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domingo, 18 de octubre de 2009

El arte de las esencias

Juan Carlos Rivera en la Iglesia de los Terceros el 17 de octubre de 2009 (© Teresa Sánchez Marcos)
JUAN CARLOS RIVERA

Barroco sin Fronteras. Juan Carlos Rivera, guitarra barroca. Programa: Obras de Negri, Caroso, Guerau, Murzia y Sanz. Lugar: Iglesia de los Terceros. Fecha: Sábado 17 de octubre. Aforo: Media entrada.

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EL ARTE DE LAS ESENCIAS

En el último trimestre del año, en lugar de en mayo como en ocasiones anteriores, pero finalmente se inauguró el ciclo de música de cámara de la Orquesta Barroca de Sevilla, y lo hizo con un verdadero acontecimiento, pues escuchar a Juan Carlos Rivera en solitario lo es siempre, pero sobre todo ahora, cuando el músico sevillano se prodiga tan poco. Rivera es responsable principalísimo de que Sevilla sea hoy uno de los centros neurálgicos de la música antigua en España, y por eso su presencia en la apertura de un programa que organiza la principal institución dedicada a la música del período en la ciudad es un acto de justicia y una reparación a tantos años en que ambos (el guitarrista y la orquesta) parecen haber vivido espalda con espalda.

La chisposa y bulliciosa guitarra barroca sirvió esta vez como vehículo comunicativo para el arte reposado, maduro, inteligente y sensible de Rivera, que mostró cómo el instrumento se hizo noble a partir de su origen callejero, lo que recogieron a la perfección los guitarristas españoles con una música en la que sobre una base melódica y rítmica muchas veces popular se impone un sentido de las proporciones, una polifonía y una ciencia compositiva puramente cultas.

Pese a la poca actividad del último año y medio, lo que acaso ocasionó algunos roces poco habituales en la pulsación, Rivera deslumbró una vez más con su musicalidad y su sentido de la matización, esa forma de hacer grandes los gestos más pequeños, de dar relevancia estética a los detalles más minúsculos. En sus manos, las Marionas de Guerau fueron un prodigio de nobleza y hondura y los Passacalles de Murzia una auténtica fiesta, por la continua variedad rítmica y la gracia del color, que dominó igualmente en sus piezas de origen americano. La elegante administración de los ornamentos (delicadísima en las obritas italianas), la claridad de la polifonía en Guerau y el perfecto equilibrio entre rasgueado y punteado en Sanz y Murcia fueron aspectos igualmente destacables en una actuación de esencias finamente esparcidas.

[Publicado en Diario de Sevilla el domingo 18 de octubre de 2009]

domingo, 12 de julio de 2009

La riqueza está en el interior

Juan Carlos Rivera
ARMONIOSI CONCERTI

Noches en los Jardines del Real Alcázar. Componentes: Consuelo Navas, laúd soprano; Rosa Díaz, arpa doble; Juan Miguel Nieto, laúd tenor; Juan Carlos Rivera, tiorba. Director: Juan Carlos Rivera. Programa: Le Secret des Muses (un paseo por la danza instrumental de principios del siglo XVII): obras de Praetorius, Ballard, Schein, Vallet y Zanetti. Lugar: Jardines del Alcázar. Fecha: Viernes 10 de julio. Aforo: Lleno.

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LA RIQUEZA ESTÁ EN EL INTERIOR

Hace ahora justo un año que un desgraciado accidente en este mismo escenario ocasionó a Juan Carlos Rivera unas lesiones que lo han mantenido apartado del normal desenvolvimiento de su carrera artística durante más de 10 meses. La vuelta al lugar del crimen resultó por ello emotiva, pero además fue original y muy lucida. El grupo se presentaba en una formación inédita, pues al trío habitual se sumó la joven arpista sevillana Rosa Díaz Cotán, miembro de la Orquesta Joven de Andalucía, que parece haberse iniciado en el mundo de los instrumentos de época, una estupenda noticia para los conjuntos de la región, pues siendo el arpa uno de los instrumentos más usados en la España de los siglos XVI y XVII, su presencia entre nosotros es hoy apenas testimonial.

Armoniosi Concerti preparó un programa en torno a las colecciones de danzas de ese período crucial de transición entre Renacimiento y Barroco y lo presentó como si de un recital polifónico se tratara, con cuatro voces ordenadas por tesituras, del laúd soprano de Consuelo Navas a la tiorba del director. Llamaron la atención los cuartetos, escritos originalmente para cuatro laúdes por Nicolas Vallet, que los incluyó en su colección El Secreto de las Musas. A su lado, obras de otro laudista como Robert Ballard, mientras que las famosas colecciones de Praetorius (Terpsichore) y Schein (Banchetto Musicale) suelen ofrecerse en interpretaciones de gran exuberancia tímbrica, con empleo de vientos, percusiones y cuerdas frotadas, lo que contrastó vivamente con la visión esencialista que ofreció el grupo de Rivera.

La amplificación perjudica irremediablemente una interpretación de estas características, que se apoya en los matices más pequeños de colores y dinámicas, pese a lo cual el concierto se fue en un vuelo. Con la exquisitez y el refinamiento en el fraseo y la sutileza en la ornamentación que es norma de todos los trabajos de Rivera, las piezas se sucedieron con fluida y serena gracilidad, como una invitación a penetrar la aparente sobriedad de la superficie: la riqueza de los matices iluminaba con finura poética el interior.

[Publicado en Diario de Sevilla el domingo 12 de julio de 2009]