro Schmelzer. Música de espíritu indudablemente camerístico, es posible que Biber pretendiese que las doce sonatas del Fidicinium (seis escritas a cinco voces y otras seis a cuatro, las segundas con especial protagonismo del primer violín) pudieran presentarse igualmente en el ámbito eclesiástico. Convertido en el más popular del músico, el ciclo de las Sonatas del Rosario (quince sonatas para violín y continuo más un Pasagalia final para violín solo), recurría al procedimiento de la scordatura (variación de la afinación convencional del violín) con el objeto de adaptar el color y la sonoridad de cada pieza a las implicaciones retóricas de cada misterio del Rosario con los que las Sonatas se relacionaban.
Si la fonografía está llena de estupendas versiones de las Sonatas del Rosario, a las que ahora se une esta de Riccardo Minasi y el conjunto Bizzarrie Armoniche, que juega con los contrastes extremos y la exuberancia ornamental, del Fidicinium Sacro Profanum sólo recuerdo una grabación completa anterior, el antiguo y admirable acercamiento del Clemencic Consort, con un jovencísimo Hiro Kurosaki de primer violín, así que este registro de David Plantier al frente de Les plaisirs du Parnasse puede considerarse una estupenda noticia para los amantes de la música vitalista y sorprendente, a la vez apasionada y refinada, de Biber, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de interpretaciones soberbias, explotadas al límite sus posibilidades sonoras y expresivas.
Heinrich Ignaz Franz von Biber (1644-1704): ROSENKRANZ SONATEN Riccardo Minasi, violín Bizzarrie Armoniche
Elena Russo, violonchelo Rodney Prada, viola da gamba y lirone Margret Köll, arpa Gabriele Palomba, tiorba David Yacus, trombón Davide Pozzi, clave y órgano Matteo Riboldi, órgano Ludovico Minasi, bassetto
CD 1:
1. Sonata I en re menor La Anunciación (sol - re -la - mi, afinación normal del violín) 2. Sonata II en la mayor La Visitación (scordatura: la - mi - la - mi) 3. Sonata III en si menor La Navidad (scordatura: si - fa sostenido - si - re) 4. Sonata IV en re menor La Presentación en el templo (scordatura: la - re - la - re) 5. Sonata V en la mayor El niño perdido y hallado en el templo (scordatura: la - mi - la - do sostenido) 6. Sonata VI en do menor La agonía en el huerto (scordatura: la bemol - mi bemol - sol -re) 7. Sonata VII en fa mayor La Flagelación (scordatura: do - fa - la - do) 8. Sonata VIII en si bemol mayor La Coronación de espinas (scordatura: re - fa - si bemol - re) 9. Sonata IX en la menor Jesús con la cruz a cuestas camino del Calvario (scordatura: do - mi - la - mi) 10. Sonata X en sol menor La Crucifixión (scordatura: sol - re - la -re)
CD 2:
1. Sonata XI en sol mayor La Resurrección (scordatura: sol - re - sol - re) 2. Sonata XII en do mayor La Ascensión (scordatura: do - mi - sol - do) 3. Sonata XIII en re menor La venida del Espíritu Santo (scordatura: la - mi - do sostenido - mi) 4. Sonata XIV en re mayor La Asunción de la Virgen (scordatura: la - mi - la - re) 5. Sonata XV en do mayor La Coronación de la Virgen (scordatura: sol - do - sol - re) 6. Passagalia en sol menor (sol - re - la - mi) ---------- 2 SACD ARTS 47735-8 (Diverdi) [72'22'' - 51'44''] Grabación: Septiembre de 2005 y Enero de 2006
Biber: Sonata X La Crucifixión de las Sonatas del Rosario. [9'03''] Riccardo Minasi. Bizzarrie Armoniche
Heinrich Ignaz Franz von Biber (1644-1704): FIDICINIUM SACRO PROFANUM Les plaisirs du Parnasse Director: David Plantier
David Plantier y Eva Bohri, violines Peter Barczi y Patricia Gagnon, violas Maya Amrein, violonchelo Michele Zeoli, violone Andrea Marchiol, órgano Shizuko Noiri, archilaúd
1. Sonata nº1 en si menor 2. Sonata nº2 en fa mayor 3. Sonata nº3 en re menor 4. Sonata nº4 en sol menor 5. Sonata nº5 en do mayor 6. Sonata nº6 en la menor 7. Sonata nº7 en re mayor 8. Sonata nº8 en si bemol mayor 9. Sonata nº9 en sol mayor 10. Sonata nº10 en mi mayor 11. Sonata nº11 en do menor 12. Sonata nº12 en la mayor ---------- ZIG ZAG TERRITOIRES ZZT080701 (Harmonia Mundi) [71'49''] Grabación: Septiembre de 2007
Biber: Sonata nº4 del Fidicinium Sacro Profanum. [7'11''] Les plaisirs du Parnasse. David Plantier.
