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sábado, 22 de mayo de 2010

El virtuoso sereno

Michal Nesterowicz
ROSS

17º Programa de abono de la Temporada 2009-10. Solista:
Ludmil Angelov, piano. Director: Michal Nesterowicz. Programa: Gerok de Isabel Urrutia; Concierto para piano y orquesta nº1 en mi menor Op.11 de Frédéric Chopin; Sinfonía nº1 en do mayor Op.21 de Ludwig van Beethoven. Lugar: Teatro de la Maestranza. Fecha: Jueves 20 de mayo. Aforo: Dos tercios.

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EL VIRTUOSO SERENO Y UN POLACO DEL CONO SUR

Como complemento al ciclo chopiniano que viene ofreciendo en la Sala Manuel García del Maestranza, el pianista búlgaro afincado en España Ludmil Angelov ofreció con la ROSS el primer concierto del gran maestro polaco, y lo hizo aplicando el mismo estilo sereno, claro, elegante, apoyado en el legato y en un uso comedido pero muy expresivo del rubato que viene mostrando en la sala pequeña del coliseo del Paseo Colón. Virtuosismo distinguido, sin alardes ni fuegos artificiales, sin contrastes extremos de dinámicas ni colores exuberantes, aplicándose en la nitidez de la línea y en la precisión rítmica y con un tratamiento más bien sobrio de la ornamentación.

El polaco Michal Nesterowicz (1974), un ganador del prestigioso Concurso de Cadaqués, que es actualmente director artístico de la Sinfónica de Chile, acompañó desde ese mismo comedimiento, con una mirada muy clásica, que en el Larghetto central pudo parecer incluso fría. Antes había ofrecido una lectura un tanto adusta de Gerok de la vizcaína Isabel Urrutia (Algorta, 1967), obra que en su tratamiento por grupos orquestales (por momentos, me hizo pensar en una especie de concerto grosso) parecía ofrecer unas posibilidades de penetración y variedad tímbrica que se quedaron en promesa, sin que haya podido dilucidar si se trató de un efecto de la obra, de la interpretación o de mi oído.

Por edad, Nesterowicz ha crecido sin duda con la referencia de los modernos criterios interpretativos aplicados al Clasicismo, y eso se notó en un Beethoven claro y brioso, de tempi rápidos, vibrato muy reducido, fraseo corto y apreciable equilibrio, y ello a pesar del empleo de un contingente de cuerdas (10/8/8/6/4) que es aún algo mayor del que los conjuntos más audaces aplican ya en la interpretación de esta 1ª sinfonía, que bebe de las claras y refinadas fuentes haydnianas y mozartianas.


[Publicado en Diario de Sevilla el viernes 21 de mayo de 2010]


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sábado, 9 de enero de 2010

Ortodoxia chopiniana

Ludmil Angelov
LUDMIL ANGELOV

Ciclo Chopin. Concierto I. Ludmil Angelov, piano. Programa: Mazurca Op.17 nº4; Rondó Op.1; Rondó a la Mazur op.5; Nocturnos Op.9; Mazurcas Op. 6 y Op.7; Nocturnos Op.15 nos 1 y 2; Gran vals brillante Op.18; Scherzo Op.20; Rondó Op.16; Estudios Op.10 de Chopin. Lugar: Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza. Fecha: Viernes 8 de enero. Aforo: Lleno.

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ORTODOXIA CHOPINIANA EN EL SEGUNDO CENTENARIO

Después de que hace un mes el huracán Pogorelich espantara a los puristas con su Chopin por completo heterodoxo (casi antichopiniano), en el Maestranza comenzó el ciclo programado en conmemoración del segundo centenario del nacimiento del genial compositor polaco (Zelazowa Wola, 1810 - París, 1849) que desarrollará en seis sesiones el búlgaro Ludmil Angelov, un pianista excelente que se mueve en las antípodas interpretativas del yugoslavo.

Los seis conciertos incluirán las obras para piano solo publicadas en vida del compositor, lo que deja fuera algunas mazurcas, valses, polonesas, escocesas, un soberbio nocturno y la extraordinaria Fantasía-Impromptu. La organización de todo este material por orden cronológico de publicación [escritura] hizo que en la primera sesión, ofrecida ayer, se escucharan piezas escritas entre 1824 y 1832, esto es, entre los 14 y los 22 años del músico, lo que supone ya algunas obras maestras absolutas como los 12 Estudios Op.10.

En un programa denso y agotador (la primera parte pasó de los 70’), Angelov demostró tener un concepto claro de la tradición chopiniana, que siguió basándose en la elegancia del legato, el uso comedido pero muy expresivo del rubato (más generoso en el Vals), la claridad articulatoria, cierta sobriedad en la ornamentación, aunque no se ahorró detalles personales, especialmente en las codas, unos contrastes de dinámicas más bien chatos y un virtuosismo de la mejor ley, que sacó a relucir de forma deslumbrante en unos Rondós que le quedaron un tanto mecánicos y en los Estudios de la Op.10, que tocó con tempi de extrema rapidez, lo que no fue obstáculo para conseguir un juego de tensiones y relajaciones soberbio. Las mazurcas sonaron estilizadas y distinguidas y los nocturnos, ensoñadores pero sin asomo de cursilería. El ciclo continúa el 27 de este mismo mes.

[Publicado en Diario de Sevilla el sábado 9 de enero de 2010]


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