Como en aquella gloriosa fábula de Les Luthiers, cuando al juglar Ludovico le cortan la escala por la que soñaba con acceder al huerto de su amada Leonora, los acontecimientos se precipitan en torno al futuro sinfónico de Sevilla. Después de una semana en que se ha dedicado a dejar el alma libre de adherencias y a ajustar escrupulosamente el punto de mira de su máuser de mili vieja, el amigo Rodríguez apunta ahora con estupefaciente precisión a la rubia cabellera de la señora delegada, quien, siempre sonriente y de buen rollo, confirmaba días atrás que el Ayuntamiento no tiene dinero para mariconadas orquestales al atardecer (aunque no parece faltarle para la financiación de la propaganda en formato TDT). Al olor de la sangre, y en espera de la reunión del Patronato que rige los destinos del Maestranza, han acudido ahora las siempre tan modositas asociaciones de amigos (cría cuervos, Maribel), por lo que la semana navideña se presenta divertida. Sólo falta que le ponga música Johann Sebastian Mastropiero.
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