Pocos compositores de la popularidad de Antonio Vivaldi (Venecia, 1678 – Viena, 1741) han conocido en el último medio siglo una transformación tan radical de su imagen ante los oídos de los aficionados. Desde que en 1913 Marc Pincherle lo redescubriera con su tesis doctoral para el mundo académico, la presencia del prette rosso ha ido creciendo en la sociedad occidental hasta convertirse en recurso habitual de publicistas y cineastas, prueba irrefutable de que su fama supera con creces los círculos restringidos de melómanos interesados.
Cierto que la popularidad de Vivaldi se asienta en unas pocas obras, básicamente en los cuatro conciertos que abren su Op.8, conocidos como Las cuatro estaciones, y, en menor medida, en alguna otra pieza instrumental y en determinados fragmentos vocales, sobre todo de sus motetes y salmos. Hasta bien entrados los años 70, fue de hecho la música instrumental de Vivaldi la única que parecía tener la consideración de los intérpretes (y no de todo el mundo de la música, si se tiene en cuenta la célebre boutade que unas fuentes atribuyen a Stravinski y otras a Dallapiccola: "Vivaldi no compuso 600 conciertos, sino seiscientas veces el mismo concierto"). Fue entonces cuando empezó a introducirse en los repertorios de recitales y grabaciones la música religiosa del compositor, que sólo muy recientemente ha empezado a ser apreciado también por su obra dramática.
Las cuatro estaciones no son otra cosa, se ha dicho ya, que los cuatro primeros conciertos para violín, cuerdas y continuo de Il cimento dell’armonia e dell’inventione, colección que integraban doce conciertos publicados en Amsterdam en 1725 como Op.8. Cada obra tiene la típica estructura en tres tiempos (dos rápidos en los extremos que se contrastan con un lento central de carácter lírico y expresivo) y se ajusta a las características del concerto ritornello, tipología instrumental que el compositor difundió con notable éxito, merced a una producción extensísima, que, pese a la estructura casi siempre idéntica a sí misma y a despecho de la sentencia stravinskiana, resulta de una variedad y una riqueza de colores y matices extraordinarias. La denominación de concerti ritornelli les viene a estas obras por la alternancia que se da en cada movimiento entre pasajes escritos para el solista y un estribillo (ritornello) que repite el ripieno (esto es, la orquesta). Estos motivos alternan cuatro o cinco veces en los movimientos de apertura y alguna menos en los de cierre, mientras que los tiempos centrales suelen tener un desarrollo más lineal y conceder un papel especial al solista, que se adorna con abundantes florituras. Armónicamente, las modulaciones dentro de cada movimiento también siguen habitualmente un esquema más o menos prefijado.
Las cuatro estaciones hacen su aparición en la discografía en 1942 con una grabación de Bernardo Molinari y la Academia de Santa Cecilia de Roma, auténtico incunable vivaldiano, que hasta hace poco podía encontrarse en el sello Ermitage. Nada más terminada la Segunda Guerra Mundial, el interés por Vivaldi se dispara, y en 1947 el prolífico Louis Kaufman graba Las cuatro estaciones junto a un conjunto llamado Concert Hall Chamber Orchestra (hoy, en Naxos). Hasta que en los años 70 hagan su irrupción en la música del compositor los intérpretes con instrumentos antiguos, la música instrumental de Vivaldi es patrimonio tanto de los conjuntos sinfónicos más tradicionales (las Estaciones fueron arregladas por Stokowski en 1967 para su espectacular serie Phase 4, pero también hay registros de John Corigiliano con Bernstein y la Filarmónica de Nueva York en 1963 o con el mismo solista y Guido Cantelli al frente de la NBC Symphony en 1955, por no citar al inefable Karajan, cuyo registro con Michel Schwalbé de 1972 para DG es uno de los más claros ejemplos de por qué fue necesaria la revolución historicista) y toda una serie de conjuntos de cámara, entre los que las agrupaciones italianas lideraron una forma de entender al compositor que abolió las más aberrantes prácticas románticas, en las que ni tempo ni ritmo ni fraseo ni ornamentación ni equilibrio tímbrico tenían nada que ver con la música original del compositor. Fueron conjuntos como Virtuosi di Roma, que con Luigi Ferro de solista y Renato Fasano de director, grabaron la serie en 1959 para EMI, o como I Solisti Veneti, que con Piero Toso y Claudio Scimone la registraron para Erato en 1971, y sobre todo, I Musici, que (siempre para Philips) grabó la obra seis veces, dos con Félix Ayo (1955, 1959) y desde entonces una cada vez que cambiaba de concertino (Roberto Michelucci, 1969; Pina Carmirelli, 1982; Federico Agostini, 1988; Mariana Sirbu, 1995).
Los años 70 marcan la entrada de los instrumentos auténticos, que habrían de cambiar por completo nuestra visión de esta música. Instrumentistas modernos siguieron grabando por supuesto Las cuatro estaciones, poco a poco adaptando sus criterios interpretativos a los nuevos hallazgos históricos. Si en 1984 todavía era posible que Karajan perpetrara una segunda versión de la obra de Vivaldi junto a una joven e inocente Anne Sophie Mutter (EMI), la inteligente violinista alemana dio carpetazo a su pasado en 1999 con una versión por completo diferente junto a los Trondheim Soloists (DG) en que se liberaba de la visión anacrónicamente hiperromantizada del director salzburgués. Nigel Kennedy en dos ocasiones (1989, 2005, EMI, la segunda en formato DVD), Thomas Zehetmair con la Camerata Bern (1995, Berlin Classics), Kyung Wha Chung y el St. Luke’s Chamber Ensemble (2000, EMI) o muy recientemente Janine Jansen and his friends (2005, Decca) son ejemplos de acercamientos con instrumental moderno pero una concepción cercana a los criterios de interpretación barroca tal y como se iban desarrollando en esos años. En cualquier caso, mis seis versiones escogidas salen del grupo de las que protagonizaron conjuntos historicistas entre 1977 y 1999, aunque citaré otras.
En 1974, Jaap Schröder grabó ya las Estaciones con Concerto Amsterdam para Harmonia Mundi, en una interpretación muy irregular, por lo que, en realidad, el primer aldabonazo lo iba a dar, como tantas otras veces, Nikolaus Harnoncourt, con su esposa Alice como solista, en un registro de 1977 para Teldec, que tuvo su correspondiente respuesta de la orquesta rival, el Collegium Aureum, cuya interpretación de la obra, con Franzjosef Maier como solista y director, es por completo olvidable. No así la de los Harnoncourt, que sorprendieron tanto por su radicalismo en materia de articulación, ataques y contrastes dinámicos como por la elección de los tempi, en especial en los movimientos lentos, sobre todo el Largo del Invierno, que les dura exactamente 1’08’’. El director berlinés defendió sus criterios con argumentos históricos, aunque este tipo de interpretación aplicada a los movimientos lentos de los conciertos barrocos fue muy matizada desde entonces. La versión adolece además de algunas carencias técnicas, típicas de una época en la que el historicismo estaba en plena fase de asentamiento, pero se mantiene como faro incuestionable de aquellos años.
Vivaldi: El Invierno. [8'11''] Alice Harnoncourt. Concentus musicus Wien. Nikolaus Harnoncourt. Teldec
La antorcha historicista vivaldiana iba a ser recogida enseguida por los intérpretes británicos, con la siempre interesante aportación de un Sigiswald Kuijken de sonido más bien ácido (1979, Seon). En 1978, John Holloway grabó la obra junto a Jean Claude Malgoire (CBS) en una versión algo rígida pero de intenso lirismo, tradicionalmente poco reconocido, pero es en los 80 cuando los grupos ingleses parecen adueñarse del legado de Harnoncourt para suavizarlo y alisarlo. Aparecen así las versiones de Simon Standage con Trevor Pinnock (Archiv) o de cuatro solistas diferentes (Hirons, Holloway, Bury, Mackintosh) con Christopher Hogwood (L’Oiseau-Lyre), ambas en 1982, en las que Vivaldi resultaba tan limpio, tan pulido, tan redondo, tan contenido, tan recatado, tan monocromo que uno puede pensar que está oyendo a I Musici tocar con cuerdas de tripa.
Sin duda, más vitalista y expresiva resulta la interpretación de Monica Huggett junto a los Raglan Baroque Players de Nicholas Kraemer para Virgin entre 1988 y 1989. El conjunto es aún amplio (nueve violines, tres violas, tres cellos) y Kraemer parte de planteamientos parecidos a los de Pinnock en lo que hace al cuidado del fraseo, la redondez del sonido y la progresividad en los contrastes, pero el violín de Huggett es luminoso y en los pasajes más virtuosísticos lanza auténticas llamaradas (Presto del Verano). A despecho de un Otoño algo más alicaído, resultan destacables los ornamentos de la solista en los pasajes lentos, que provocan una flexibilidad rítmica que apunta hacia el mundo de la improvisación, y algunos detalles del bajo continuo, en especial el sonido del laúd, hasta ese momento muy poco empleado en esta música.
Vivaldi: El Verano. [9'49''] Monica Huggett. Raglan Baroque Players. Nicholas Kraemer. Virgin
La gran revolución en la interpretación de la música instrumental de Vivaldi estaba sin embargo por llegar y la iban a protagonizar en la década de los 90 un grupo de conjuntos italianos que irrumpieron con fuerza inusitada y con ideas bien diferentes a las del resto de formaciones barrocas del continente. El fuego (nunca mejor dicho) lo abre Fabio Biondi en 1991, con una grabación para Opus 111 que marcó claras distancias con lo que se venía haciendo hasta el momento, no tanto en la concepción virtuosística de los conciertos (en esencia, sigue siendo un solista que se exhibe –y de qué forma– ante una orquesta), sino en la búsqueda de efectos de color y tímbricos que potencian el sentido descriptivo de las obras, en los contrastes, que se fuerzan casi al límite, tanto en dinámicas (el crescendo del principio del Invierno era algo nunca oído en Vivaldi) como en tempi, aunque no deja de llamar la atención la combinación de frases aún amplias (Europa Galante se recrea en las fermatas de cada movimiento) con otras cortantes y agresivas.
Vivaldi: El Invierno. [8'59''] Fabio Biondi. Europa Galante. Opus 111
Más radical incluso parece la visión de los Sonatori de la Gioiosa Marca (1993, Divox), con Giuliano Carmignola de solista: voz por parte, discurso articulado hasta el último detalle, staccato casi permanente y un énfasis en los detalles descriptivos que Enrico Onofri con Il Giardino Armonico (1993, Teldec) llevaría al límite: el canto de los pájaros, los ladridos del perro, el zumbido de las moscas, los truenos de la tormenta, la huida de la presa durante la caza, las gotas de la lluvia en el invierno... se ofrecen con un nivel de detalle y de claridad extraordinario. Rompiendo algunas convenciones, el conjunto milanés pone el diapasón en 440 (el de la música romántica, frente al 415 que se había establecido como paradigmático del Barroco) y logra arropar al solista con un cuidado por el equilibrio y una delicadeza en el encaje de todas las voces (incluido un continuo del que destaca otra vez el sonido del laúd) que terminan por volcar su visión más del lado del camerismo que del concierto; y el matiz me parece importante, porque a menudo se destaca de Il Giardino su extremosidad en el tratamiento de ataques y contrastes y no su exquisitez y su delicadeza, que no viene ya marcada por la contención absoluta y el rigor rítmico de los músicos británicos, sino por un sentido mucho más exuberante, flexible y expresivo de la música, colocando los aspectos tímbricos y de color al nivel de otros parámetros, para lo cual se esfuerzan por extraer todo el potencial sonoro de sus instrumentos, pero haciendo todo ello con una complicidad entre las partes y un cuidado por el equilibro sonoro soberbios.
Vivaldi: El Otoño. [12'23''] Enrico Onofri. Il Giardino Armonico. Teldec
La principal línea interpretativa de los conciertos vivaldianos quedó marcada con estos registros de los primeros 90. Andrew Manze con Ton Koopman (1996, Erato) hizo un mayor énfasis en el lirismo del sonido y Gottfried von der Goltz, junto a los Barrocos de Friburgo y The Harp Consort en el continuo (1997, DHM), se esforzó por buscar líneas algo más sinuosas dentro de una visión ricamente ornamentada, sobre todo en unos muy imaginativos tiempos lentos, de colores netos y contrastes contundentes. La segunda versión de Giuliano Carmignola, esta vez con la Venice Baroque Orchestra de Andrea Marcon (1999, Sony), es absolutamente vibrante, claro que los planos del solista y del conjunto están aquí perfectamente delimitados, casi marcados con escuadra y cartabón, y que Carmignola parece buscar lo bonito por encima de lo expresivo, pero el vigor, la fuerza y el sentido más exuberante, sensual y hasta lujurioso de la música de Vivaldi está atrapado como en pocas versiones.
Vivaldi: El Verano. [9'37''] Giuliano Carmignola. Venice Baroque Orchestra. Andrea Marcon. Sony
También en 1999 Stefano Montanari, con Ottavio Dantone al frente de la Accademia Bizantina, dejó en Arts una interpretación de gran personalidad, que sigue la estela abierta por Il Giardino Armonico en la atención descarnada a los efectos descriptivos, a la vez que apuesta por una eficaz combinación entre ataques agresivos y contrastes extremos para los tiempos rápidos, que resultan de un vigor y una brillantez difícilmente igualables, pese a que en ocasiones se roce el efectismo, y un trascendido lirismo en los lentos, todo ello encajado en una rítmica de gran flexibilidad.
Vivaldi: La Primavera. [9'39''] Stefano Montanari. Accademia Bizantina. Ottavio Dantone. Arts
Aunque en los últimos años, los intérpretes han empezado a optar por interpretaciones más contenidas en contrastes y más relajadas en articulaciones y fraseo, acaso tocadas con más naturalidad, sin forzar el color ni los efectos descriptivos, todavía en 2000 Biondi ofrecía su segunda grabación con Europa Galante (Virgin), con un contingente de cuerda mayor, pero aún más rápida y más febrilmente acentuada que la primera. En 2003, Rinaldo Alessandrini (Naïve) usaba a cuatro solistas diferentes para una versión más cercana a esos nuevos postulados que se han descrito, más grácil y curvilínea que contundente y afilada. En 2006, Sigiswald Kuijken (Accent) repetía la idea de los cuatro solistas en una interpretación de carácter minimalista que añadía la curiosidad de la inclusión de un violoncello da spalla en el continuo... y poco más.
[Publicado en la revista Scherzode septiembre de 2008 (nº233)]
P. S. Encuesta: ¿Qué Vivaldi prefiere? Puede votar al margen.
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plácido, de mecedora familiar y siesta de abuelos, hasta que suelta en el
muelle a...
2 de octubre (y fin)
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No se olvida.
Pero es el pasado.
Desde que comencé este blog, hoy un tanto abandonado por los esfuerzos que
he dedicado a mi canal en YouTube (cambio que ...
Charla en la UCM
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Esta breve entrada es solo para demostraros que no solo estoy vivo, sino
vivito y coleando, aunque no escriba (por ahora). Ayer y hoy he dado un par
de c...
Infanticidas condicionales y el «efecto Bruce»
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Seguramente usted ha contemplado miles de asesinatos en la pantalla (basta
ver un ratito la tele), sin embargo, es improbable que en esa misma
pantalla hay...
Ginebra
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De camino hacia el cementerio donde está enterrado Borges se pasa junto a
un parque a cuya entrada hay media docena de grandes tableros de ajedrez,
blancos...
El hombre sobre mi conciencia
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Hace más de veinte años que vive dentro de “La insoportable levedad del
ser”. Se me olvida que está allí hasta que saco el libro de la estantería,
y se abr...
Un récord escondido
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Más de 2 millones de kilometros cuadrados superior a la extensión normal
del hielo que rodea la Antártida en estas fechas. Récord de anomalía
positiva desd...
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*Seis son, según el profesor de Harvard (Niall Ferguson), las razones que
instauraron aquel predominio (el de la cultura occidental): la competencia
que ...
Nos mudamos de dirección
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Nos mudamos a wordpress. Estos últimos días el blog ha estado bastante
parado. Se debe en parte a que nos vamos a una nueva dirección en la red. A
partir d...
Circus again
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¿Recuerdan Soldado, sastre, calderero, espía? Algo escribí sobre su
adaptación televisiva aquí. Pues este año se estrena la versión
cinematográfica que pin...
Congelado, que no muerto
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Siguiendo mi habitual tendencia ciclotímica, ando ahora concentrado en mi
yo viajero. He remozado el viejo Paseante Invisible y le estoy dedicando
las aten...
Ya no hay hombres
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Leo en el Babelia que me pillo el artículo sobre el libro de la semana, no
es una novela sino un libro de ensayo, de antropología filosófica además,
una ob...
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